Tantas veces y voces te han exigido definir la poesía y a medida que languideces vieja verde, tonta, gafa y boba, te sientes menos capaz de explicarla, ponerle una etiqueta, encontrar detalles que te sirvan para esa llora de clase, la pautada entrevista o charla especial. Entonces recurres al ardid fácil de la selección, más difícil aún porque sobrevives en un país de poetas válidos para el mundo y escoger uno como de muchacha lo hiciste con Rafael Cadenas, elección que persiste, en la actualidad sería un escrutinio trunco y arbitrario porque omites a tantos que llenan las horas de Avelina Vars con su aliento de hágase la tierra y las aguas y el cielo y su verbo divino inaugura la vida cada vez que los relees, pero si de verdad ruvieras que seleccionar unos versos que perfilen y perforen tu etapa invernal, recuerdas al otro de tus escasos predilectos, el caballero Montejo, cuando despide la centuria que nos vio y tocó, recordándote que… Mi siglo vertical y lleno de teorías… Mi siglo con sus guerras, sus posguerras y su tambor de Hitler allá lejos, entre sangre y abismos… y los dos, muy agarrados de mano repetimos al unísono y de viva voz… Cruzo la calle Marx, la calle Freud, ando por una orilla de este siglo, despacio. insomne, caviloso… y abrazados en la memoria distingues claramente a ése tu favorito Eugenio cuando te dice… Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios por un trago por un poco de jazz.. ¿Definirlo? Para nada y nunca. Sólo respirarlo.
Pero vuela en su obstinada locura Avelina Vars y por sus quebradas rendijas oigo la poética de Aldemaro que resuena en polifonía, contrapunto y pulsiones de sonido tan suyo, unívoco, y no dejo de esperar el efecto que esa creación sinfónica tendría haciendo unidad de sustancia con la escritura de Eugenio en sus Papiros amorosos. Algun día será, pues aunque por senderos en apariencia muy distintos, acoplando los amores terrenal y cósmico, culminan estrechamente reunidos. Para sentirlo hay que leer en la música y escuchar en los textos, sus compases de sonoridad y silencio. Con apuro urgente necesitas recuperar la pertenencia en medio de quienes liquidan bibliotecas, obras de arte universal, archivos y museos, entonces por instinto acudes al buen truco de oír poesía llevada al habla, al canto, instrumento musical primario. Es toda una convicción que de repente luce revelación. Mi escritor Eugenio, mi músico Aldemaro, engendran poesía. Son escuchas del universo.


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