Letras DEL EXILIO NADIE REGRESA

Tomás Eloy Martínez retoma el tema del exilio, en este caso el personal.

La más reciente novela de Tomás Eloy Martínez se mueve entre dos tiempos y dos situaciones notablemente distintas, tanto en el plano colectivo como en el campo personal. Simón Cardoso y Emilia Dupuy pertenecen a una Argentina que permanece en la memoria, sangrientamente signada por la dictadura de finales de los años setenta, pero también echa ancla en el momento actual, en una localidad de la costa este de los Estados Unidos, como expresión de la necesidad de saldar cuentas en el terreno afectivo pero también en el nacional. Dos personajes separados por la violencia y el horror constituyen el nervio central de una historia que se desplaza de la memoria de una época —el Mundial de Fútbol, la fama boxística de Ringo Bonavena, los montoneros perseguidos, las desapariciones masivas, las películas de Torre Nilsson— hasta la incierta conciencia del presente en un país distante, en el mundo técnico de la cartografía. En 1976 Simón desaparece. Dicen que lo mataron los militares. Pero su esposa Emilia no se resigna y pasa tres décadas buscando un reencuentro que finalmente se realiza en un restaurante de Nueva Jersey, casi por azar. Ese es el punto de partida de Purgatorio, novela de la ausencia y el recuerdo, del reacomodo y la supervivencia, del sueño y la realidad. También es su punto de llegada, como si ambos extremos pertenecieran a una noción irremediable. Porque, como dice un tercer personaje, del exilio nadie regresa.  

  

En realidad, Purgatorio es la novela de Emilia Dupuy, más que de una pareja, porque es ella quien establece el nervio central de la narración y quien expone sus afectos, sus dudas, sus memorias. Simón Cardoso es su motivación, su objetivo a alcanzar, su gran premio en la vida. Ella es una mujer en su sexta década de existencia que se atreve a vivir —fuera de Argentina, liberada de la presencia opresora de su padre, distante de un tiempo que acecha en cada esquina del alma— el reencuentro con su esposo. En una mesa de un  sucedáneo ficticio de la cadena Ruby Tuesday, ella descubre la voz de Simón, lo divisa a pocos metros, lo detecta, lo identifica. La búsqueda se acerca a su final. Sólo que Simón luce exactamente como cuando desapareció. Su aspecto físico es el de un hombre que atraviesa sus tempranos treinta años, como cuando entró en la nada. Pareciera que el tiempo no ha pasado, que sólo hubo un paréntesis, que la vida es como antes, con la fogosidad del sexo de entonces, las emociones de aquellos años, de las dudas de una etapa de la vida. Ella salda sus cuentas. Y desaparece.  

Lo que subyace en esta historia es el sentimiento de una ausencia, de una especie de exilio personal. Las acciones y los pensamientos del doctor Dupuy —padre de Emilia, cabeza autoritaria de una familia bonaerense y figura definitiva del régimen militar— cruzan buena parte del relato, marcando la dimensión dramática de las desapariciones, la represión y la generación del terror. Su visión del país representa la versión oficial. Como personaje permite la reconstrucción del proceso histórico que condujo al golpe militar. El manejo de los hilos del poder, la manipulación de la opinión pública, la generación de fortunas inmediatas y el diseño de una política de represión. Una de los pasajes más curiosos de Purgatorio refiere a un eventual encuentro entre el doctor Dupuy y Orson Welles, a quien pretende contratar para que filme la gran película sobre la Argentina de “Dios, Patria, Hogar”.  El contraste entre uno y otro punto de vista expresa los límites o los alcances de cada cual. Ficción y realidad vuelven a confundirse como un recurso de la memoria.  

En cambio, el punto de resistencia se halla en Emilia, no tanto en lo político sino en lo humano, lo afectivo, lo emocional. Ella no participa de las acciones militantes contra la dictadura, como sí lo hace Simón. Porque no le interesa, porque ignora el drama argentino, porque vive sólo en términos de su amor. Emilia ostenta cierta ceguera voluntaria. Por eso alberga, en los albores del siglo XXI, la esperanza de encontrar a su marido y también por eso ha atravesado Río de Janeiro, Caracas, Ciudad de México y otros lugares en su búsqueda. Una esperanza que le permite llevar una vida mediocre, rutinaria, apacible, con sus manías, sus amigas, su trabajo. Ella aguarda… hasta que encuentra.  

El tercer personaje guarda mucho del narrador argentino. Suerte de testigo que observa las conductas y actitudes de una mujer que le ha contado su vida y que le ha prometido presentarle a su marido en un restaurante que ya no existe. Hacia la segunda mitad de la novela se evidencia que su punto de vista ha dominado la narración desde las primeras líneas, involucrándose poco a poco en la vida de Emilia. Este enfoque establece una nítida giro con respecto a las novelas anteriores de Martínez —Santa Evita. La novela de Perón, La mano del amo,El cantor de tangos y El vuelo de la reina— inscritas en la observación histórica a través de la ficción, pero sin la mirada íntima y femenina de su personaje actual. Un escritor que asume el dolor de Emilia como propio, que se siente fascinado y aterrado al mismo tiempo por su obsesión. Él es quien la despide mientras ella va en busca de un velero para remontar el río con su Simón, porque el río bajo y estrecho “se va a volver ancho para nosotros”.  

PURGATORIO. Tomás Eloy Martínez. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S.A. de Ediciones, Buenos Aires, 2008. 296 páginas.  

  

 

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Letras DEL EXILIO NADIE REGRESA

  1. Marcelo dijo:

    Trelew, Perón y Evita
    Fueron historia absurda
    y distinta de tu mano
    lúcida, implacable, generosa

    Le escapaste a la muerte
    en los setenta
    y perdiste a tu mujer
    en otro absurdo
    cruzando una calle en Nueva Jersey

    Cuantas muertes te rodearon ¡Tomás!
    Viniste a morir a nuestra tierra
    Tranquilo y perfumado (por las dudas)
    tus hijos cerca, y tu literatura

    Pediste que el sepelio fuera
    con música y gin tonics
    ¡Cuánto enseñaste, Eloy,
    hasta el final!

    Para mí seguís en la Argentina
    que tanto amaste.
    Vivo, en aquellos libros tuyos
    que aún no leí.

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