Caracas Gringo OPERACIÓN KNOCKOUT: LA HISTORIA SECRETA DEL 11 DE ABRIL DE 2002 (II)*

A menudo, el presidente Chávez había advertido que desde 1993 se convirtió en un objetivo político de asesinos y que después de 1999, ya como presidente, era objetivo militar de los golpistas. Pero a partir del segundo semestre de 2001 las denuncias del presidente sobre conspiradores que pretendían derrocarlo se hicieron más frecuentes y más inmediatas. «Sé quienes son. Los tengo identificados a todos por su nombre y los tengo infiltrados. Así que sé todo lo que están planeando», repitía Chávez en sus famosas «cadenas» de televisión y radio durante el segundo semestre de 2001 y los tres primeros meses de 2002. Estaba en lo cierto. Estaba diciendo la verdad. Conocía la identidad de los presuntos conspiradores porque un grupo de agentes dobles, al servicio del gobierno, habían instigado a propósito una conspiración. Este grupo —que incluía a los hermanos Pérez Recao y algunos militares descontentos que habían sido partidarios de Chávez— fue manejado por Vinicio «El Principe» De Sola —quien no guarda relación con la respetable familia De Sola, conformada por abogados y juristas del Tribunal Supremo de Justicia—, un ex asociado de negocios en los años ochenta y tempranos noventa de José Vicente Rangel, el tres veces candidato presidencial socialista en los setenta y ochenta y después notable periodista de investigación que, además, tuvo una carrera paralela clandestina como proveedor de equipo militar antes de unirse a la revolución de Chávez. Rangel fue su ministro de Defensa en el período 2001-2002 y antes su ministro de Relaciones Exteriores.

Este grupo a cargo de De Sola, que informaba de todo a Rangel y a ciertos oficiales designados por el ministro, era un componente estratégico y táctico de la Operación Knockout, nombre en clave del plan secreto de Chávez para aplastar a sus oponentes políticos en una versión bolivariana de la masacre de Tiananmen en China.

Chávez también tuvo un conocimiento directo de un segundo grupo de conspiradores dentro de la Fuerzas Armadas, encabezado principalmente por oficiales navales e integrado por generales de brigada y vicealmirantes sin mando directo sobre infantería, blindados o unidades de la fuerza aérea. El presidente no desplegó sus agentes dobles entre los militares involucrados en este segundo grupo. Pero sí supo de su existencia poco después de que sus miembros comenzaron a conspirar porque, a pesar de su formación militar y de su supuesto conocimiento de las prácticas de seguridad, estos vicealmirantes y generales de brigada demostrado ser increíblemente torpes en su propia seguridad.

Agentes de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) se infiltraron en este grupo para enfrentar a algunos de sus miembros y forzarlos a convertirse en informantes clandestinos. Chávez permitió que siguieran conspirando porque nunca representaron una amenaza para su supervivencia del régimen. Ninguno de los conspiradores comandaban tropas y nunca tuvieron capacidad táctica para impulsar un golpe exitoso. Sin embargo, la existencia de este segundo grupo permitió reforzar los simulacros de golpe que Chávez tenía previstos con el primer grupo donde De Sola, el agente doble de Rangel, fue un destacado participante.

Para que la Operación Knockout tuviese éxito, Chávez necesitaba un creíble pero tácticamente ineficaz intento de golpe que pudiera controlar, fiscalizar y reprimir rápidamente, con el fin de justificar una letal contragolpe militar destinado a la liquidación de sus oponentes políticos y a la destrucción del joven movimiento de la sociedad civil venezolana, todo esto con en un sola acción destructora.

Chávez llamó a su plan Operación Knockout porque esperaba destruir a sus oponentes políticos como un boxeador peso pesado pisos que tira al piso a su rival con una combinación de golpes. El primer golpe sería infligido por sus círculos bolivarianos armados. The objective was to turn peaceful street protests by the political opposition into bloody street battles between the president’s civilian supporters and foes. El objetivo era convertir las pacíficas protestas de la oposición política en un sangriento campo de batalla entre los seguidores del presidente y sus enemigos. El estallido de la violencia callejera entre grupos civiles opuestos desencadenaría el despliegue de fuerzas de la Guardia Nacional con el 5º comando regional (Core-5) en Caracas. La Guardia Nacional estaría bajo sus órdenes para hacer frente a los manifestantes de la oposición y para proteger los círculos bolivarianos. Chávez esperaba con razón que el despliegue de guardias nacionales en contra de manifestantes de oposición intensificaría los niveles de la violencia callejera que tenía previsto provocar.

El knockout final sería llevado adelante por tres batallones de infantería blindada, con base en el Fuerte Tiuna, que se desplegarían bajo las órdenes del presidente en virtud del Plan Avila, un ejército de contingencia estratégica diseñado para casos de disturbios civiles masivos que amenazara la seguridad nacional y la estabilidad democrática de Venezuela.

