Letras VIAJE AL INTERIOR DE LISBETH SALANDER

El segundo libro de Millenium arroja luces sobre Lisbeth Solander a través de una trama de intenso suspenso

Hola amigos. Les deseo la máxima felicidad posible en 2010, a pesar de todos las advertencias de la lógica. Para iniciar el año les ofrezco mis opiniones sobre La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. El segundo título de la serie Millenium le permitió al fallecido periodista sueco Stieg Larsson desarrollar un intenso viaje al interior y al pasado de Lisbeth Salander, ese peculiar personaje del inframundo de Estocolmo que saltó a la fama en Los hombres que no amaban a las mujeres, cabeza de playa del mayor fenómeno editorial de Suecia y de Europa en los últimos años. En La chica que soñaba… ella adquiere mucho más importancia que Mikael Blomkvist —verdadero personaje central de la novela anterior— y se convierte no sólo en el hilo conductor de la trama sino en la motivación personal del autor para comprender las miserias cotidianas de una sociedad de avanzada. Ella abre la narración y la empuja con fuerza hacia un final que ha sorprendido a muchos, tras correr situaciones insólitas y muy contundentes. Se convierte en una heroína de nuevo cuño, más acorde con este mundo implacable que vivimos en el que las cosas —demasiado a menudo— no son lo que parecen.

Las cuatro partes en que se divide la novela —Ecuaciones irregulares, From Russia with love, Ecuaciones absurdas y Terminator mode— conforman un cuadro dramático signado por el tráfico de personas desde Europa del Este hacia Suecia, el asesinato como instrumento de “trabajo” de las bandas del crimen organizado y las indeseables herencias de la Guerra Fría. Larsson se permite, en primera instancia, la reconstrucción del pasado de Lisbeth como una forma de comprender las razones de su conducta y las motivaciones de sus afectos. Se trata de un recurso narrativo no muy original pero efectivo que permite, en segundo término, buscar en su pasado el hilo que disparará la trama de persecuciones y asesinatos gracias a la participación de un tenebroso personaje descolgado desde la extinta Unión Soviética. La tercera parte dibuja el complejo sistema de complicidades y responsabilidades que intervienen en el asesinato de dos periodistas de la revista Millenium y, finalmente, la resolución dramática de una investigación marcada por la muerte y la tortura. Dicho de esta manera, el desarrollo de la trama pueden parecer simplista, pero la construcción de personajes y acciones le confiere cierta complejidad a una novela que pudo haberse limitado a ser un best seller.

Mientras dos periodistas frelancers de la revista Millelium investigan las conexiones del contrabando de muchachas con la corrupción del sistema de justicia sueco —vaya, vaya, ¿dónde quedó la imagen de un país modélico?— en circunstancias oscuras, Lisbeth  retorna desde el anonimato de un largo periplo por el mundo, disfrutando los tres mil millones de coronas que tomó de un corrupto empresario financiero, sin el consentimiento de nadie. En este sentido, Larsson no propone una visión moral sobre lo correcto o lo incorrecto, como lo demuestra el desarrollo de la trama. En especial cuando se refiere a la bivalente sexualidad de su personaje femenino, a la forma como toma venganza contra “los hombres que no aman a las mujeres”, a su disposición a matar sin remordimiento alguno y a su capacidad para emocionarse como una niña. Ella es un personaje que se rige por sus propias reglas y hace caso omiso a las normas de la sociedad. Lo interesante es que Larsson sitúa la ética personal de Lisbeth Salander en el marco de la corrupción del poder judicial sueco y en las complicidades tejidas en los sistemas policiales y de seguridad. No hay que olvidar la trayectoria periodística del autor y su conocimiento de las redes del delito.

La construcción de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina no pretende establecer tendencias literarias ni mucho menos. En su escritura se aprecia el nervio expositor del periodista aliñado con una cierta pericia narrativa para la sustentación de una ficción muy parecida a la realidad. Esta vez Larsson parte de la cruda realidad de lo que en Europa llaman simplemente trafficking, es decir, el secuestro y esclavitud de muchachas de la antigua órbita comunista —rumanas, búlgaras, albanesas, etcétera— sometidas al comercio sexual en los llamados países de la libertad y la democracia de la Europa contemporánea. Se torna evidente el pesimismo del autor sobre la justicia y los derechos humanos en la primera década del siglo XXI.

Aún así, la trama deja cabos sueltos —el chico que Lisbeth conoce en Granada desaparece como si nada, la renuncia de Erika Berger se queda en el aire, la relación de Lisbeth con Miriam Woo parece no ofrecer futuro, la súbita aparición y desaparición del boxeador Paolo Roberto apenas funciona como un comodín de la trama— que parecieran prometer continuidad en la tercera entrega de Millenium, titulada en español  La reina en el palacio de las corrientes de aire. Lo que es más importante se halla en la relación entre este peculiar personaje femenino y Alexander Zalachenko, relación que trasciende los requerimientos de una trama de intriga para convertirse en una exigencia de la definición de la personalidad de Lisbeth Salander.

Lo que me sigue pareciendo lamentable es la localista traducción de Martin Lexell y Juan José Ortega Román para la Editorial Destino. No porque sea infiel al texto original —no tengo elementos para pensarlo porque no hablo sueco— sino porque está muy mal escrita en español. No me refiero sólo al indiscriminado uso de voces propias y limitadas de España —donde se encuentra apenas el 10 por ciento de los hispanohablantes en el mundo— sino sobre todo a la construcción del texto, con errores gramaticales y de estilo. Hizo falta un buen corrector profesional.

LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA, MILLENIUM 2 («Fklickan somlekte med elden. Millenium 2») de Stieg Larsson. Traducción del sueco de Martin Lexell y Juan José Ortega Román. Ediciones Destino, Barcelona, 2008. Segunda reimpresión en Venezuela por Editorial Planeta Venezolana, octubre de 2009. 749 páginas.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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