Trino Márquez ¿DIJO USTED BLINDADA?

Hace un año cuando los síntomas del estancamiento y deterioro de la economía internacional eran evidentes, al teniente coronel -quien cree que gobernar consiste en acuñar frases ingeniosas, como si se tratase de un creativo de una agencia de publicidad- se le ocurrió decir en cadena nacional que Venezuela estaba blindada frente a la crisis del capitalismo, pues la sabias y previsivas políticas de su gobierno, se habían anticipado a esos avatares, y por esa razón la nación saldría airosa de las turbulencias. El Banco Central de Venezuela no ha tenido más remedio que desmentir las ilusiones del primer mandatario. La realidad ha resultado demasiado difícil de adulterar. El país lleva dos trimestres viendo caer su PIB, y por más de las maromas numéricas que invente el comandante y su ministro de Finanzas, el circunspecto Alí Rodríguez, el país se encuentra en una fase  recesiva.

Las malas noticias no se agotan aquí. El año que viene no pinta mejor. Mientras otros países crecerán, unos a tasas moderadas, otros a un ritmo más dinámico, Venezuela podría ver retroceder su PIB en -3.0%, una verdadera catástrofe que vendría a sumarse al vertiginoso descenso registrado en 2009 en rubros como la producción de alimentos, que cayó 7,3% en el segundo trimestre de este año; el comercio, 9.67 en lo que va de 2009 año; y la manufactura,  en 11.5%. A estos indicadores hay que agregar la elevación del desempleo abierto, pues el encubierto (la informalidad) se sitúa por encima de 50% de la fuerza laboral, la disminución de los aportes a las misiones, que sufrieron una merma de 34.7%, y la caótica situación de PDVSA y de la actividad petrolera en general, que vio contraer su producto en 9.5%, a pesar del aumento de la demanda de crudo en el plano mundial.

Resulta que a pesar de la vocinglería y espavientos  del teniente coronel, no estábamos tan blindados como pretendió hacernos creer. La política intervencionista, en extremo dirigista y reguladora, el acoso a la propiedad privada, y las confiscaciones y expropiaciones, están produciendo los resultados  que se esperaban. Ese cóctel Molotov estalló y las quemaduras las están sufriendo todos los venezolanos, pero con especial rigor los más pobres, los más vulnerables. A estos grupos la inflación los está golpeando con crudeza. Los disparates del gobierno, entre ellos la fijación de cuotas obligatorias que conminan a los fabricantes a producir mayor cantidad de rubros regulados que de rubros liberados, han provocado la merma de la producción de alimentos. La disminución de la oferta ha elevado los precios o ha generado escasez y desabastecimiento, razón por la cual el consumo se ha desplomado en alimentos de la cesta básica como la harina de trigo y de maíz, leche en polvo, sardinas y atún en latas. Ya el gobierno no cuenta con petrodólares para importar en las escalas que lo hizo en 2006 y 2007, lo cual torna más difícil la situación..

El socialismo del siglo XXI se ha transformado en un calvario para los más pobres. El dinero que ganan no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas. Comen poco y mal. Carecen de luz y agua. Se encuentran asediados por el hampa. La jornada laboral, para los que tienen la suerte de contar con un empleo fijo, se extiende hasta 12 horas diarias, pues ir y venir al trabajo les toma al menos cuatro horas al día.

Los desaciertos del gobierno en materia económica son tan abultados que hasta los economistas socialistas la critican. Cuestionan el alto nivel de endeudamiento interno y externo y  el anclaje del tipo de cambio, factor que desestimula la inversión en el país, les resta a los productores nacionales capacidad de competir en condiciones ventajosas con los empresarios de otras naciones y continúa favoreciendo la importación a pesar de las restricciones impuestas por CADIVI en la entrega de divisas.

El modelo colectivista y estatista impuesto por Hugo Chávez, su socialismo del siglo XXI, ha conducido a una disminución notable de la calidad de vida de los venezolanos. La nación aparece  entre las menos favorecidas del continente, de acuerdo con Índice de Prosperidad Legatum, firma de inversión mundial dedicada a invertir y promover el desarrollo sostenido en todos los países del mundo. Esta firma evalúa el ambiente que ofrecen las naciones para atraer capitales y fomentar las mejores condiciones de vida para sus ciudadanos. De acuerdo con estos expertos, Venezuela aparece en el puesto 74, entre 104 naciones consideradas. Lo más irónico es que se encuentra por debajo de Bolivia, casilla 73, y de Ecuador, casilla 71, dos de los países cuyos presidentes se han aprovechado de la magnanimidad irresponsable del comandante vernáculo.

Mientras otros países del planeta están saliendo de la crisis económica, y algunos de la OPEP ni siquiera padecieron sus efectos más benévolos, Venezuela está ingresando en ella,  gracias a la incuria y atraso del teniente coronel y el equipo de ineptos que lo secunda.

Quienes sí se han blindado  frente a la crisis son los boliburgueses y los que integran el entorno presidencial. Ellos sí  han formado a su alrededor una coraza de billetes. A cambio de este blindaje se les exige que no evidencien ningún apetito de poder político, de lo contrario pueden parar con sus huesos en la DISIP.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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