Edgar Cherubini Lecuna UN MUNDO FELIZ

—Shakespeare esta prohibido porque es antiguo. Aquí, no empleamos viejas cosas.

—¿Aunque sean bellas?

—Sobre todo si son bellas. La belleza atrae, y no queremos que seamos atraídos por las cosas antiguas. Queremos que se amen las nuevas.

—Pero las nuevas son casi estúpidas, ¡horrorosas!”.

—No solo el arte es incompatible con la estabilidad. Lo es también la ciencia. La verdad es una amenaza, y la ciencia es un peligro público. Estamos obligados a tenerla cuidadosamente encadenada y amordazada.

Aldous Huxley, Un mundo feliz.

Chávez surgió de la descomposición vendiendo un mundo feliz, prometiendo un “mar de felicidad”, una “revolución bonita” y “más que amor, frenesí” a los pobres y a los ingenuos a través de su descomunal aparato de propaganda, alimentado por interminables mensajes donde su imagen (su ego) ya ocupa todos los espacios físicos y espirituales de la sociedad. Pero, para su mente enferma de poder, construir el futuro significa sacrificar la libertad de conciencia, la manipulación y el control de la población. En un libro visionario, Un mundo feliz, escrito en 1932 por Aldous Huxley, anticipándose a muchos de los acontecimientos que vivimos en el presente, nos llama la atención su descripción de lo que sería una dictadura perfecta que tendría la apariencia de una democracia, “una cárcel sin muros en el cual los prisioneros no soñarían en evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos “amarían su sumisión”. Las personas, dice Huxley, “condicionadas a lo largo de sus vidas por el Gran Ministerio de la Propaganda que vela para que nadie ni nada se salga de sus casillas. Un mundo que, a base de limar aspectos deficientes del alma humana, garantiza una felicidad sin mancha, un estado del bienestar sin posibilidad de introspección”. Al igual que en el libro de Huxley, “para poder brindar felicidad, la sociedad debe ser manipulada, se debe reducir la libertad de elección y expresión, así como ejercer el control sobre toda actividad intelectual, ya que el libre ejercicio de las ideas produce infelicidad”. Eso pareciera ser el ideal de Chávez y el de este gobierno con sus reformas constitucionales y leyes habilitantes. Fue insólito observar su frenesí y el de sus voceros defendiendo la Ley de Inteligencia o “Ley Gestapo”. Es de tal magnitud la inestabilidad, el delirio y la perversidad de su inestable Ego, que no midió los alcances de su amenazadora ley, tácticamente aplazada “por el momento”.

Ursula K. LeGuin, en la introducción de su novela fantástica, La Mano Izquierda de la Oscuridad, define la ciencia ficción como extrapolativa, es decir, cuando se toma un acontecimiento, una tendencia o un fenómeno del aquí y del ahora y es desarrollado en el futuro. Por eso, LeGuin afirma, muchos lectores descartaron como exageradas y deprimentes novelas como Un Mundo Feliz que hace que hace 76 años habló de clonar o fabricar embriones humanos en probetas, o que predecía la extinción de la libertad bajo yugos totalitarios o la aniquilaciòn de la naturaleza provocando graves desequilibrios, “todo aquello que es extremadamente lógico, deprime a la gente”, acota LeGuin.

Este régimen continúa produciendo aberraciones, al revivir las pesadillas de la historia real y de la imaginada. En su libro de posguerra 1984, George Orwell nos pinta la utopia totalitaria de una sociedad y una nación que se cae a pedazos, dirigida por un gigantesco y abrumador aparato de propaganda, donde un personaje llamado El Gran Hermano, vigila y rige la vida privada de cada individuo, a través de gigantescas pantallas de TV en todos los espacios urbanos, fachadas de edificios, fábricas, caminos, hogares y escuelas. Durante las 24 horas del día los ciudadanos observan atónitos el rostro amenazante hablar ambiguamente de guerra y triunfos sobre un enemigo externo, por demás inexistente: “la paz es la guerra”, es su consigna predilecta que repite una y otra vez. Unos fragmentos de la novela ilustran la terrible lógica que menciona LeGuin en relación a la perversidad y pretensiones de lo que sería en el presente esta reedición caribeña del “Gran Hermano”: “No buscamos el poder para nuestros propios fines, sino por el bien de la mayoría. Los hombres, estas criaturas cobardes, no pueden asumir la libertad ni hacer frente a la verdad. Ellos deben ser dirigidos por aquellos que son más fuertes que ellos. La especie humana tiene la elección entre la libertad y la felicidad, sin embargo la felicidad vale más. El bien de los otros no nos interesa, solo buscamos el poder, nada mas que el poder. Los nazis y los comunistas se parecen mucho a nosotros por sus métodos. Aunque ellos pretendan mantenerse en el poder por un periodo limitado; pasado el punto crítico, habra un paraíso donde los hombres serian libres e iguales. Nosotros no somos así, sabemos que nadie que se sostiene en el poder renuncia a él. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución. Se hace una revolución para establecer una dictadura”.

