No sólo de revolución vive el hombre. En ocasiones el presidente Hugo Chávez encuentra tiempo en su agenda para mantenerse atento a la actualidad de la pantalla grande, en las noches, la madrugada o en un momento de raro sosiego en la residencia presidencial. El interés cinematográfico se refleja en la costumbre de rememorar filmes que marcaron su infancia y adolescencia, en salidas del sábado por la noche con alguna amiga o novia. Desde Juan Sin Miedo (1960) hasta la figura justiciera de Charles Bronson en Vengador Anónimo (Death Wish, 1974), o el drama de rebeldía juvenil Las Fresas de la Amargura (The Strawberry Statement, 1970) pasando por las cintas del actor-director estadounidense Clint Eastwood, son muchas las películas citadas a lo largo de su mandato en discursos y alocuciones. No son menos los filmes recientes que atraen su atención, desde Gladiador (Gladiator, 2000) al Código Da Vinci (The Da Vinci Code, 2006).
Pocas, por no decir ninguna, son las referencias a un cine actual de corte socialista, menos aún a los añejos clásicos dirigidos por Sergei Einsenstein donde el héroe hollywoodense desaparece en favor del verdadero protagonista: el proletariado. Fuera de EEUU y México, ninguna filmografía de otras latitudes: ni la cubana Memorias del Subdesarrollo (196
ni la argelina-italiana La Batalla de Argel (1966). Tampoco hay alusiones marcadas al cine social: ni Los Olvidados (1950), ni Ciudad de Dios (City of Good, 2002), aunque a veces se dejan colar reflexiones sobre dramas humanos e ideología política.
Los vengadores
La visión de académicos de izquierda que acusan al cine de EE. UU de servir de vehículo a ideologías “imperialistas”, apunta su artillería hacía los héroes más conspicuos: Batman, Supermán, Tarzán. El mismo Chávez ha encendido las alarmas sobre el riesgo de ideologización detrás de estos protectores extranjeros.
Sin embargo, durante su juventud, los ideales de justicia del actual mandatario parecían encarnarse en figuras de la pantalla estadounidense como Bronson o Eastwood, protagonistas de historias de vengadores y salvadores. Coincidencialmente, son temas que se repiten en otras cintas acotadas por el Presidente como Juan Sin Miedo o Gladiador.
Sobre este punto, el crítico de cine Rodolfo Izaguirre advierte que el jefe de Estado parece privilegiar algunas películas donde emerge el hombre “duro, fuerte y violento”. “Esas películas no tienen nada que ver con el socialismo, ni del siglo pasado ni del que viene. Es cine elemental de Hollywood. También está la idea de la venganza. En algún momento alguien asoció al Presidente con Edmundo Dantes, El Conde de Montecristo, que está preso y luego sale a vengarse. Ese es el tema”.
Y esa es la paradoja: a pesar del gusto hollywoodense del mandatario, Izaguirre no cree que el nuevo cine venezolano -en su totalidad- pueda escapar al infllujo socialista que impulsa el propio Presidente.
Cine y revolución
El cineasta Román Chalbaud admite que estas cintas mencionadas por el Presidente no son socialistas, aunque aclara que nunca se ha sentado con el mandatario para hablar sobre alguna lista en particular.
Si de ideologías se trata, el socialismo tampoco lo abarca todo en materia de cine venezolano, según Chalbaud, quien asegura que las películas que hoy se están filmando en la Villa del Cine abarcan diversos temas. Las que ha escogido el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac) para financiar incluyen “por supuesto películas socialistas, pero hay de todos los géneros y tipos”.
“Algunos harán películas históricas, otros sociales, como yo. Pero también habrá musicales o películas románticas. En el cine como en el teatro no se puede limitar una cinematografía a un sólo género. Y no se está haciendo eso”, señaló. Aclara que como nunca, la revolución ha obtenido logros a favor del cine nacional.
Del Crepúsculo al amanecer
Aunque no se sepa, la trama de este film ( From dusk till dawn, 1995) dirigido por Robert Rodríguez y protagonizado por Harvey Keitel, Quentin Tarantino y George Clooney, terminó por ser referencia para las historia política de Anzoátegui, donde el término “vampiro” quedó acuñado como sinónimo de disidentes del chavismo.
El 11 de julio de 2003, durante el Consejo Patriótico del Movimiento Quinta República (MVR) realizado en el Poliedro de Caracas, previo a la elección de la Dirección Estratégica Nacional, Chávez pidió a los boinas rojas a estar atentos ante la presencia de “vampiros” dentro de la tolda, haciendo alusión a dirigentes que terminaban “chupando”, no sangre, sino beneficios del partido.
Para ilustrar su advertencia, el mandatario relató parte de la trama de un filme que había visto años atrás y en el que un predicador protestante -quien ha perdido la fe- es mordido por vampiros. Con el paso de las horas el hombre se transformaría en un muerto viviente para incluso intentar matar a sus hijos.
