Cine LA DECISIÓN DE DON PLUTARCO

Precedida por una cantidad impresionante de premios internacionales, la ópera prima del mexicano Francisco Vargas Quevedo se presenta como un film extremadamente sencillo en su producción pero también como una obra artística compleja en sus significaciones. El violín es una película que indaga en los pliegues ocultos de la realidad latinoamericana para comprender a los personajes olvidados, a los desheredados, a la cantidad enorme de seres humanos que no sólo desconocen el progreso social y económico sino tampoco los más elementales valores de la democracia. Ubicada en un país bajo férreo control militar, la historia habla de solidaridad y dignidad, a través de Plutarco, un anciano octogenario que toca el violín desde lo más profundo de su alma y con la más firme intención de cambiar la historia.

El violín no tiene tiempo ni espacio definidos. Sabemos que la acción transcurre en un país subdesarrollado en algún momento de las últimas décadas. No ofrece signos de modernidad ni de tecnología. Podría ser El Salvador de los ochenta o la Nicaragua de los setenta. Don Plutarco, su hijo Genaro y su nieto Lucio llevan una doble vida. Por una parte, son humildes músicos rurales que tocan y cantan en los mercados y las cantinas por unos pesos. Por la otra, participan activamente en el movimiento guerrillero campesino que lucha contra el gobierno opresor. El ejército invade el pueblo y los rebeldes deben huir y abandonar las municiones. Haciendo valer su apariencia de inofensivo violinista, don Plutarco tiene un plan: recuperar las municiones escondidas en su maizal. Para hacerlo toca su violín para el enemigo. Pero llegará un momento en que deberá tomar una decisión que tendrá consecuencias graves. Pero la resistencia seguirá con nuevos protagonistas.

Filmada en blanco y negro, con un manejo de la imagen impecable, El violín se despoja de retórica para atrapar la esencia de un relato signado por la necesidad de rebelarse ante el poder. La película se inicia con una sesión de tortura en la que un religioso deja la vida. De esta manera, Vargas Quevedo deja muy en claro cuál es el tema central de su film: la opresión y la resistencia. Una cosa conduce a la otra. Un tema que podría ambientarse en cualquier lugar del mundo donde la violencia y el autoritarismo sean las expresiones del poder. Llama la atención que en El violín sólo existe el enfrentamiento entre militares y campesinos. No hay referencias a la propiedad de los medios de producción ni a las formas de organización política de esa sociedad ni a las relaciones que se establecen entre distintos sectores económicos o sociales. El conflicto dramático es básicamente militar. El ejército reprime y persigue y los campesino huyen y se rebelan.

El film de Vargas Quevedo pretende plantear una lucha social muy particular en la contemporaneidad de América Latina pero no logra convencer en este sentido. No propone una actualización de los conflictos de poder, como lo haría, por ejemplo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el México de hoy. Más bien parece una recreación de luchas pasadas, históricas, recordables. El mismo tratamiento en blanco y negro ofrece un estilo documental que contribuye a generar esa impresión. Otro aspecto a destacar se halla en la ausencia de personajes femeninos desarrollados. Salvo dos guerrilleras en el campamento, no hay referencias a la madres, la esposa, la compañera. Sólo hombres que agreden, se defienden, resisten, combaten y continúan la lucha.

Pero más allá de esta limitación de época y de género, el guión se despliega de forma coherente y sin fisuras. Hay un personaje principal, don Plutarco, que se desarrolla dramáticamente de manera paulatina y eficaz. En este sentido, la actuación de Ángel Tavira es sorprendente. Su mirada, sus gestos, sus palabras brotan desde muy dentro. Este anciano logra expresar las dudas e inquietudes de ese octogenario violinista que trata de cambiar el mundo para que su nieto tenga una vida mejor. Realmente una interpretación memorable, secundada por Gerardo Taracena como su hijo Genaro, Mario Garibaldi como su nieto Lucio, Dagoberto Gama como el capitán y Fermín Martínez como el teniente.

EL VIOLÍN, México, 2006. Producción, dirección y guión: Francisco Vargas Quevedo. Fotografía: Martín Boege Paré. Dirección de producción: Luz María Reyes. Dirección de arte: Claudio “Pache” Contreras. Edición: Francisco Vargas y Ricardo Garfia. Música original: Cuauhtémoc Tavira y Armando Rosas. Sonido: Isabel Muñoz Cota. Elenco: Ángel Tavira, Dagoberto Gama, Fermín Martínez, Gerardo Taracena y Mario Garibaldi, entre otros. Distribución: Amazonia Films.



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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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