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Más que una novela es una confesión larga y heterogénea desparramada en distintas situaciones que tienen en común no sólo la voz de su narrador —Carlos Flores— sino la ausencia de felicidad, satisfacción, disfrute o como se llame eso que produce bienestar en el cuerpo y en el alma. Sobre todo porque personaje y autor se confunden de manera expresa, adrede, confesa, como si no hubiese un mañana para volver a novelar, a teclear un relato, a recrear una experiencia personal. Eso es Unisex, de Flores, sexto título de la exitosa colección Llámalo amor, si quieres que Leonardo Padrón coordina para el sello Aguilar del Grupo Editorial Santillana. “Un verdadero puñetazo en la palabra amor”, como lo define el propio Padrón.
Cuando uno termina de leer la frase “nadie está enamorado de nadie”, página 143, cree entender que hay una nueva generación perdida —real, ficticia, literaria, personal— que tras el ropaje de la aventura sexual y de la crónica nocturna de Caracas se revela en un profundo sentimiento de soledad íntima e intransferible —los amigos del autor son sólo piezas narrativas o elementos comparativos de conductas parecidas pero distintas, así como las amantes o las amigas de la historia son también referentes femeninos más que personajes en sí mismos— que a su vez expresa cierta condición de hastío existencial, cuya dimensión se pasea por los bares del Centro San Ignacio o por el antiguo Belle Epoque o por un “todo incluido” de Margarita. Es la tedium vitae que se impone más allá del vodka, la cocaina o los coitos furtivos.
Autor de la deslenguada Territorio caníbal y admirador de ciertos autores amargos de la literatura norteamericana de hoy, el periodista y editor Flores parece proponer un ejercicio de autocomprensión bajo la conducción de su psicoterapeuta. Y digo “parece proponer” porque a lo largo del texto el lector nunca está seguro de nada, sólo percibe ciertas nociones sobre el amor y sus demonios, como diría el Gabo. Puede suceder —¿por qué no?— que a Flores le importe una pamplina frita lo que opinemos quienes nos hemos paseado por sus historias que rozan la crónica social de la sexualidad caraqueña. Una de las pocas cosas ciertas y definidas de la novela se encuentra en el estilo narrativo del autor, construido de forma coherente, ágil y dueño de un tono coloquial venezolano, urbano, contemporáneo y desenfadado que muchos envidiarían.
Descolgados de la incertidumbre, los relatos de Unisex son como una cobija hecha de retazos de otras cobijas también heridas por el desamor. Desde la amiga que descubre el placer en otra mujer o la chica que chatea y anuncia que tiene pareja estable o el amigo casado que se niega a crecer o la muchacha del hotel en pleno remordimiento postcoital, todos, más allá de la coraza cotidiana, tienen su dosis de desamor. Flores, el narrador, la tiene también —obvio— pero la asume de una manera “políticamente incorrecta” para dejar en claro que no todo lo real es verdadero.
UNISEX, de Carlos Flores. Colección Llámalo amor, si quieres, coordinada por Leonardo Padrón y editada por Aguilar, sello de Editorial Santillana, Caracas, 2008. 143 páginas.
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