En la analogía presidencial, algunos dirigentes de la para entonces ala militarista -alusión velada a Luis Alfonso Dávila y Ramón Rodríguez Chacín- habrían terminado por “comprar ganado y fincas” para convertirse en “vampiros”, por lo que debían ser confrontados.
Eastwood y Bush
En las oportunidades en que el jefe de Estado ha manifestado su abierto gusto por películas de Clint Eastwood, no ha detallado la particular preferencia por la serie de Harry, el Sucio (Dirty Harry, desde 1971) -el conocido policía para quien las leyes terminan siendo un obstáculo al momento de aplicar la justicia. Recién hizo mención a Río Místico (Mystic River, 2003) -dirigida por Eastwood- luego de la visita del actor Sean Penn, oscarizado por este trabajo. Sin embargo, en una oportunidad, durante una alocución en Miraflores dijo haber recibido como presente la colección de filmes del director y actor estadounidense. En ese momento hizo referencia a El Jinete Pálido (Pale Rider, 1985), con Eastwood frente y detrás de las cámaras, elogiándola como una buena cinta. En ella, una comunidad de buscadores de oro del oeste se ve amenazada por un propietario de minas que aspira a explotar exclusivamente toda una cuenca.
Un pistolero, un justiciero “caído del cielo” a caballo, llega para unirse a los mineros y acabar con un grupo de matones y las ansias territoriales del villano. El film retoma la figura del héroe mesiánico, protector de los desvalidos, a través de una vigorosa revisión de Raíces Profundas (Shane, 1953) y de los spaghettis western de Sergio Leone -algunos con Eastwood en cartel.
En septiembre de 2006, en una entrevista para la revista Time, el periodista Tim Padgett advirtió a Chávez que poseía un punto de coincidencia con el presidente de EEUU, George W. Bush: ambos disfrutaban los filmes de Eastwood. “Me gustan más las películas de Danny Glover”, se apresuró a responder el mandatario.
Gladiador
Una de las preferidas del jefe de Estado. En una entrevista concedida a la agencia internacional The Associated Press en junio de 2007, Chávez admitió haberla visto tres veces. Gladiador (Gladiator, 2002), dirigida por Ridley Scott, es de nuevo, una historia de injusticia, muerte y venganza. En el año 180 D.C. el emperador Marco Aurelio desecha la idea de escoger a su hijo, Cómodo (Joaquin Phoenix), como su sucesor, y propone entregar el mando al general Máximo Decimus Meridius (Russell Crowe) para que sea éste quien instaure de nuevo la República en Roma. Cómodo se entera, mata a su padre, e intenta hacer lo propio con Máximo, quien logra escapar, no así su esposa e hijo, que mueren. Convertido en esclavo Máximo se hace amigo de Juba (Djimon Honsou) con quien sostiene conversaciones acerca de la posibilidad de reencontrar a su familia en el más allá. Cómodo se corona emperador y organiza peleas en la arena. Máximo, ahora gladiador, termina por hacer notar sus cualidades de general y consigue que su equipo de esclavos gane utilizando tácticas militares. Cómodo descubre que Máximo es el luchador más aclamado por la multitud romana. Luego de una serie de confrontaciones, Cómodo desafía a Máximo a una pelea a muerte. En el momento climático de la venganza, el primero resulta muerto y Máximo agonizante da la orden de liberar a los gladiadores y abre la puerta a la democracia.
Vengador anónimo
Las películas de Charles Bronson eran también favoritas del ahora mandatario en la década de los 70. Con su amiga Coromoto Linares Pinzón -estudiante de Farmacia de la UCV, fallecida en 1976 junto al Orfeón Universitario en el accidente aéreo de Las Azores- iba a los teatros para disfrutar de producciones como Alguien detrás de la puerta (Some behind the door, 1971) cinta italo-francesa con Bronson en el cartel de reparto. Pero el Vengador Anónimo era el plato fuerte.
En la primera película de la serie (Death Wish, 1974), Bronson interpretaba a un arquitecto de Nueva York -que había servido en la guerra de Corea- quien decide vengar el asesinato de su esposa y la violación de su hija matando a cuanto antisocial se le atravesaba por el camino. La acción de “profilaxis” social provocaba el respaldo de los ciudadanos. La moda de los héroes duros que decidían tomarse la ley por su manos, ante la inutilidad del sistema de justicia, tuvo aquí su punto alto. Siguieron cuatro secuelas de 1982 a 1994. “Charles Bronson, tremendo actor de aquella serie de… ¿cómo se llama?, María Cristina, tu veías también esas películas ¿verdad?”, retó Chávez en septiembre de 2005, en una alocución en Miraflores, a María Cristina Iglesias. “Todas la vi”, respondió la para entonces titular del Trabajo. Un cambio de gusto cinematográfico había operado en la ministra, quien en 2004 regaló al mandatario la película “Amelie” (2001), una comedia romántica francesa de Jean Pierre Jeunet, de estética dulcificada y nada violenta.
