Hace 40 años, en 1968, Mel Brooks hizo su debut como director y guionista de cine con Los productores, una comedia que no sólo resultó un insospechado éxito de taquilla sino que en 1969 se llevó el Oscar como mejor guión original. La recuerdo como una de las películas más divertidas que he visto. Las desventuras de dos productores de teatro de Manhattan se convirtieron en una leyenda de la comedia cinematográgica. Casi 33 años después, esta historia sobre un musical de Broadway se convirtió en eso: un musical de Broadway. Se estrenó el 19 de abril de 2001 en el legendario teatro Schubert y desde entonces se convirtió en la comedia musical más premiada: 12 Tony, 11 Drama Desk, 8 Outer Critic´s Circle y dos Grammy. Se ha presentado en Inglaterra, Alemania, España, México, Israel, Brasil, Italia, Canadá y Argentina. Ahora llega al Aula Magna de la UCV, como un excelente espectáculo de humor, canciones, bailes e inteligencia.
Después de triunfar con El violinista en el tejado y Jesucristo Superestrella, el director venezolano Michel Hausman aborda su tercer musical sobre la base de otro play de comprobado éxito en el mundo. Esto puede parecer una póliza de seguros bien pagada pero en realidad puede convertirse en un gran riesgo, en la medida en que no existe una fórmula infalible. La calidad de este montaje local reside no sólo en la ambición creadora de un grupo de profesionales del canto, el baile y la actuación sino —sobretodo— en un sesudo trabajo de producción que no deja detalle suelto, a cuyo frente se encuentra Yair Rosenberg. Al concluir la función uno tiene la sensación de haber presenciado un espectáculo redondo, completo, bien estructurado, que satisface las expectativas. Dirección y producción actuando bajo coordenadas efectivas.
A mediados del siglo pasado, el productor Max Bialystock acaba de sufrir su último fracaso en Broadway. En estas circunstancias conoce a Leo Bloom, un contador tímido y un poco nervioso que, casi por azar, descubre que un productor puede en realidad ganar mucho más dinero con un fracaso que con un éxito. Claro, necesita realizar una estafa. Puede, por ejemplo, conseguir dos millones de dólares para montar un nuevo play, gastar 100 mil y quedarse con el resto cuando fracase el musical. Ambos se convierten en cómplices para buscar la peor obra, el peor director y el peor elenco. Después de varias situaciones y personajes que rozan el absurdo —con una excitante belleza sueca con nombre larguísimo, un estrafalario dramaturgo nazi y un actor decadente que solloza la indiferencia del mundo— La primavera de Hitler resulta un éxito sorprendente que, paradójicamente, pone en entredicho los libros contables de Bialystock y Bloom y surge la evidencia del fraude… y el castigo. Palabra más, palabra menos, eso es Los productores.
La pieza original de Brooks fue concebida para divertir al público utilizando el recurso de la ironía para burlarse de los tópicos del show business, de la brutalidad del nazismo, del erotismo utilitario, de las falsas percepciones de la homosexualidad, de la codicia del mundo de los negocios e incluso de ciertos estereotipos de la cultura hebrea. No pretendió moralizar ni juzgar a sus personajes sino aceptarlos tan como son. Por eso la historia funciona tan bien en medio de canciones, bailes y piruetas. Hausman ha logrado capturar ese espíritu en su montaje venezolano y lo ha convertido en una expresión fiel de la comedia con algunos ribetes nacionales. Tiene una visión global con algunos matices locales que se articula con coherencia. Cuenta con el respaldo del trabajo escenográfico de Edwin Erminy, el vestuario de Eva Ivanyi y la iluminación de Carolina Puig.
Mención muy especial merecen Armando Cabrera y Roque Valero, quienes revelan firmes talentos para el teatro musical, más allá de sus evidentes dotes para la actuación. Creadores muy profesionales que demuestran capacidad para cantar y bailar de una manera natural, como si lo hubieran hecho toda la vida. Fabiola Colmenares supera con creces las expectativas generadas por su belleza y construye el personaje de Ulla con picardía y profesionalismo. Luigi Sciamanna está sensacional como el dramaturgo nazi. Igual que Rafael Monsalve, Gerardo Soto y Luke Grande, como los actores de esa farsa con éxito llamado Primavera de Hitler. Actúan, cantan, bailan y divierten al público, acompañados por un grupo interpretativo de respaldo. En este campo, la coreografía de Luz Urdaneta y la dirección musical de Salomón Lerner son fundamentales.
Los productores ha resultado una muy grata experiencia en el campo del musical, un género que no siempre cuenta con el respaldo del público. No obstante, la temporada de 15 funciones que comenzó el 12 de abril refleja la aceptación que ha disfrutado en sus primeras presentaciones.
LOS PRODUCTORES (”The producers”) de Mel Brooks. Producciones Palo de Agua. Dirección general: Michel Hausman. Producción general: Yair Rosemberg. Dirección musical: Salomón Lerner, con la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho. Coreografía: Luz Urdaneta. Escenografía: Edwin Erminy. Iluminación: Carolina Puig. Vestuario: Eva Ivanyi. Elenco: Roque Valero (Leo Bloom), Armando Cabrera (Max Bialystock), Fabiola Colmenares (Ulla), Luigi Sciamanna (Franz Liebkind), Rafael Monsalve (Roger DeBris), Gerardo Soto (Carmen Ghia) y Luke Grande (Sr. Marks), entre otros. Sábados a las 6:00 pm y domingos a las 11:00 am y 6:00 pm, en la Aula Magna de la UCV.
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