Cine LOS ROSTROS DEL TEMOR

A primera vista pareciera que estamos ante el tema del aborto, lo cual es sólo parcialmente cierto. En realidad, el tema principal que atraviesa 4 meses, 3 semanas y 2 días, de principio a fin, es el miedo. El temor individual y el temor colectivo. La percepción de un posible castigo en una sociedad donde nadie está a salvo. La sensación de estar siempre en riesgo, de ser vigilado, de ser considerado culpable hasta demostrar la inocencia. Es el miedo a la “verdad real” lo que lleva a unas muchachas a la práctica ilegal del aborto. Es el miedo a la “verdad real” lo que conduce a unos académicos e investigadores a crear un universo fantasioso de resignación, aderezado con alcohol y risas de evasión. Por eso una de las chicas le solicita a la otra: “prométeme que nunca hablaremos de esto”. Pero la historia es indetenible y lo que hoy es la causa del temor mañana dejará de serlo y habrá que recordarlo y hablarlo. Tal es la esencia de una película extraordinaria que habla sobre un país y una cinematografía que casi no conocemos.

Pocas veces tenemos oportunidad de ver una película de Rumanía, aunque sabemos que en los últimos años ha surgido allí una vigorosa generación de realizadores. Lo que mejor recordamos de este país del sureste europeo son las imágenes de la caída del régimen de Nicolae Ceausesco en 1989, cuando se derrumbó el mundo comunista. El 25 de diciembre de ese año, Día de Navidad, fueron ejecutados el dictador y su esposa y consejera, tras un breve juicio que se les siguió por todos los crímenes y vejaciones cometidas a un pueblo durante 34 años de gobierno autoritario. Dos años antes de estos sucesos se ubica la trama de 4 meses, 3 semanas y 2 días, el film de Cristian Mangiu que ganó el año pasado la Palma de Oro del Festival de Cannes. Su anterior película, Occidente, ya había participado en la Quincena de los Realizadores del mismo encuentro cinematográfico francés. De pronto, el mundo recordó un dramático período de la historia de un país que era más conocido por una feroz dictadura comunista y por una de sus regiones, Transilvania, antigua cuna del legendario conde Drácula.

El film narra la historia de Otilia y Gabjta, dos estudiantes universitarias que viven en un albergue estudiantil. El problema es que Gabjta tiene un embarazo de cuatro meses, tres semanas y dos días y necesita urgentemente interrumpir su gravidez en un país en el que el aborto está prohibido y se hace de manera clandestina. La historia se inicia con una conversación entre las dos chicas en el cuarto. Son pocos minutos pero para Mangiu son suficientes en su deseo de expresar lo que era Rumanía bajo aquella dictadura, y dentro de esa sociedad ubica el conflicto de dos chicas. Todo está sobreentendido, nada está dicho. No hace falta. Los ciudadanos temen la represión y se hacen de la vista gorda ante la corrupción y el cinismo. El mercado negro impera para cualquier mercancía. En este marco, Otilia está a cargo de la organización del aborto de su amiga, a sabiendas que podría ser fatal para la muchacha y punible para ella.

Un drama íntimo inserto en un drama colectivo. A través de un cuidadoso trabajo de atmósferas, Mangiu narra su historia de manera muy sobria, con planos secuencias, con voces fuera de cámara e, incluso, con mucho silencio. En una primera instancia se plantea la amistad y los conflictos que se desatan entre las dos chicas, mientras en un segundo lugar cobra cuerpo la presencia totalitaria de un régimen que no ofrece posibilidades de acción. Gabjta comete error tras error poniendo en riesgo su propia vida y la seguridad de su amiga y ahora cómplice Otilia. En su desesperación se entrega al peor practicante de abortos clandestinos que lucra con dinero y con prestaciones sexuales. Al final, lo importante es liberarse del problema a cualquier costo y riesgo, ante la pena de prisión que puede ser de 5 a 10 años si el aborto es descubierto.

Todo es contado casi en tiempo real. Ese día ambas muchachas descubrirán su propio drama. En el fondo, la más indefensa es Otilia. Ella es la verdadera víctima en la medida en que su amistad y su lealtad le costarán más de lo que es imaginable. Mientras tanto, en el intento de controlar todo, se mueve por una ciudad débilmente iluminada y la presencia de la dictadura es sugerida a través del control de documentos, del miedo a las autoridades y de la ausencia de libertades. Como trasfondo aparece un casta de intelectuales que se adapta al régimen, como lo había hecho todo un pueblo. Hay que recordar que a mediados de los ochenta comenzaron en Rumanía las primeras rebeliones contra el gobierno comunista.

La escena del encuentro con el hombre que practicará el aborto y el momento cuando contratan el pago constituyen un cuadro humano muy fuerte expresado con ausencia de detalles pero con mucha fuerza. Allí, los diálogos son fundamentales. Primero entre las muchachas y el Dr. Bebé. Luego entre ambas chicas, en un largo plano secuencia donde una de ellas habla dentro delñ encuadre y la otra responde fuera del encuadre. Mangiu no mueve la cámara. Es tan importante lo que se ve como lo que se adivina. La escena del feto abandonado en el pavimento expone la brutalidad de esas vidas sin futuro.

La otra secuencia memorable de 4 meses, 3 semanas y 2 días es aquella que atrapa la celebración del cumpleaños de la mamá del novio de Otilia. También con un largo plano secuencia y con una cámara estático. Dentro del encuadre, Otilia y su novio son rodeados por los amigos de la cumpleañera, quienes van exponiendo lo que son sus vidas entre trago y trago, entre bocado y bocado, entre estupidez y estupidez.

Cuando su ganó la Palma de Oro en Cannes, el año pasado, Mangiu ya contaba 39 años pero en 1987 tenía la edad de sus personajes: apenas 21. Conoce el tema y sus consecuencias, maneja el drama y la angustia de esa situación. Por eso es capaz de describirla de una manera tan precisa, con la cooperación de dos actrices de gran calidad expresiva: Anamaria Marinca y Laura Vasiliu. Todo el elenco funciona muy profesionalmente pero estas dos chicas destacan con fuerza propia. Una película para recordar un trauma histórico que no puede volver a suceder.

4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS (“4 luni, 3 saptamani si 2 zile”), Rumania, 2007. Dirección y guión: Cristian Mungiu. Fotografia: Oleg Mutu. Montaje: Dana Bunescu. Elenco: Anamaria Marinca, Laura Vasiliu, Vlad Ivanov, Alexandru Potocean, Ion Sapdaru, Teodor Corban. Distribución: Cines Unidos.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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