Comandante
El pasado viernes 03 de agosto, en un acto en Pueblo Encima, Táchira, el presidente Chávez aprovechó para saludar la presencia en el país del actor estadounidense Sean Penn, pero también del español José Ibañez, quien trabajó como productor ejecutivo del documental Comandante (2003), dirigido por el también polémico Oliver Stone. El mandatario hizo mención a este filme: se trata de una larga entrevista al presidente de Cuba, Fidel Castro, quien relata desde episodios neurálgicos de la historia política del siglo pasado hasta anécdotas personales.
En un momento de la cinta -de mirada amable hacia el patriarca caribeño- el director de Pelotón hace preguntas a Castro sobre el cine, quien admitió haber visto Gladiador y Titanic (1997) “en casete” (VHS).
La historia del trasatlántico le pareció “interesante como espectáculo”. Castro se manifestó admirador de Sofía Loren y de Brigitte Bardot en su juventud. En cuanto a actores apuntó a Charlie Chaplin, Mario Moreno Cantinflas, pero también al francés Gérard Depardieu a quien conoció personalmente y recordaba por su actuación en Vatel (2000).
En 2004 Stone regresó a La Habana para filmar “Looking for Fidel (2004), una cinta mucho más tensa, donde se abordaba el tema de la captura de 75 cubanos -y el fusilamiento de tres- por participar en el secuestro de aviones y barcos al intentar emigrar a EE UU.
Juan sin miedo
Esta cinta mexicana de 1960, protagonizada por Luis Aguilar y Ofelia Montesco, fue proyectada en el Cine Bolívar de Sabaneta de Barinas, donde el por esa época profesor Hugo de los Reyes Chávez acostumbraba a llevar a sus hijos. En la película, Juan Macías, el sin miedo, llega a una fiesta donde su amada Magdalena es coronada reina de la población de San Miguel. Juan anuncia que volverá un año después a pedir la mano de la dama. Cumple la promesa pero el padre de Magdalena le prohibe que baile con su hija. Juan decide raptar a la mujer, para posteriormente contraer matrimonio. Sin embargo, el coronel Roberto Trejo le tiende una emboscada: dispara y golpea a Juan quien pierde su brazo derecho. El héroe, que da por muerta a su esposa, comienza a entrenarse para su venganza, aprendiendo a disparar con la mano zurda. Juan regresa a San Miguel, en medio de una tormenta para vencer al coronel Roberto en un duelo a tiros. Posteriormente se reúne con Magdalena y su hijo.
El primer mandatario también recordaba en mayo de 2006 la cinta Rutilo el Forastero (1962) protagonizada por Manuel Capetillo y Silvia Fournier. Es la historia de un enmascarado que termina por quedarse con la hacienda que había sido robada a su padre y con la dama protagonista.
Diamante de Sangre
“Anoche vi una película muy buena sobre el África, Los diamantes sangrientos ¿La han visto?”. El pasado 28 de enero, en el programa Aló, Presidente 264, transmitido desde Cojedes, el jefe de Estado aprovechó un buen espacio de tiempo para relatar -con final incluido- la trama de esta cinta (Blood Diamond, 2006).
La historia tiene como marco la terrible guerra civil en Sierra Leona y el tráfico ilegal de piedras preciosas. Un nativo pescador (Djimon Hounsou) es separado de su familia. Luego de trabajar como esclavo para el cruento Frente Revolucionario Unido (FRU), el hombre esconde un diamante y posteriormente hace un trato con un contrabandista (Leonardo Di Caprio): la entrega de la piedra a cambio de ayuda para encontrar a su hijo.
El drama entre el padre y el niño -que termina siendo entrenado para la guerra- deja para el presidente Chávez una moraleja, que sin embargo podría tener otras interpretaciones: “los valores humanos se destruyen en el capitalismo”.
La Fiesta Inolvidable
Cuando Hugo Chávez parte de Barinas a Caracas para ingresar en 1971 en la Academia Militar, consigue alojamiento en una residencia familiar ubicada en la avenida Rooselvet. Eran tiempos de salir con potenciales novias los sábados por la noche y llevarlas a los teatros de la zona de la Gran Colombia y Prado de María.
Los cines Arauca y el Olimpo (esta última, la sala preferida por el ahora mandatario) eran puntos de encuentro. Una comedia particular aún es recordada de aquella época: La Fiesta Inolvidable (The Party, 196
protagonizada por Peter Sellers y dirigida por Blake Edwards, que narra las peripecias de un calamitoso extra de cine, de nacionalidad india que es invitado por accidente a una parranda hollywoodense. Este predecesor de lo que actualmente sería Mr. Bean, provoca accidentes y situaciones que culminan en una delirante escena de un baño masivo en una piscina con toneladas de jabón y un elefante incluido.
También por esa época el joven Chávez pagó su entrada para ver el film italiano Cuando las mujeres tenían cola (Quando le donne avevano la coda, 1970), una cinta de inferior calidad que gira en torno a un grupo de cavernícolas que terminan perseguidos por una tribu de 150 mujeres ansiosas por tener contacto sexual. Según relató el mandatario en octubre de 2005, la cinta le hizo “doler el abdomen” de tanto reirse.
* Tomado de la edición del 12-08-07 del diario El Tiempo de Anzoategui.
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