Isabel Pereira LA FÓRMULA ACARIGUA

isabel-pereira-1Acarigua, 31 de marzo, 8:00 pm. Reunión de empresarios portugueseños. Juan Ignacio Riquezes, con el liderazgo que le es propio y ante la atenta mirada del auditorio, comienza su discurso: «Después de un profundo diálogo entre todos los sectores —agrícola, industrial y comercial— nos atrevemos a lanzar las bases de un pacto social entre empresarios y trabajadores. Nuestra propuesta tiene tres puntos. Primero, incremento voluntario del salario mínimo del sector privado en 41,25% de la siguiente forma: a) 31,25% (BsF 1.050,00) a partir del 1 de abril, y b) 10% (BsF 1.130,00) desde el 1 de septiembre. Segundo, pactos entre trabajadores y patronos para incrementar la producción, que generarán los siguientes beneficios: a) bono de productividad de un mes de salario, en diciembre, al alcanzar las metas de aumento de la producción; b) incremento en la participación de los trabajadores en las utilidades del 15% al 20%, tras alcanzar las metas de crecimiento de la producción. Tercero, convenio entre empresas y consejos comunales, los cuales significan asistencia técnica en proyectos comunitarios y provisión de alimentos a precios solidarios»

Para la implementación de este nuevo modelo de alianza, se proponen formalizar acuerdos con los agremiados. A partir de abril, sobre las modificaciones del salario mínimo; en mayo, avanzar en los pactos entre trabajadores y patronos sobre la productividad; y en junio, los convenios entre consejos comunales y las empresas. Simultáneamente, se desplegará una campaña informativa que invite a las fuerzas vivas y gremios del estado Portuguesa y de otros estados a emular esta Alianza Social-Empresarial.

Los objetivos, tal como lo declaran estos emprendedores del estado Portuguesa, son los siguientes: restaurar el deber ser, es decir, crear un país donde trabajadores y empresarios unidos respondan a las coyunturas que descalabran el país, generando el camino para la discusión de un nuevo pacto social. «Queremos poner el énfasis en la sociedad civil, en el trabajo y la producción; redefinir las relaciones patronos-trabajadores, gobernantes-gobernados, productores-consumidores, y, lo más importante, entre empresas-comunidades». Esta idea la expresa un industrial que vive en su cotidianidad los efectos de una conflictividad laboral dirigida por sindicatos orientados, paradójicamente, por las autoridades laborales y cuyo único fin es estatizar su empresa.

Esta audaz declaración muestra que las posibilidades para cambiar el rumbo de nuestro país son reales. Una calurosa oleada de manos alzadas en señal de aprobación, fue la respuesta a la invitación de Riquezes. Uno a uno los involucrados planteaban su parecer. Un curtido productor acota: «Esto significa que asumamos el liderazgo de una vez por todas y saltemos al ruedo con todos los riesgos que implica cumplir las bases de este pacto, que une a empresarios y trabajadores tras la meta de aumentar nuestra producción y productividad».

Por todas partes la palabra más repetida es voluntad. En medio de este magnífico encuentro se refleja la enorme potencialidad de los seres humanos, que libre y voluntariamente se proponen evadir todos los escollos que impiden crear una nueva realidad. «Estamos empeñados en este pacto a pesar de las trabas para los productores que imponen las políticas económicas del Gobierno, basadas en controles, regulaciones de precios, importaciones masivas y en brutales ataques a la propiedad, que ahuyentan las inversiones y niegan totalmente la seguridad jurídica de nuestras empresas. Los recursos son muy escasos, pero estamos plenamente conscientes de nuestras capacidades, del conocimiento, la experiencia y, sobre todo, de la voluntad que nos anima para lograr estos objetivos».

La reunión acaba, quizás, sin haber aquilatado la enorme trascendencia de este poderoso acto que propone de un solo golpe acabar con las visiones mezquinas y la culpabilización de los unos a los otros. Frente al entusiasmo colectivo y la solidaridad que brota de la conciencia de cada uno de los involucrados, no valen las amenazas que desde el poder suenan a derrota. Sobran las estentóreas palabras: Si te pones cómico, te expropio.

Este visionario acuerdo demuestra que no es a través de la arbitraria imposición de controles, regulaciones y ataques a la propiedad, como pueden resolverse los graves problemas del país. No se trata de una guerra, sino de la búsqueda de acuerdos como el que sabiamente propone la fórmula Acarigua.

Lo que acabo de contar no es un episodio imaginario. Los personajes y sus palabras han sido transcritos fielmente de la realidad. Sucedió en Acarigua.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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