Alberto Rodríguez Barrera LA LEY DEL MIEDO

El sábado 18 de octubre 2008 la Guardia Nacional retuvo durante cuatro horas al profesor Fernando Mires —reconocido historiador, filósofo político y doctor en ciencias económicas y sociales, de nacionalidad alemana y origen chileno— minutos antes de que tomara su vuelo de regreso a Alemania desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Con el mismo afán intimidatorio con el que fotocopian pasaportes o expulsan del país a personas non gratas para el Gobierno, militares y representantes de la Comisión Nacional Antidrogas interrogaron a Mires durante cuatro horas: que qué hacía en el país, que cuánto dinero llevaba en el bolsillo, que quién lo invitó (“Ay, vale…de la UCV”, soltó uno cuando supo quiénes fueron los anfitriones), que si estaba dispuesto a someterse a un examen de orina para determinar quién sabe qué cosa. Ninguno de los agentes explicó a qué se debía el operativo en su contra, y durante ese trance, a Mires le fue negado el derecho a comunicarse con la embajada de su país para solicitar asistencia. Cuando los funcionarios y los diligentes representantes de la ONA se cansaron de amedrentar, dejaron al profesor abordar el vuelo de Lufthansa que esperó por él durante esas cuatro horas.

Fernando Mires viajó a Caracas invitado por la Universidad Central de Venezuela para ser orador de orden en el aniversario de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Un grupo de estudiantes chavistas también se encargó de sabotear su discurso.

¿A cuento de qué ocurre todo esto? ¿Qué persigue el Gobierno con estos actos de intimidación contra intelectuales, periodistas y miembros de organizaciones no gubernamentales, que se repiten cada vez con mayor frecuencia? ¿Qué es lo que tanto perturba al poder de lo que hacen, dicen y piensan estas personas?

Al menos en este último episodio parece haber una pista. Recordemos lo que Mires escribió acerca de Hugo Chávez en mayo de 2006, mucho antes de que publicara su libro titulado Al borde del abismo (Debate, 2008), dedicado en gran parte al caso venezolano; una referencia que hoy más que nunca es pertinente:

“Chávez es un gobernante que insulta a casi todo el mundo. (…) A diferencia de Castro, quien posee un excelente uso del idioma, Chávez tiene serias dificultades para articular una frase con otra, y por eso, podría pensarse, suplanta la retórica con el insulto. Sin embargo, hay en su enorme capacidad de injuria, un propósito que obedece –conciente o inconcientemente– a un cálculo muy frío. Los de Chávez son insultos cuidadosamente programados destinados a crear una zona de hipertensión emocional e impedir así que la política se articule en torno a algo que no sea él mismo. De este modo, él neurotiza la vida política hasta tal punto que resulta imposible, en medio de tanta injuria (…) que los polos que se forman alrededor de su persona puedan encontrar algún medio civilizado de comunicación”.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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