La ineficacia del gobierno que produce caos, malestar, protestas y disidencia dentro de sus propias filas, debe ser manejada con leyes represivas y la institucionalización del espionaje, un aparato de inteligencia que considere sospechoso a todos los ciudadanos, quienes perderían el derecho al debido proceso y a ser juzgado por un juez natural, obviando el control de la prueba, es decir, saltándose la Constitución y todos los acuerdos internacionales en materia de Derechos Humanos. En el mundo orwelliano de 1984, luego del control de los recursos de la nación, “lo que importa ahora es controlar a la mente. La realidad esta en el interior de la cabeza. El poder real, el poder por el cual debemos luchar día y noche, no es el poder sobre las cosas, sino sobre los hombres. ¿Cómo aseguramos el poder sobre el prójimo? Haciéndole sufrir. La obediencia no basta. El poder es inflingir sufrimiento y humillaciones. El poder es destruir el espíritu humano en pedazos que se juntan después bajo nuevos patrones armados por nosotros. ¿Qué clase de mundo estamos creando? Un mundo de temor, miedo, traicion, tormento. Un mundo de aplastadores y aplastados, un mundo que a medida que lo afinemos se volverá cada vez más despiadado. El progreso de nuestro mundo será el progreso hacia el sufrimiento. Nuestra civilización esta fundada sobre el odio; no habra otras emociones que el temor, la rabia, el triunfo y la humillacion. Destruiremos el resto”.

En algún momento, el país conocerá quiénes, además de Chávez, fueron los ideólogos de las monstruosidades contenidas en dicha ley. Pese a su derogación, sus fanáticos seguidores en el campo de la cultura y la educación tampoco han tenido miramientos al eliminar recientemente la libre importación de libros, con la idea de que en el país se lea solo lo que decida el Estado. Así como escasea la leche y la carne, pronto veremos anaqueles vacíos en las librerías, donde solo se repondrán con libros nuevos inspirados en las salas situacionales y de las imprentas socialistas. No necesitarán así, secuestrar o quemar los que no le convienen a su proyecto de dominación.

Esto último nos recuerda otra obra del género de anticipación, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. El título alude a que 451º F, es la temperatura a la que arde el papel. En la trama de la novela, los “bomberos”, son ejecutores de una nueva inquisición contra la libertad de pensamiento, en vez de apagar incendios se dedican a quemar libros prohibidos por el régimen. Montag, el héroe de la novela, es un simple “quemador-de-libros” (book burner) quien un día, abrumado en medio de su aborrecible faena, percibe que los libros tienen “cuerpo y alma” y al “escucharlos gritar mientras los quemaba”, decide desertar y unirse al movimiento de resistencia. Hombres y mujeres que han ideado una táctica para preservar su cultura y sus valores, mediante la memorización de un libro por cada uno de los disidentes. Así, en un encuentro casual de dos transeuntes en un parque, una mujer es La República de Platón y el desconocido con quien se tropezó y ahora dialoga podría ser Los Viajes de Gulliver . En un café, una joven le recita Antìgona a otro joven, quien le contesta con fragmentos de Romeo y Julieta de Shakespeare. Para “leer” un libro había que buscar a otra persona, generalmente un desconocido.

Cualquier parecido de estas novelas de anticipación con el régimen de Hugo Chávez no son meras coincidencias. De allí que hoy, en reacciòn a tanta amenaza y desquiciamiento del poder, decidì aprender de memoria, algunos capítulos de “Doktor Faustus” y de “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, unos pasajes de El sonido y la furia de Faulkner, un párrafo del Walden de Thoreau, varios poemas de René Char de su libro Aromas Cazadores, Four Quartets de T.S. Elliot. Ya recito de memoria dos capìtulos del Sutra del Loto de Budha Shakiamuni… ¿Cuál libro o poema eres tú?.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Edgar Cherubini Lecuna UN MUNDO FELIZ

  1. Estela Mastromatteo dijo:

    Lo más parecido al mundo feliz de Huxley es entrar al Metro de Caracas: una gran probeta de control y concientización.

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