Alberto Rodríguez Barrera CHINA: TECNOLOGÍA, WEB E INTERNET

Lo que se habla de China tiende a girar, casi exclusivamente, en torno a su política, a su desaforado comunismo anterior, obviándose lo que está implícito en la afirmación de “una ideología, dos sistemas”, con lo cual mantienen su autocracia. Pero, fundamentalmente y con mayor intensidad, China se va abriendo a la efectividad superior que el capitalismo ofrece para salir del culto a la personalidad que los llevó al desastre económico y a la congelación en el tiempo de un pueblo que siempre fue puntero y creador de tecnologías, y que hoy intenta rescatar el tiempo perdido por medio de su fuerza como mercado y de su esfuerzo para alcanzar al siglo XXI. Esta es una historia pertinente.

En China está creciendo un Microsoft chino que dominará el mercado de computadoras más grande del mundo. Y todos quieren un pedazo de la torta. Por ello es que los grandes cibernéticos se asocian con una Leyenda que se apresta a conquistar el mundo.

“Siempre está China.” Ese es el gran lema de los capitalistas cuando se enfrentan a un mercado saturado. Pero lo que es un mercado de alrededor de un billón y medio de consumidores puede también ser un espejismo. Y para los fabricantes de computadoras personales, el grito desesperado hacia China tiene sentido. China —tras una década de súper crecimiento— será el segundo mercado más grande del mundo computacional, después de Japón. En 2002, sus consumidores compraron 10.1 millones de PCs; y la demanda crecía al 15% anual.

A pesar de estas cifras, la PC sigue siendo incosteable para la mayoría de los chinos. Pero el inmenso apetito por la tecnología y el automejoramiento se acelera. Ya China es el mercado más grande para todo, desde ascensores hasta bombillos y teléfonos celulares.

Presencia de Leyenda

El glorioso futuro chino tiene a los grandes fabricantes de computadoras pe3rsonales salivando, buscando entrar. La gran sorpresa —como para los invasores que llegaban a la Gran Muralla— es una fuerza propia: el Grupo Leyenda. Es la dueña de la industria de las PC en China. En 2001, vendió 2.9 millones de unidades, tres veces más que IBM. Una dependencia de Leyenda, China Digital, ya era el principal distribuidor de productos HP, Cisco y Toshiba, siendo también indispensable en sistemas de integración y servidores. En 2002, con $3.5 billones de ingresos y un crecimiento anual del 35%, Leyenda ya era la quinta empresa más grande de China.

Lo que hace Leyenda para aventajar a la competencia foránea es aprovecharse de las ineficiencias burocráticas gubernamentales. Sabe cómo ofrecer un extenso servicio al cliente en una nación ampliamente analfabeta en cuanto a computación. Sabe cómo trabajar el escondido juego chino de “guanxi”: intrincada red social de tener buenos amigos en los lugares apropiados (cosa que ha frustrado en mucho a los foráneos).

Leyenda es también un poder fabricante que ha adquirido eficiencias americanas, en un ambiente poco americano. Ciudad Leyenda, en Beijing, es el cuartel general de acero y vidrio. De aquí salen las operaciones corporativas que producen “ene” computadoras por minuto, millones anuales. Es la más grande fábrica china automatizada, con seis líneas de producción en 3.000 metros cuadrados. Otra fábrica en Huiyang produce otra cantidad.

Convergencia ideológica

Leyenda creció estudiando las prácticas administrativas de sus socios norteamericanos, incluyendo a Microsoft e Intel: delegar responsabilidades, alentar el riesgo y recompensar a los empleados por sus contribuciones, conceptos largamente postergados por el sistema comunista. Liu Chuanzi, jefe máximo del Grupo Leyenda (ver abajo), alaba de los americanos “el sentido de mercado, la ética comercial y el orgullo por sus productos”, tradiciones que “no tenemos en China”. Aplicó así la disciplina y los incentivos capitalistas: aumentos salariales en base a los méritos, planes de pensión, compartición de ganancias, opciones en acciones.

Junto al lema de “una ideología, dos sistemas”, la política China de un solo hijo creó una generación de “jóvenes emperadores” que ven en los PC un puente hacia una mejor vida, y que contribuye a la prosperidad de la nación. Son los pequeños emperadores quienes se están uniendo a la revolución tecnológica que barre al mundo. Por eso es que los chinos ponen gran énfasis en cómo manejar las PC. Chuanzi va más allá de vender computadoras: “llevamos de la mano a quienes se intimidan con la tecnología”. Se dan clases en cientos de tiendas al detal.

China, tras ser admitida en la Organización Mundial de Comercio en 2001, lo cual facilitó la instalación de las grandes empresas tecnológicas foráneas (con la eliminación de tarifas de importación), ha logrado que el Grupo Leyenda mantenga el liderazgo en igualdad de condiciones. Pero los fabricantes foráneos quieren incrementar su participación, para lo cual tienen dinero, experiencia y habilidades para posicionar marcas en mercados emergentes. No sabemos cómo andará la cosa hoy, pero en 2002 por cada PC que vendía Dell, Leyenda vendía siete.

Un jefe capitalista.

Liu Chuanzi se graduó de ingeniero en 1966, año de la Revolución Cultural de Mao que lo envió a trabajar como campesino durante 4 años, “porque quien trabajaba en comercio era inferior”, dice Liu. Murió Mao y Deng Xioping exigió investigaciones tecnológicas. Chuanzi fue llamado. Le dieron $23 mil para su idea de computación, pero algunos revolucionarios lo birlaron y entonces montó una tienda de televisores a color, relojes digitales y patines, así como computadoras IBM y AST, impresoras HP y módems Hayes.

