O la Suficiencia Gala, que es como, en realidad, debería titularse este artículo, y que me perdonen los franceses no soberbios, que también los hay. Bernard Cassen (en la foto), Director General de Le monde Diplomatique, uno de los ideólogos del llamado movimiento antiglobalización y fundador y presidente de la asociación Attac (Acción par la Tasación de Transacciones y Ayuda al Ciudadano), dijo hace unas semanas, en una entrevista a Tele Sur, y si memoria no me engaña, que a la gente en Europa no le importaba que cerraran un canal privado de televisión en Venezuela. Seguidamente argumentó por qué y, con tono condescendiente, dijo que el hecho no revestía mayor importancia. Fue ahí dónde pasé de televidente pasiva a esta especie de animal herido en el que me sigo convirtiendo cada vez que recuerdo no sólo sus palabras, sino las inflexiones de su voz, el gesto altanero de su boca.
Lo primero que atiné a pensar —si es que la indignación permite que uno piense— fue que, como ya es costumbre en estos tiempos, las palabras tienen una especie de efecto boomerang: no más proferidas parecen volverse contra quien las emite. Y esto fue a raíz de recordar que no hace mucho había leído una entrevista en La Vanguardia Digital (17/03/2002) en la cual el señor Cassen citaba a Mao para afirmar que “sin información, no hay derecho a la palabra”. La cita del líder de la Revolución China regresaba, pues, directo a la boca del señor Cassen: ¿cómo se permitía minimizar un hecho que para los venezolanos tiene tanta importancia? ¿Con qué derecho se permitía tasar lo que ese cierre (perdón, la no renovación de la concesión) significa para este país? ¿Acaso el señor Cassen en sus foros internacionales, en sus giras de estrella de la antiglobalización, anda por los barrios de Latinoamérica preguntándole a la gente lo que siente? Porque de eso se trata, de lo que la gente siente, de lo que el pueblo siente. Y si no se sabe, pero se teoriza, si se ignora y no se convive cuerpo a cuerpo con el sentir de un pueblo, ¿no estaríamos en derecho de refutar sus palabras y aplicarle la máxima de Mao? Sin información no hay derecho a la palabra, y desinformación es ignorar que a este pueblo le duele la no renovación de la concesión de RCTV. Por las razones que sean y sin que eso convierta a los venezolanos en seguidores del señor Marcel Granier que, dicho sea de paso, pertenece a otra dimensión de este país.
No recuerdo quién dijo, en memorable poema, “Amanecí de lunes”. Los lunes, ya de por sí lentos, pesados, tienen últimamente un karma para muchos venezolanos: amanecen anunciando luto. Y luto y llanto era lo que se veía la madrugada del 28 de junio, y furor después en las calles, y rabia. Así, pues, señor Cassens, échese una vueltecita por los barrios, baje de sus foros internacionales a los vericuetos de esta Venezuela y comprenderá por qué hay que tenerle miedo a las palabras, por lo menos a aquellas que pueden sufrir de efecto boomerang. Aquí se llora, y cualquiera que sostenga lo contrario está desinformado. No importa que, como usted dijo, ése sea (haya sido) un canal al servicio del imperialismo, porque hoy, como hace ocho años y diez y todos los que quiera atrás, sigue habiendo gente que está tan cansada, tan desesperanzada, tan agobiada, tan sin futuro, tan sin ilusión que lo único que tiene (que tenía) es el consuelo de llorar sus propios males a través de los dramones de las telenovelas. ¿Quién podrá decir, señor Cassen, cuántos golpes, cuántos vejaciones, cuántas peleas nacerán mañana cuando la neurosis colectiva no tenga el escape de la fantasía, del ingenuo creer que algún día todos podremos ser felices y comer perdices como los personajes de las telenovelas? Nadie lo sabe, usted tampoco.
A pesar de su decir despectivo, de su ignorancia respecto al sentir de este pueblo, sepa quela noche del 27 de junio mucha, muchísima gente, se acostó llorando y se levantó llorando, porque aquí se amaneció de lunes, pues. O si prefiere las palabras de alguien más allá de toda sospecha ideológica, he aquí las de Oliverio Girondo, que ilustran muy bien aquella noche y este ¿nuevo amanecer?: “Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros… Abrir las canillas, las compuertas del llanto… Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo por la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca… Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!”
0 responses so far ↓
There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.
Deja un comentario