Chávez fue el principal autor intelectual de la operación Knockout, pero su desarrollo fue un trabajo de grupo. Participaron activamente el vicepresidente Diosdado Cabello, el ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, el ministro de la Defensa, José Vicente Rangel, el general en Jefe de la Fuerza Armada, Lucas Rincón Romero y los oficiales superiores al mando de la Guardia Nacional, la Armada y la Fuerza Aérea, así como el comandante general de la Tercera División del Ejército, Jorge Garcia Carneiro; el Fiscal General de la República, Isaias Rodríguez; el alcalde de Libertador, Freddy Bernal, el adjunto de la Asamblea Nacional Juan Barreto, y varios de los más radicales «chavistas» de la asamblea.

La Operación Knockout se desarrolló en gran secreto durante un período de aproximadamente seis meses que comenzó octubre de 2001. De hecho, algunos de los oficiales militares de alto rango que participaron en la concepción de algunos elementos de la Operación Knockout eran desconocidos por los conspiradores civiles hasta el 7 de abril de 2002, cuando Chávez reunió a altos militares, políticos y funcionarios gubernamentales para discutir su inminente ejecución.

En la Operación Knockout participaban políticos, civiles y militares. El componente político trató de crear las condiciones que daría lugar a violentos enfrentamientos entre el gobierno y la oposición, seguido de un intento de golpe. Chávez era un veterano conspirador y estaba seguro que sus adversarios eventualmente pondrían en marcha un golpe. Pero Chávez también confíaba en habría un golpe porque él había planeado fomentar un atentado contra sí mismo.

El componente civil fue coordinado y ejecutado en los niveles más altos del gobierno de Chávez por el vicepresidente Cabello y el ministro de Interior y Justicia Rodríguez Chacín. La oficina del vicepresidente controlaba la creación, contratación, formación, financiación y coordinación de los círculos bolivarianos. La mayoría de los círculos creados a nivel nacional no participaban en actividades políticas violentas, a pesar de que fueron ordenados con frecuencia a participar —con prendas de vestir rojas— en manifestaciones callejeras y otros actos públicos de la revolución patrocinados por el gobierno bolivariano.

Sin embargo, un pequeño número de círculos bolivarianos, particularmente en Caracas, fueron creados expresamente para funcionar como violentos matones armados para atacar a manifestantes de la oposición.Las actividades de estos grupos armados fueron coordinadas por la oficina del vicepresidente, sobre la base de informes de inteligencia acerca de la oposición política generada por una sala situacional al mando de Rodríguez Chacín en el Ministerio de Interior y Justicia. El personal de funcionamiento la sala situacional habían sido reclutado de los servicios de inteligencia militar (DIM), el Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional (CUFAN), el Ministerio de la Defensa, la policía política (DISIP), la policía de investigación criminal (CICIP) y la policía del Municipio Libertador PoliCaracas.

La sala situacional de Rodríguez Chacín, los servicios de inteligencia clandestinas y las operaciones de inteligencia electrónica apuntaban a la oposición. Las operaciones de inteligencia electrónica incluían la intervención de teléfonos y correos electrónicos de cada uno de los líderes de la oposición y de instituciones opositoras como Fedecámaras, la Federación Nacional de Cámaras de Comercio (Consecomercio), la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga), la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Petróleos de Venezuela, y la Iglesia católica, entre otros. Las actividades de la inteligencia humana estaban destinadas a la contratación de informantes y a infiltrar esas instituciones de oposición.

La información de inteligencia generada por la sala situacional de Rodríguez Chacín fue utilizada por la oficina del Vicepresidente para planificar y coordinar el despliegue de círculos bolivarianos contra actos públicos (manifestaciones, marchas, etc), organizado por los opositores políticos.

Otros grupos de civiles armados que trabajaron en estrecha colaboración con Rodríguez Chacín y Cabello, a finales de 2001 y principios de 2002, incluían una fuerza de seguridad clandestina dentro de PoliCaracas, comandada por el alcalde del Distrito Libertador Freddy Bernal;así como decenas de pistoleros financiados a través de los ministerios de Educación, Salud y Trabajo, militantes urbanos asociados con los Tupamaros, con base en los bloques de apartamento del 23 de Enero, cerca del palacio presidencial, y otros grupos violentos asociados con combatientes bolivarianos como Lina Ron. Todos estos grupos recibieron apoyo financiero y armamento a través de diferentes entidades gubernamentales nacionales y municipales.

Chávez vio a estos grupos como tropas de choque encargadas de instigar la violencia callejera contra sus opositores. Su misión asignada en la Operación Knockout fue atacar físicamente a los grupos de oposición, creando condiciones de extrema violencia que justificaría la intervención militar directa en virtud de un estado de excepción decretado por el presidente.

Continuará…

* http://caracasgringo.blogspot.com

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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