Letras VIAJE AL ABISMO DEL AMOR

Curiosa obra de Federico Vegas —publicada el año pasado bajo la estela del éxito de Falke, una de las mejores novelas venezolanas de lo que va de década— que comienza como la huida de una pareja en crisis y concluye como la consagración de una mirada de madurez y una experiencia afectiva externas a esa pareja. Miedo, pudor y deleite se construye como la crónica sentimental de un viaje a Madrid para salvar lo que ninguno quiere salvar pero que funciona como una herramienta para el desmontaje de las motivaciones y expectativas de Bernarda y Fernando. Sin embargo, esta historia no es narrada desde la perspectiva de uno de ellos, sino desde la de un tercer personaje que se perfila in crescendo y domina el relato desde la primera frase hasta la última. Es el personaje que narra en primera persona, que confía sus impresiones al lector. Lo cual, en este caso, es algo más que un mero recurso expresivo. Es, en realidad, la novela.

Desde un lugar que desconocemos, este tercer personaje gira instrucciones turísticas a Fernando, le indica dónde ir, a cuántos pasos está el hotel del Paseo de La Castellana, qué hacer después de la comida e, incluso, por dónde caminar antes de ser atracado por unos gamberros. Es una mujer, obviamente, que se desdobla en actriz, en publicista y en agente de viajes, es decir, en tres profesiones en las que hay que tener el control de personajes y procesos. Una suerte de catalizador que desencadena las acciones y reacciones de Bernarda y Fernando, que manipula sus tedios, que descoloca sus vidas. No obstante, no se trata de una maestra de marionetas sino de una mujer que se sobrepone a todo, incluida la frustración de su madre, el retorno de su padre ausente por años, la relación afectiva que sube y baja un piso entre la oficina y el apartamento y la identificación con un abandonado galgo del canódromo de Margarita.

Tal vez por esta hegemonía se debiliten tanto los personajes de Bernarda y Fernando, quienes se van perdiendo en una lejanía anímica si bote salvavidas. Nunca logramos comprender el porqué de las acciones de esa mujer y de ese hombre que apenas tienen tres años de casado pero parecieran arrastrar el peso de décadas de relación. No conocemos sus necesidades ni sus ambiciones. Sólo sabemos que deambulan por Madrid en busca de algo… o de nada. En cambio, el personaje narrador se construye en cada inicio de capítulo y termina por doblegar todo lo demás.

Aunque interesante en este planteamiento sobre lo aparente y lo real de los personajes y sus tramas, Miedo, pudor y deleite es una novela menor, algo desequilibrada, que no logra superar los obstáculos que el propio escritor le ha colocado en el camino. Pareciera que Vegas quiso desprenderse del efecto Falke, que buscara nuevos derroteros lejos de la experiencia previa, pero lo que ha evidenciado es la necesidad de desarrollar los dos primeros personajes de una forma más convincente, que sean más seres humanos y menos marionetas.

MIEDO, PUDOR Y DELEITE, Federico Vegas. Alfaguara, Grupo Editorial Santillanana, 2007, Caracas. 275 páginas.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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