Valentina Marulanda MANDELA: EL LARGO CAMINO A LA LIBERTAD

“La prisión me había robado la libertad pero no los recuerdos”, desliza Nelson Mandela en una de las páginas de sus apasionantes memorias, hiladas con lujo de detalles y finísima prosa, desde su remota infancia en el seno de la tribu Tembu de la etnia xoxa, hasta el día en que toma posesión, tras las primeras elecciones libres, como primer presidente negro de Sudáfrica, en 1994. Y de esta manera entrega la clave para entender cómo un hombre que prácticamente sólo tuvo domicilio fijo al ser condenado a cadena perpetua, y recluido en la cárcel de máxima seguridad en la isla de Robben, en los confines de Africa —en donde, además de ser sometido a crueles trabajos forzados, no se le permitía disponer de un lápiz, ni de un papel, para no hablar de libros ni otros bienes—, ha podido entregar esta obra colosal, esta Biblia de la resistencia política y moral, hermosamente escrita, por demás: El largo camino hacia la libertad, editada en español por Santillana.

Todo en el perfil de Nelson Mandela —quien llegó a los noventa el pasado 18 de julio— es tan portentoso como su memoria, de la cual dan cuenta más de mil páginas que se recorren con emoción que no declina un solo instante. También son portentosos su fortaleza física y psíquica, su inteligencia, su audacia, su dignidad, su martirio de 27 años de prisión absoluta, y su lucha, que duró media centuria, contra el apartheid, uno de los capítulos más infames e irracionales de la exclusión racial en el planeta.

Que “el hombre valiente no es el que no siente miedo sino el que es capaz de dominarlo”, dice Mandela, valeroso, sin duda, como el que más. Pero si hay algo que impacta de este líder magnífico del siglo XX, africano de cuerpo y de alma, que causó unas cuantas tempestades y sobrevivió a otras tantas, para decirlo en sus palabras, es esa sabiduría que siempre se ha asociado al ser oriental budista y que se expresa en la paciencia, la templanza, el optimismo y la esperanza (“siempre supe que algún día volvería a sentir la hierba bajo mis pies y caminaría bajo el sol como un hombre libre”). Y fue libre, sí, sólo y al mismo tiempo en que lo fue su pueblo.

Esos valores lo llevaron a entender su lucha como un compromiso sin tregua, de todos los días y las noches, en todas las circunstancias, y a proyectarla en el larguísimo plazo, sin esperar resultados en meses ni en décadas. Una forma de hacer política del que no piensa en sí mismo sino en las generaciones de relevo, y en la historia. Su extraordinaria longevidad, sin embargo, le permitió asistir al desmantelamiento del inhumano régimen, y a la instauración de la democracia en su país, y además (vaya el crédito al novelista de Macondo), vivir para contarlo. “Fue el deseo de lograr la libertad para que mi pueblo pudiera vivir con dignidad y respeto hacia sí mismo lo que movió mi vida, lo que transformó a un hombre joven y asustado en un hombre audaz. Eso fue lo que convirtió a un abogado respetuoso de la ley en un hombre al margen de la ley, a un marido amante de la familia en un hombre sin hogar, lo que obligó a un hombre que amaba la vida a vivir como un monje”, dice Mandela en una de las lúcidas reflexiones que contiene su libro.

El movimiento de liberación que presidió y que reivindicó siempre, desde que empieza a militar en el Congreso Nacional Africano en la década de los cuarenta, no fue la lucha de una clase contra otra, ni de los negros contra los blancos, no, sino el enfrentamiento de un sistema discriminatorio y opresivo, lo que significaba, desde su punto de vista, liberar tanto al oprimido como al opresor. Por eso, al obtener su libertad en 1990, se propuso como meta “predicar la reconciliación” y sanar las heridas. Fue así como tendió una mano a quienes lo habían humillado, perseguido y condenado, en aras de buscar una paz basada en la justicia y la igualdad ciudadana. Este gesto, más que cualquier otro, le mereció el Premio Nobel de la Paz en 1993 y lo convierte en un ejemplo palpitante para todos los pueblos del mundo que viven en conflicto y están buscando una salida. Que no son pocos en este trepidante siglo XXI.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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3 respuestas a Valentina Marulanda MANDELA: EL LARGO CAMINO A LA LIBERTAD

  1. Claudio dijo:

    Lei el libro en inglés, casi 550 páginas. Escrito en típico ingles de excolonia inglesa, lo que me divirtió mas todavía (y siempre me parece mejor leer los libros «de primera mano»). No deja de asombrarme la falta de reproches y resentimientos de Mandela, y si en algun momento los hay son solo hacia si mismo. Un extraterrestre el tipo! Superrecomendable!

  2. Queridos amigos: Os invito a compartir un vídeo, que fue filmado en mi intervención en el encuentro de educadores que tuvo lugar en Barcelona, con motivo de los talleres dirigidos por Noemi Paymal sobre Pedagogía 3000. Su título es “Educar más allá de las creencias: liberando al corazón”. A ver qué os parece…
    La dirección para acceder a él es: http://vimeo.com/9374224
    Felices encuentros. Un cordial abrazo
    Carlos González

    P.D Temática del vídeo:
    ¿Cómo puede un maestro empoderar a sus alumnos? O lo que es lo mismo:
    ¿Dónde está nuestro poder para cambiar las cosas que no nos gustan, para cumplir nuestros sueños….? ¿Por qué no podemos aplicar todo lo que hemos aprendido en seminarios y talleres? ¿Qué nos impide como educadores enseñar de otra manera? ¿Qué pasa con nuestro valor…? ¿A qué tememos y por qué…?
    No existe la cobardía, sino los obstáculos al valor
    Esos obstáculos están en nuestras creencias, muchas veces invisibles para nosotros mismos. Reconocerlas y saber jugar con ellas es la clave para ceder el poder al corazón, y conseguir el empoderamiento de nuestros alumnos o hijos.
    Para más información:
    ladanzadelavida12.blogspot.com

  3. Alejandro Bill; Meza Ventura. dijo:

    Mis mas cordiales saludos amigos lectores, cuando lean un libro tan bueno como este, leanlo tantas veces como sea posible hasta tenerlo en el subconciente. Solo asi habras entendidi el mensaje.
    Saludos…

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