Cine UNA OPORTUNIDAD EN LA VIDA

quisiera-ser-millonario-3

El drama de la intolerancia y la necesidad de una esperanza

No es la India de Gandhi ni de la madre Teresa de Calcuta, tampoco la del Taj Mahal y de la espiritualidad profunda que estamos acostumbrados a ver en las películas. Es la otra India, implacable y dura, que ha devenido en potencia industrial y en gran mercado del lujo, a pesar de sobrellevar una de las pobrezas más terribles del planeta. En los suburbios de Mombai ubica Danny Boyle Oscar como mejor directoruna historia fantástica, que elude el realismo de la lástima y toma mucho de Oliver Twist, para plantear una esperanza en medio de la miseria. La deuda con Charles Dickens es clara desde el principio aunque trasciende el relato infantil y juvenil y termina ironizando sobre el éxito, el dinero y el poder de los medios en la sociedad contemporánea La verdad es que Quisiera ser millonario no tenía rivales en la contienda del Oscar, como no los tuvo en la competencia de la academia británica. No porque Milk de Gus van Sant o El luchador de Darren Aronoswki fuesen películas mediocres —nada que ver— sino porque el film del realizador inglés asumió riesgos narrativos más intensos y mejor logrados, con un tono sorprendente de modernidad tanto en el dilema humano que plantea como en la forma de contarlo.

La película se fundamenta en la exitosa novela Q & A del diplomático indio Vikas Swarup que parte de la ilusión de abandonar la pobreza a través de la participación en la versión local del programa ¿Quién quiere ser millonario? para expresar las profundas contradicciones sociales de su país. La adaptación la escribió Simon Beaufoy —Oscar como mejor guionista, el mismo de la recordada Todo o nada (”Full Monty”), quien acentuó el uso del humor y de lo fantástico en ese duro cuadro colectivo. Quisiera ser millonario se construye sobre la base de tres líneas narrativas muy distintas. La primera, en el presente, expone la tortura policial contra un muchacho a quien acusan de hacer trampa en el programa de televisión. La segunda, también en el presente, muestra la participación del chico en ¿Quién quiere ser millonario?, con las respuestas adecuadas ante la sorpresa del público y la burla del fatuo conductor del espacio. La tercera línea narrativa, que comienza en el pasado, narra la trayectoria de Jamal Malik desde su niñez en la miseria hasta el momento en que participa en el programa de televisión. Es un slumdog lo que en Venezuela se denomina despectivamente el perraje que gana en cada pregunta porque su vida le ha dado las respuestas correctas. No las ha encontrado en la escuela o en los libros. Ni siquiera sabe quien era el tercer mosquetero de Dumas, a pesar de que su hermano Salim y él se consideran Atos y Portos. Pero lo más importante es que Jamal no concursa por los 20 millones de rupias sino para rescatar a Latika, el remoto amor de su infancia.

Dueño de una respetada filmografía, Boyle ha dado muestras de grandeza en su debut en el largo cinematográfico Tumba al ras de la tierra (1994), en la impactante Trainspotting (1996) y muy especialmente en Millones (2004), una comedia infantil sobre la codicia que nunca se exhibió comercialmente en Venezuela,  al lado de piezas menores como Una vida menos ordinaria (1997) y La playa (2001), que zigzaguearon sin rumbo definido.

En el caso de su reciente y premiada película, el realizador nacido en Manchester hace 52 años establece las expresiones de la injusticia social y religiosa de India. Jamal y Salim pertenecen a la minoría musulmana en una sociedad dominada por el hinduismo. El fanatismo y la intolerancia los convierte en huérfanos en una escena que define el tono del drama. Pero la crueldad tiene muchos ingredientes. La explotación, la mendicidad, el tráfico de niños y de órganos conforman una realidad deformante signada por la violencia. Pero todo esto es sólo una parte de la sociedad india, que tiene otras expresiones mucho más humanas y de mayor belleza. Un país de contrastes. Esto conforma la medula dramática del film: el contraste entre la pobreza y la esperanza, entre el amor y el miedo, entre la bondad y la explotación. Pero sobre todo Boyle destaca la importancia de la oportunidad, el momento justo en el lugar adecuado para saltar de la realidad a la posibilidad. Esos muchachos sólo buscan su oportunidad. Pero no todos la consiguen.

Aunque su excelente actor principal, Dev Patel, es un muchacho londinense de origen indio con cierta experiencia teatral, la mayor parte del elenco, en especial los intérpretes más jóvenes, no son actores profesionales y provienen de los mismos sectores sociales que presenta la historia. Hablada en inglés y en hindi, la película se mueve entre el drama y la comedia a través del trabajo sorprendente de Chris Dickens —Oscar al mejor montaje—, quien maneja los tres hilos narrativos de una forma absolutamente coherente. Si a esto se le añade la sobrecogedora y vanguardista fotografía de Anthony Dod Mantle —otro ganador del premio de la academia de Hollywood— tenemos una ambiciosa producción británica que apostó a la innovación y la exploración —costó apenas 15 millones de dólares, una tontería para los estándares de Hollywood— para situar un drama en el campo de la esperanza y lo posible.

Hay que enfatizar que Quisiera ser millonario es una producción de nacionalidad británica aunque haya sido rodada en India y haya tenido la codirección de la realizadora india Loveleen Tandan, con artistas y técnicos de ese inmenso país. Los nexos entre Gran Bretaña e India son los mismos de un ex imperio y sus ex colonias, como los que han mantenido España, Francia y Holanda, pero en este caso la cooperación ha ofrecido una visión que va más allá de lo tradicional. No es Un pasaje a la India de David Lean ni el Gandhi de Richard Attemborough. Es la constatación contemporánea y brutal de las graves contradicciones del mapa globalizado pero que, al mismo tiempo, los seres humanos mantienen la esperanza de un mundo mejor. La escena de los créditos finales, claramente diferenciada del resto de la película, es un homenaje musical a esa esperanza.

QUISIERA SER MILLONARIO (“Slumdog Millionaire”), Gran Bretaña, 2008. Dirección: Danny Boyle con la colaboración de Loveleen Tandan. Guión: Simon Beaufoy, sobre novela de Vikas Swarup. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Música: A. R. Rahman. Montaje: Chris Dickens. Intérpretes: Dev Patel, Anil Kapoor, Freida Pinto, Irrfan Khan y Madhur Mittal. Distribución: Cines Unidos.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en 1 y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s