Chuanzí desmanteló las máquinas en su tienda para ver cómo colocaba caracteres chinos adentro, cosa que hizo con un artefacto de input/output que llevó el nombre de “Lian Xiang”, es decir, leyenda. Las primeras computadoras de la compañía eran clones, baratos. Para 1993, AST, IBM y HP tenían dos tercios del mercado chino. Leyenda mejoró la calidad tecnológica, bajó los precios y mejoró el servicio, explotando el sistema guanxi para obtener contratos gubernamentales. Para 1997, Leyenda era el vendedor número uno de PC en China.

Liu Chuanzi maneja una compañía grande; también tiene conciencia de que “siempre está China”; y es un héroe que sirve a su país, crea empleos y abre el camino capitalista que busca el comunismo hacia el futuro. Como dicen en las clases de computación de sus tiendas: “Bienvenidos al mundo moderno. La computadora es tu futuro, es el futuro de China”.

La presencia de Sina

En el frenesí de Shangai que ya se podía ver desde el 2005, Ben Tsiang era el joven vicepresidente ejecutivo para el desarrollo de productos en el portal Web más grande de China: Sina. Para entonces ya era un veterano del boom de Internet que navegaba entre nuevas compañías con la misma seguridad que esquivaba el tráfico alrededor de la sede de la empresa. Diez años antes, la gente de allá no sabía lo que Internet podía hacer por ellos. Ahora “las compañías de Internet están ayudando a los usurarios chinos a saltar como ranas hacia las principales tecnologías de punta y se está avanzando”, decía Tsiang.

Tsiang, quien aún no llega a los 40 años, era la cara de una nueva generación de emprendedores en la comunidad Internet que más rápido crecía en el mundo. Históricamente, las fuentes de noticia y de información para los ciudadanos chinos habían sido limitadas al manejo estatal de televisión y radio. Tsiang y sus pares se habían ganado una posición creando, “en casa”, browsers (navegadores), portales, y motores de búsqueda que ofrecían más contenido profundo y servicios de lo que generalmente podía encontrarse en las versiones chinas de los websites.

Como el resto de los altos ejecutivos de Sina, Tsiang fue entrenado en Occidente, donde formó sus actitudes respecto a información y negocios. Como persona proveniente de una familia prominente (su abuelo fue secretario general del líder taiwanés Ching-kuo Chiang), Tsiang nació en California pero creció y fue a la universidad en Taiwan. Como estudiante por graduarse en la Stanford University en 1995, co-fundó Sinanet, un servicio de noticias en línea dirigido a lectores del idioma chino fuera de China. Tres años más tarde, Sinanet se fusionó con una compañía líder china de tecnología informativa, software e Internet. El resultado fue Sina, un portal todo chino con énfasis en noticias y entretenimiento.

Desde cualquier punto de vista o medida, ha sido un éxito; hicieron su oferta pública en Nasdaq en 2000, y —como empresa establecida en Beijing— creció hasta ser —en 2005— una compañía de $200 millones con una nómina de 2.000 personas en el mundo; y también le había dado la bienvenida a su sitio a 100 millones de usuarios, prometiendo sobrepasar a los usuarios de Internet estadounidenses para 2007. El potencial de crecimiento de Sina ya era para entonces extraordinario.

El fortalecimiento de la posición de Sina como líder de noticias se expandió hacía búsqueda, e-mail y entretenimiento móvil. De hecho, el mercado móvil sobrepasó el 60% de los ingresos de Sina, a través de asociaciones con proveedores de servicio celular como Unicom y China Móvil; y Shanda Entretenimiento Interactivo, la más grande compañía de juegos de Internet china, compró entonces el 19.6 por ciento de Sina.

Pero los obstáculos abundan. Para Tiang, “Internet es un amplio campo de batalla”; las batallas de la Web en China se han sucedido de manera muy similar a Occidente, pero con la acción comprimida. Al expandirse, Sina ha competido con firmas más especializadas, como la empresa de búsqueda Baidu, también establecida en Beijing. Otro reto: Sina y otras compañías han tenido que ajustarse a estrictas regulaciones gubernamentales. Balancear la demanda del mercado —por medios de Internet, entretenimiento y juegos en línea— con la política estatal fue y es “un trabajo muy delicado”.

Tsiang se ha manejado con claridad en los negocios: “nunca hagas presunciones audaces de acuerdo con viejas percepciones. Regresa siempre a la data de mercado”. Ese es particularmente un buen consejo en un país de alrededor de 1.5 billones de personas, cuyos gustos se perciben a veces como uniformes, o al menos predecibles. Sina creyó originalmente, por ejemplo, que el más grande mercado móvil de Internet sería en ciudades inmensas como Shangai. Pero la demanda resultó más fuerte en Henan, una provincia rural del interior.

La experiencia de Tsiang contiene también lecciones mayores para las compañías Web del globo. Dice que no es suficiente lograr la tecnología y el modelo de negocios correcto, ya que también hay que comprender los bolsillos locales de cultura. A las compañías que capitalicen este conocimiento les podría ir bien en China, porque “aquí es donde estará la mayor parte de la acción”, dice Tsiang.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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