Letras EL FRACASO DE LOS NACIONALISMOS

Para decirlo de entrada, Jorge Volpi se rebela como un pesimista entusiasta —lo opuesto a un optimista irresponsable— en su más reciente ensayo, El insomnio de Bolívar, concebido como un conjunto muy bien articulado de reflexiones alrededor del pasado, el presente y el futuro de América Latina, a propósito de las celebraciones del bicentenario de sus independencias. ¿Hay algo que celebrar? ¿Existe realmente América Latina? ¿Es un continente identificado por sus raíces culturales, lingüísticas, políticas y religiosas de sus muy diferentes naciones o simplemente un grupo de países muy heterogéneos cada vez más aislados y más distantes los unos de los otros? Son preguntas válidas para una región del planeta que ha venido perdiendo interés en el mundo del desarrollo. Estados Unidos, Europa y Asia se ocupan cada vez menos de los pueblos y ciudadanos ubicados al sur del Río Grande.

Ganador el año pasado del premio Debate de Casa de América, en Madrid, y estructurado en cuatro «consideraciones intempestivas», el nuevo libro del escritor mexicano parte de una párrafo de la Primera carta de Jamaica, de Simón Bolívar, que concluye con esta frase: «Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria».  Dos siglos atrás, el héroe caraqueño no sabía cuál sería «la suerte futura del Nuevo Mundo» ni cuál «la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar», pero sí entendía la necesidad de la unión de todos estos países que muy prontamente dieron paso a los nacionalismos que desmembraron la posibilidad de la gran nación latinoamericana.  Como expresión personal, Volpi relata que fue en Salamanca, a los 28 años, donde descubrió que «siendo mexicano también era —ay— latinoamericano», mientras cursaba filología hispánica. Tal hallazgo le permite ilustrar el inmenso desconocimiento que ostentamos desvergonzadamente sobre los otros países latinoamericanos. Como producto del fracaso de los nacionalismos.

La primera de sus consideraciones, identificada como Deshacer la América, pone en revisión el concepto mismo de la denominación América Latina, a partir de la situación actual de distintas repúblicas que se aprestan a celebrar sus respectivas declaraciones de independencia, por una parte, y declara que la representación ideológica de los dictadores, guerrilleros, jefes  militares, caudillos democráticos y hasta los autores del boom literario y del realismo mágico, en particular, son presentados como figuras sustitutivas de los personajes y datos más significativos de la cruel realidad de nuestro continente iberoamericano. Dicho en dos platos, siempre nos han percibidos —y hemos querido que nos percibieran— a través de la mitología y no por nuestra propia especificidad histórica, cultural, social y económica. Volpi se pasea por Santa Cruz de la Sierra, Caracas, México, Santiago, Managua, Cartagena, Buenos Aires, Asunción, La Habana y Port of Spain para dar cuenta de nuestra terrible desarticulación como identidad continental.

El segundo cuerpo de sus reflexiones, bajo el título de La democracia en América (latina), es aún más cruento que el primero, en la medida en que desmonta los mitos de la democracia en nuestros predios, con particular énfasis en la mediocridad de la clase gobernante, la corrupción que se ha extendido como mancha indeleble, las miserias tan exóticas del mesianismo histórico y la grave injusticia social que se ha potenciado en todos nuestros países. Otorga una importancia especial a la figura del nuevo caudillo democrático, figura que puede contener por igual a personajes tan dispares como Hugo Chávez y Álvaro Uribe, Vicente Fox y Evo Morales, etcétera, unidos por cierta «propensión al populismo, los mismos tics mesiánicos, la misma tentación salvadora y, sobre todo, la misma íntima desconfianza hacia las reglas democráticas», para concluir posteriormente en que los outsiders tomaron el rumbo de los gobiernos y que en el siglo XXI latinoamericano «un político no puede parecer un político». En todo caso, con liberales o marxistas, la democracia tiene una deuda con los más pobres.

Volpi se toma una licencia personal en su tercer grupo de consideraciones, titulada América Latina, holograma, al abordar con lujo de detalles y alta precisión la situación de nuestras letras, a partir del necesario deslinde de una nueva generación de escritores del célebre boom literario de los sesenta y los setenta y del realismo mágico. Dos congresos de narradores, el de Madrid en 1999 y el llamado Bogotá 39 en 2007, le permiten establecer las fronteras de los creadores hispanohablantes que nacieron después de 1960 y comenzaron a publicar a finales del siglo pasado. Algunos conocidos —como el colombiano Santiago Gamboa, el argentino Rodrigo Fresán, el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez o el peruano Santiago Roncagliolo— conviven con los nuevos nombres de la escritura en nuiestras naciones, bajo la conducción del chileno ya fallecido Roberto Bolaño y al amparo de una premisa: «si una tendencia ha prevalecido en América Latina ha sido su falta de memoria», para concluir que «tuvieron que ser los novelistas, en apariencia menos peligrosos que los historiadores, los encargados de revelar las aristas de nuestros tiranos y caudillos», en abierta referencia a la generación anterior de narradores.

Pese a su pesimismo bien sustentado, el autor de En busca de Klingsor y de Mentiras contagiosas se permite un ejecicico de política ficción en su cuarto grupo de ideas, bajo el paraguas conceptual de Estados Unidos de las Américas. Primero se pasea por los extremos que se tocan, entendiendo por tal la identificación de polos en conflicto (La Habana-Miami, Bogotá-Caracas, por ejemplo) para proponer un futuro que parte de 2010, se consolida en 2050 y se globaliza en 2110, dentro de un siglo, para observar la creación de los Estados Unidos de las Américas, en plural, de Norte a Sur, como un todo continental. Una especulación que nos conduce a pensar que la unidad de América Latina no será producto de la herencia de una lengua y una religión sino la resultante de un trabajo conjunto en torno a un proyecto de desarrollo común. Mientras tanto, el sueño de Bolívar permanecerá como el insomnio de una utopía americana.

EL INSOMNIO DE BOLÍVAR, Cuatro consideraciones intespectivas sobre América Latina en el siglo XXI, de Jorge Volpi. Sello Editorial Debate de Tamdon House Mondadori, México y Bogotá, agosto de 2009. 259 páginas.

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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