Cine PLACER, DOLOR Y PERDICIÓN

La lucha entre la razón y la emoción, de una parte, y entre la racionalidad política y la sensualidad íntima, de la otra, adquiere una notable dimensión expresiva en Pasiones peligrosas, título local —equívoco e infeliz— de Deseo y precaución, el más reciente film de Ang Lee que marca su retorno a la producción china y al mandarín, idioma de sus primeros filmes. Pero lo más importante es que el realizador nacido en Taiwán se explaya en su obsesión por la rebelión de los sentidos contra las reglas de conducta establecidas. En la Shangai de 1942, invadida por las tropas japonesas, Wong Chia Chi —muy bien interpretada por la debutante Tang Wei— es una bella universitaria que se ofrece para penetrar los círculos del gobierno chino colaboracionista con la intención de seducir y,  posteriormente, facilitar la ejecución del Señor Yee —el siempre magnífico Tony Leung—, sanguinario jefe de seguridad y responsable de la muerte de varios miembros de la resistencia antinipona. El encuentro de ambos personajes establece una relación de dependencia que deriva en conductas no convencionales hasta conformar un cuadro trágico e inevitable. La pasión es un elemento de transformación pero también de una condena prestablecida.

Como verdadero cineasta del mundo, Lee posee una cosecha impecable de 11 largometrajes —y 2 en preparación— que abarca, entre otros, sus tres primeros filmes en Taiwan —Pushing hands, 1992, El banquete de bodas, 1993, y Comer, beber, hombre, mujer, 1994— que ponen el acento en la rebeldía de la juventud frente a las tradiciones chinas; la celebrada El secreto de la montaña, 2005, que explora un drama homosexual en la Norteamérica de hoy; la adaptación de Sensatez y sentimientos, 1995, recreación del clásico de la escritora inglesa Jane Austen, que marca la rebelión contra las normas sociales; y la reinterpretación de las artes marciales en El tigre y el dragón, 2000, sin contar su desconcertante versión de Hulk, 2003, y la poco comentada Chosen, 2001, definitivo film de acción y persecuciones. Todo lo cual demuestra una inagotable capacidad de expresión en distintos campos de la creación cinematográfica. De alguna manera, en Pasiones peligrosas regresa a sus orígenes, es decir, a su eterno combate por la libertad afectiva, a su revuelta a favor de lo que surge desde lo más oscuro de sus personajes. ¿Qué puede explicar esa mezcla de dolor y goce que experimentan Wong Chia Chi y el tenebroso señor Yee?

Más que la resistencia china contra el gobierno colaboracionista, a Lee le interesa destacar la enajenación de ambos personajes, enemigos y amantes, condenados a la tragedia desde el momento en que ella  lo contacta con el único fin de conseguir su asesinato. Ella finge ser una muchacha sin intereses políticos mientras él pretende mostrar un rostro amable que esconde la brutalidad de sus tareas. Desde dos posiciones falsas, cada cual se aproxima al otro. Son dos mentiras amándose que con el tiempo terminan quitándose la careta. Hay mentiras personales y mentiras colectivas. Mientras el señor Yee lleva una vida social muy respetada, en sus calabozos se ejecutan muchachos idealistas. En este tipo de relación patológica pierde más una muchacha inocente que un desalmado asesino.

Algo que el guión de Wang Hui Ling y James Schamus, sustentado en un cuento de Eileen Chang, destaca de manera particular es la fascinación del ser humano por la trasgresión. De hecho, el  título en inglés Lust, caution expone la dimensión de esa audacia que desafía la prudencia para satisfacer el deseo. La lucha entre la lujuria y la precaución se concreta en una sexualidad desbordada que trasciende los límites del deber, de la sensatez, del objetivo final estatégico. Lo que importa es el aquí y el ahora.

Si en El secreto de la montaña Lee expresaba la represión social a un tipo de relación no aceptada como la homosexual, en Pasiones peligrosas aborda una relación heterosexual caracterizada por la violencia y el placer desgarrador, con escenas eróticas que expresan la desesperación de una afectividad inviable, destinada al fracaso. En este sentido, la excelente fotografía del mexicano Rodrigo Prieto y la sugerente música del francés Alexandre Desplat dramatizan aún más una desgarradora historia íntima. Una película admirable que reafirma la calidad de uno de los grandes directores planetarios.

PASIONES PELIGROSAS («Se, jie»), China y EEUU, 2007. Dirección: Ang Lee. Guión: Wang Hui Ling y James Schamus; basado en el relato de Eileen Chang. Producción: Bill Kong, Ang Lee y James Schamus. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: Tim Squyres. Música: Alexandre Desplat. Elenco: Tony Leung (Sr. Yee), Tang Wei (Wong Chia Chi), Joan Chen (Sra. Yee), Wang Leehom (Kuang Yu Min). Distribución: Cines Unidos.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Cine PLACER, DOLOR Y PERDICIÓN

  1. Cine chino, cine norteamericano, se mezclan… Película totalmente china, pero Ang Lee aprendió mucho. o al menos mostró su talento en el interesante film norteamericano «. Un inquietante, poderosamente erótico film. La cotidianidad de estos seres invadidos por japoneses, que tratan de «liberarse» de la opresión, se convierte en un infierno incontrolable. Tang Wei (Wong Chia Chi), personaje que se debate entre lo que debe hacer politicamente: un asesinato y su atracción hacia el japones, director de la policía Sr. Yee, representado estupendamente por Tony Leung.
    El erotismo refleja una violencia contenida que se desata en secuencias que van de la violencia al amor, sin pasar por «go». Hermosisimas y cargadas de un erotismo sin conseciones. Estamos cerca de ¨Hiroshima Mi Amor».
    La secuencia de un esbirro asesinado por los estudiantes muestra la dificultad de morir. Los jovenes lo acuchillan pero, como es a veces en la vida real, la muerte no llega.
    Majistral direccion de actores, decorados efectivos y discretos, musica sin efectos, o al menos, no aparentes. Un film extraordinario.

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