Mayo del 68 «SERÍA IMPOSIBLE EN 2008»

Catalina Guerrero, de la agencia española EFE, publicó el lunes 28 de abril pasado en el diario Clarín de Buenos Aires la opinión del escritor francés que participó en las célebres jornadas estudiantiles.

Para Daniel Picouly, autor del libro 68, mon amour, decir «Mayo del 68» equivale a rememorar sus 20 años y un episodio histórico en el que «había sólo un papel de fumar entre el sueño de transformación social y la realidad». Reeditar aquellos acontecimientos, que durante tres semanas convirtieron al Barrio Latino de la capital francesa en un «paraíso», «sería hoy imposible» y «si hubiese un ‘mayo del 68’ sería de la violencia, de la frustración, un ‘mayo del 68’ de gente que diga que no tiene oportunidades».

«La juventud de ahora es mucho más cínica y racional porque se enfrentan a la realidad, al paro, nosotros no, en aquella época no había paro. El progreso estaba delante de nosotros, era de nosotros», afirma Picouly, aún atlético y juvenil a sus 60 años.

Vital, expresivo y comunicador nato, una sombra de preocupación atraviesa su rostro al lamentar que ya no sea posible «soñar en este mundo como se soñaba en el 68» y que los jóvenes, como su hijo, no tengan la posibilidad de vivir «esa especie de momento paradisíaco». Esa circunstancia, lejos de echar tierra al mito, lo reforzará, «lo hará más fuerte, en tanto que sabemos que hoy ya no es posible».

Lo que realmente da tanta fuerza y ha hecho durar aquel Mayo francés son las palabras y las imágenes asociadas a aquellos días. «Lo que mejor atraviesa la historia son las palabras y las imágenes», subraya Picouly al recordar eslóganes tan famosos como «Prohibido prohibir», «Seamos realistas pidamos lo imposible», «La imaginación al poder» o «Cuánto más hago la revolución más ganas tengo de hacer el amor».

En el Mayo del 68 se vivió una extraordinaria efervescencia cultural, con una auténtica explosión de la utopía y del verbo, «con grandes intercambios verbales que a los franceses les gustan mucho». Picouly añade que en ese periodo, que como ocurre en todos los periodos turbios «la gente se queda al desnudo», «había un deseo extraordinario de hablar, de cambiar» y se reclamaba una «gran libertad en las costumbres y una relación con la autoridad diferente».

«No había miedo, temor. La vida se había detenido, no había automóviles, hacia buen tiempo, era mágico. Mayo del 68 con tormentas y nieve no habría podido existir, se reunieron todas las condiciones para que las cosas pasaran como pasaron», relata.

Fue, dice, «un gigantesco carnaval, en el buen sentido del término, todo el mundo quería participar. Fue un poco la idea soñada que uno tiene de la vida, aunque sepa de forma pertinaz que eso no puede ser la vida. Nos instalamos en aquellos días como si aquello fuese a durar eternamente. Lo vivimos a fondo porque lo sabíamos. No teníamos ganas de dormir porque sabíamos que eso no iba a durar».

Lo que sí perdura cuarenta años después es su herencia, y la mejor prueba de que eso es así es que alguien como el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quiere liquidarla, pero en su opinión no podrá porque «no hay nada más fuerte que los mitos».

Picouly, que se mete en 68, mon amour en la piel del general Charles de Gaulle para contar aquel momento shakespiriano en que este estadista fue capaz con su discurso del 29 de mayo de parar una revolución incipiente, piensa que el Mayo francés esconde una estafa.

Nacido en el seno de una familia numerosa de origen martiniqués, el escritor y presentador de un programa literario en una televisión francesa piensa que los comunistas traicionaron a los obreros, pues les hicieron creer que se preparaba una profunda transformación del poder y, sin embargo, nunca quisieron apear a De Gaulle, a quien Picouly profesa una gran admiración.

Pero lo que realmente pretende, según asegura, más allá de relatar el contexto histórico, es «liberar las ganas de contar el Mayo del 68 como fue para cada persona que lo vivió y con independencia de dónde estuviese».

«El problema del Mayo del 68 es que sólo hay una mirada y después de 40 años eso es lo más sorprendente. Nunca ha habido un libro que hablase en contra. El Mayo del 68 pasó de la Historia a la mitología, directamente. Se hizo una mitología del Mayo del 68 y durante 40 años sus protagonistas defendieron esa mitología».

El Mayo francés, según Picouly, no puede resumirse en el Barrio Latino de París, pese a que sobre sus adoquines se escribiese «un momento de la Historia en el que estuvimos muy cerca, muy cerca de alcanzar un sueño y eso es mucho».»»

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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