Ideas de Babel

Cine EL PEQUEÑO GORRIÓN

Abril 25, 2008 · 1 comentario

la-vida-en-rosa-1.jpgEn la plenitud de su fama, en 1959, Edith Piaf se presenta en Nueva York. El público la aguarda, la orquesta está lista, las luces marcan su lugar. Pero la más célebre cantante francesa no puede cantar. Su salud la traiciona. Es el comienzo de un largo fin que acabará con su vida cuatro años después. Así comienza Edith Piaf, la vida en rosa, la película de Olivier Dahan que se ha convirtido en la estrella del actual Festival de Cine Francés y que ganó en la pasada entrega del Oscar el reconocimiento al mejor maquillaje y a la mejor actriz, Marion Cotillard. Pocas veces un Oscar ha sido tan merecido como en este caso. Ella es la película, en pocas palabras, en la medida en que se apropia de su personaje, lo trabaja y lo expresa como si fuese su propia vida.

Historia trágica como pocas, la vida del “gorrión de París” fue un compendio de pasión y dolor, llevado a un extremo casi increíble. Ya había inspirado a Claude Lelouch cuando realizó en 1983 Edith et Marcel, drama romántico sobre el amor apasionado entre la celebérrima chansonnière y el campeón de boxeo Marcel Cerdan, dos glorias de Francia. Pero esta vez, Dahan va más allá. Yo no diría que se trata de una biografía sino más bien de la “imagen” que reconstruye el director sobre uno de los más grandes iconos de la cultura francesa. Es una visión personal narrada con un montaje multitemporal que comienza en Nueva York y de inmediato se remonta a las callejuelas de París donde nació en 1915 “bajo una farola”, según cuenta la leyenda, en una peculiar familia conformada por un contorsionista y una cantante —ambos fracasados, ambos perdedores— que la dejaron al cuidado de su abuela, regente de un burdel. La narración va y viene como si sus escenas fuesen recuerdos desordenados que el espectador debe ir organizando como un rompecabezas.

No existe una evolución del personaje como tal, sino la articulación de los momentos más importantes de su vida, organizados en tres grandes bloques dramáticos, sin orden cronológico: primero, la infancia desdichada y enfermiza; segundo, la plenitud de su éxito y el hallazgo del amor; y tercero, la derrota del amor y de la salud. La niña que fue criada por las prostitutas y luego confinada a hacer las “calderilla” para las contorsiones de su padre en las calles de la ciudad, es la misma que a los nueve años, y a petición de los transeúntes, entona “allez enfants de la patrie” pues La Marsellesa es la única canción que se sabe. Es la misma chica que es descubierta por Louis Leplée, dueño de un cabaret —vinculado con organizaciones criminales— que la lanza a la fama y al reconocimiento y la bautiza artísticamente como la môme piaf, es decir, la niña gorrión. Es la misma muchacha que envejece de forma prematura, tras conocer la muerte de Cerdan, y se entrega a la morfina, el alcohol y otras drogas. Siempre es la mujer que atraviesa la escena francesa de manera imborrable, con una larga lista de amantes que incluye a Marlon Brando, Yves Montand, Charles Aznavour y George Moustaki, aunque este aspecto tiene poco relieve en la película.

La banda musical de Edith Piaf, la vida en rosa atrapa las canciones más importantes de su carrera, con especial énfasis en Himno al amor, compuesta en honor de Cerdan, Padan…padan…, uno de sus más grandes éxitos, La vida en rosa, compuesta por ella al término de la II Guerra Mundial, Milord, compuesta por Moustaki, y la inolvidable Rien de rien o No, no me arrepiento de nada, ya al final de su carrera, en 1960, cuando la estrenó en el Olympia de París y se convirtió en su legado personal.

Lo que Marion Cotillard hace con su personaje es realmente sorprendente. Cada uno de los momentos fundamentales en la vida de Piaf exige un trabajo gestual y vocal que expresa la condición mental y física de una mujer que no superó el metro y medio de estatura y que poco a poco, golpe a golpe, fue deformándose hasta morir como una anciana a los 47 años el 10 de octubre de 1963. Se dice que ese mismo día también murió su gran amigo Jean Cocteau. Evidentemente el trabajo de maquillaje ha sido esencial para asumir la imagen de una mujer demasiado conocida en su país y en el mundo. La interpretación de Cotillard, una actriz particularmente talentosa y bella, es un homenaje a su personaje. Ella se convierte en Piaf y Piaf adquiere el rostro de Cotillard.

EDITH PIAF, LA VIDA EN ROSA (“La Môme”), Francia y República Checa, 2007. Dirección: Olivier Dahan. Guión: Olivier Dahan e Isabelle Sobelman. Fotografia: Tetsuo Nagata. Montaje: Richard Marizy. Música original: Christopher Gunning. Elenco: Marion Cotillard, Richard Marizy, Gérard Depardieu, Sylvie Testud y Jean-Pierre Martins, entre otros. Distribución: Cines Unidos.

Categorías: Cine

1 response so far ↓

  • Julieta Camejo // Abril 30, 2008 en 12:08 am

    Me encantó tu análisis de La Vie…,la actriz se apoderó del personaje de tal forma que nos impresiona maravillosamente.

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