Hay un tema que obsesiona a Wong Kar Wai, que planea sobre sus ideas y se convierte en su gran leit motiv de sus filmes más importantes: la sincronía afectiva. Dicho así parece un tecnicismo pero en realidad es un concepto que aborda la oportunidad del amor y la adecuación de las contradicciones de la relación afectiva, tanto en la cultura china de sus obras anteriores como en los nuevos ambientes que ha comenzado a explorar. Esto sucede en su primera película rodada totalmente en inglés y en Estados Unidos. En My blueberry nights, que aquí se titula El sabor de la noche, la desconsolada Elizabeth —su pareja la ha desechado por otra chica— conoce a Jeremy, un inglés que atiende una cafetería de nombre ruso en Nueva York y traban una amistad alrededor del despecho, sus necesidades de cariño y un delicioso pastel de moras que consumen cada noche. Pero aún no ha llegado el tiempo del amor.
El realizador chino que ha legado filmes tan sensoriales como In the mood for love (2000), Happy together (1997) y Chung King Express (1994) —a través de los cuales ha propuesto una visión distinta de la China de hoy, con todas sus contradicciones pero también con toda su riqueza ancestral— propone en su nueva obra una visión de la pareja como campo de batalla pero también como espacio para la esperanza, así tenga un perfil tremendamente desconsolador y triste. My blueberry nights representa un giro en su filmografía y lo coloca mundialmente como un cineasta que trasciende la cultura china y se ubica en el campo de la humanidad a secas. Algo paradójico: aunque hablada en inglés y filmada en Nueva York, Menphis y Las Vegas, El sabor de la noche no es una película norteamericana sino una coproducción entre Hong Kong, China y Francia totalmente rodada en EEUU.
En la cafetería de Jeremy hay un botellón lleno de llaves de apartamentos dejadas por gente que ha roto con su pareja y quiere devolvérselas a sus amantes —sin verles las caras— pero éstos nunca van a recoger sus respectivas llaves. Es una especie de abandono pero también de esperanza. Elizabeth (muy bien interpretada por la cantante Norah Jones, en su primer trabajo como actriz) deposita su propia llave y regresa cada noche y la llave está allí. Todo terminó. Aunque le atrae Jeremy (el siempre eficiente Jude Law), su amigo venido de la lejana Manchester, decide recorrer el camino hasta Menphis, en una especie de peregrinaje en busca del amor, donde trabaja en bares y cafeterías. Azarosamente interviene en la vida de un policía (el muy expresivo David Strathaim) cuya desesperada esposa (Rachel Weisz) lo ha abandonado por otro. A veces el opuesto del amor no es el odio ni el miedo sino la muerte. Elizabeth sigue su camino a Nevada y conoce a una chica ludópata (Natalie Portman) que le abre su corazón como amiga, incluida la relación de amor y odio que guarda con su padre. De nuevo la muerte es determinante. Tras casi un año de huida de sí misma, Elizabeth regresa a Nueva York, a la misma cafetería de nombre ruso donde la espera Jeremy. Es el tiempo del amor.
Un planteamiento sencillo pero efectivo desarrollado con una puesta en escena que prioriza el encuandre, es decir, el punto de vista de la cámara que se desplaza por las escenas como si fuese el ojo de un fisgón que espía las aventuras y desventuras de Elizabeth y sus amigos. La fotografía de Darius Khonji y del propio Won Kar Wai diferencia las sombras de una Nueva York siempre nocturna, con sus trenes que la atraviesan, de la luminosidad de Las Vegas, donde noche y día son igual de deslumbrantes. El otro factor expresivo fundamental se haya en la banda sonora, cuya música original estuvo a cargo de Ry Cooder, con el aporte de varias canciones de Norah Jones.
My blueberry nights es una obra de arte. Para disfrutarla sólo es necesario comprender la necesidad del amor en su momento justo.
(EL SABOR DE LA NOCHE (”My blueberry nights”), Hong Kong, China y Francia, 2007. Dirección: Wong Kar Wai. Guión: Wong Kar Wai, Laurence Block. Música: Ry Cooder. Fotografía: Won Kar Wai y Darius Khonji. Elenco: Norah Jones, Jude Law, Nathalie Portman, Ed Harris, Rachel Weisz y David Stratharin. China, Francia, 2007.


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