Dueño de una amplia y prestigiosa filmografía, el realizador argentino Alejandro Doria regresa tras muchos años con un film que recrea el caso real de Mario Pantaleo, sacerdote italiano que ejerció en Argentina y que adquirió notabilidad por el don de curar con las manos. El film ganó el premio español Goya como película extranjera y varios premios Sur del país austral, Las manos es la expresión de un cineasta coherente que busca expresar los valores de la solidaridad y el bien común.
Autor de obras memorables como Darse cuenta (1984) Esperando la carroza (1985) y Cien veces no debo (1990), Doria eligió un tema no sólo polémico por sus implicaciones de fe sino por sus mirada crítica a las instituciones religiosas y sociales. El padre Pantaleo se parece al médico que interpretó Luis Brandoni en Darse cuenta. Ambos son hombres solitarios, abandonados por sus instituciones y sus familias, que enfrentan el dolor ajeno con la entrega personal. Hombres con una misión que asumen con vocación y trabajo.
Las manos no pretende biografiar al sacerdote sino observar su obra que muchos recuerdan como milagrosa. Un asmático que fumaba como si fuese a pasar de moda, Pantaleo enfrentó un conflicto con la Iglesia por su capacidad de sanar con la imposición de manos. El film comienza en los años sesenta cuando Perla —protagonizada por una entrañable Graciela Borges— supera una enfermedad grave gracias al padre Mario —interpretado por Jorge Marrale — y abandona a su marido e hijos para acompañar y estimular al cura en sus luchas por construir una parroquia y por conseguir la incardinación, ante la intolerancia de la jerarquía eclesiástica y del Estado.
Con una detallista puesta en escena —aunque demasiado tradicional para mi gusto— Doria reconstruye ese proceso de lucha personal, que tiene mucho de social. Muestra a un hombre que da misa a la intemperie, en el helado amanecer, rodeado de pobres. El film logra generar un vínculo emocional del espectador hacia la perseverancia del sacerdote y su lucha por los marginados, para luego descubrir que el propio padre Mario fue un niño abandonado.
No obstante, la película tiene un tono demasiado melodramático, intenso, conmovedor, que le hace perder efectividad, porque abusa de la retórica y de una música de Jusid que procura realzar sensaciones de manera excesivamente convencional. El enfrentamiento entre el sacerdote y aquellos que lo persiguen caen en cierta grandilocuencia maniquea. Los diálogos pierden frescura y se tornan previsibles. El guión se resiente. Las interpretaciones, en cambio, tienen puntos altos. Con sus virtudes y defectos, el filme refleja la honestidad del director y los actores.
LAS MANOS. Argentina e Italia, 2006. Dirección: Alejandro Doria. Guión: Alejandro Doria y Juan Bautista Stagnaro. Fotografía: Guillermo Behnisch. Montaje: Marcela Sáerg. Música: Federico Jusid. Dirección de arte: Margarita Jusid. Elenco: Jorge Marrale, Graciela Borges, Duilio Marzio, Belén Blanco, Carlos Portaluppi y otros. Distribución: Cinematográfica Blancica.
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