Alicia Freilich EL BENJAMIN BUTTON DE CADA QUIEN

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De la pluma de F. Scott Fitzgerald al cine de hoy

Gran calidad literaria de honda concepción filosófica, impecable cinematografía desde su equipo director, actoral, productor y editor, logro de una atmósfera narrativa mágica con musicalización perfecta, eso es El curioso caso de Banjamín Button. Muy al margen  de un premio Oscar, es una pieza fílmico-literaria para relectura continua.  Gracias al excelente cuentista y profesor venezolano Gustavo Díaz Solís, salud maestro, en esta semana de merecido homenaje a sus logros,  permita agradecerle públicamente  por aquellas clases ucevistas donde varias generaciones aprendimos a saborear la mejor  literatura escrita en inglés revividas ahora en este inusual cuento de Scott Fitzgerald que forma parte del volumen La Edad del Jazz (1921), punto de partida para el guión.  Inusual porque penetra la esencia país-persona en un tono muy introspectivo y poético cercano a su novela El gran Gatsby pero al unísono bien lejano a la ironía lacerante del escritor, cuando retrata sin piedad a un sector de su sociedad de principios del siglo 20, banalizado por una embriaguez física y mental en la que sucumbió trágica y precozmente  el  propio autor.

La cinta nos conduce desde New Orleans a la Norteamérica profunda de Faulkner, McCullers, Twain y otros, en un  viaje fluvial reflexivo, épico y lírico de 80 años partiendo desde la primera guerra mundial develando esas raíces culturales que trascienden racismo, politiquería interna y taras imperialistas. Al mismo tiempo, ese   recorrido por el Mississippi proyecta en cada espectador las etapas genéricas del amor: lúdico infantil, fantasioso adolescente, sensual juvenil, sexual adulto, paterno/maternal  maduro y el privilegiado amor  total de la pareja protagonista

No  es casualidad que sea en este momento muy difícil del país cuando un  proyecto artístico tan ambicioso, de argumento metafórico con densa hermosura literaria y exigencias técnicas tan complejas, aparezca en un logro definitivo como un espejo  móvil de su contexto múltiple donde impera lo humano contradictorio, bien imperfecto. Y siempre fijas allí, la piedad para con el débil y diferente, el perdonar desde el arrepentimiento, en fin, la redención.

Vale entonces recordar una certeza que ya suena a lugar común pero no lo es y menos en estos días. Los Estados Unidos de Norteamérica se han forjado al modo de un gigantesco y poderoso río donde confluyen diferentes cuerpos, almas diversas, dioses  distintos, lodo y joyas preciosas, y por eso mismo, al paso de las horas, puede resistir el  estrago que ocasionan sus propios remolinos, vendavales cercanos y hasta los violentos  huracanes que le vienen de afuera, emergiendo de cada crisis, desde el error y la caducidad,  como Benjamín Button, pequeño y viejo botón que se puede recoser una y tantas veces, este nuevo ser extraño y  rescatado, presente y provisor.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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