Una de las más gratas sorpresas que nos depararon los últimos días de diciembre, casi al borde del 2008, fue el hallazgo de Bastet, un nuevo restaurante de Las Mercedes que explora los caminos de la culinaria tailandesa desde una perspectiva contemporánea. No es propiamente una cocina de fusión pero sí innovadora. En cuanto subimos las escaleras que conducen al comedor descubrimos que era el mismo local que hace tres décadas albergó Le Groupe, el magnífico restaurante francés del mítico Pierre Blanchard, que completaba con el Patrick y Le Gazebo el llamado Triángulo de las Bermudas, pues quien caía allí se perdía en los placeres del buen comer. Menudo antecedente histórico que la cocina de Bastet supo sortear esa noche con buen tino.
Hasta donde sé, Bastet es el nombre de una antigua deidad egipcia que encarna el placer y la armonía. Ignoro qué relación puede haber entre las cocinas de Egipto y Tailandia, pero el resultado de la cena del 29 de diciembre fue muy satisfactorio. Al frente de los fogones se halla Catherine Lemoine, nombre francés para una venezolana de apenas 27 años que acaba de regresar de Argentina, donde se entrenó en las técnicas gastronómicas del país asiático. Bastet disfruta de una ambientación obviamente oriental con detalles de buen gusto en la iluminación, los espacios, la mantelería, las copas y la cubertería. Esa noche el restaurante tenía apenas tres semanas desde su inauguración y se notó el entusiasmo de sus camareros para atender a los comensales. Fuimos tres los que compartimos un buen rato que se inició con un par de martinis y un bloody mary, que fueron seguidos por un delicioso Ceviche Thai para compartir, donde el ajonjolí y el jengibre hicieron coro a los dados de pescado blanco. De una vez pedimos un malbec reserva de la casa argentina Nieto Senetiner que llegó, debo confesarlo, a la temperatura adecuada. La carta de vinos es amplia, variada y se encuentra organizada por nacionalidades. Los precios de cada etiqueta comienzan desde 95 bolívares fuertes y ascienden según la calidad de los caldos.
La carta se inicia con una selección de ceviches, seguida por una de tiraditos, en íntima relación con la cocina peruana, tan en boga últimamente. Luego aparecen las sopas y las ensaladas, de clara inspiración del Oriente extremo, que abren paso a un conjunto de currys que prometen una experiencia significativa. Esa noche no los pedimos pero volveremos para saborearlos. Finalmente surge una sección denominada Platos de Autor, donde Lemoine se aleja de lo tradicional para ofrecer innovaciones en carnes, aves y pescados, con una mezcla de cocina francesa y asiática. Pedimos el salmón Hanoi vietnamita con salsa de parchita, que estuvo sencillamente regio, el centro de lomito pleno de fragancias y rodeado con calabacines y fideos y el magret de pato con salsa de mandarina hecho a punto y acompañado de arroz salvaje. El malbec reserva de Nieto Senetiner estuvo bastante bien y demostró una buena relación entre calidad y precio. Era el vino menos costoso de la carta.
La oferta de postres se limitaba esa noche a dos. Lemoine, también chef pâtisser, nos indicó que a partir de este mes de enero tendrán una selección de sabores dulces mucho más amplia. Los cafés concluyeron la experiencia. ¿La cuenta? Unos 420 bolívares fuertes con el IVA incluido para tres personas. No es económico —ya nada lo es— pero tampoco el más caro de Caracas. Es más bien muy razonable por su calidad en cocina y servicio.
Bastet está ubicado en la calle Copérnico de Las Mercedes, frente al Tolón Fashion Mall. Pueden reservar por los teléfonos 992.0678 y 991.3023,
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