Cine LAS PATOLOGÍAS DEL AMOR

Elaiza Gil expresa la desesperación de una enajenación afectiva.

El primer largometraje de Carmen Roa se sumerge en las turbulentas aguas de la afectividad rota, del amor no correspondido y del despecho como expresión de la pérdida de una relación. Lo hace través de lo que la directora venezolana denomina  «comedia bolero». Amorcito corazón expone la desesperación de Amanda, reportera de televisión, ante la ruptura con su amante Felipe, su vecino de puerta con puerta, casado, quien quiere darle una nueva oportunidad a su matrimonio con Dalila, al enterarse que ésta por fin está embarazada. Un tanto más allá se hallan Lolo, un barrendero enamorado en secreto de Amanda, y Reina, la obesa presidente del condominio de la residencias Mónaco, también enamorada sin ser correspondida. Lo primero que entendí como idea principal es que el amor, en muchas oportunidades, es vivido como una patología, lo cual me pareció muy interesante como punto de partida. Lo segundo que descubrí es que no se trata de una comedia, como se ha querido comunicar, sino de un drama. En esta falsa definición comienzan los problemas del film.

En la première de Amorcito corazón me llamó la atención que los espectadores —periodistas de la fuente, gente de cine, miembros del equipo de producción, amigos de la realizadora— se reían muy poco con esta historia. Guardaron un silencio muy respetuoso ante una comedia prometida que no aparecía por ninguna parte. Elaiza Gil —encargada de construir un personaje muy complejo— no ejecuta una interpretación de comedia sino la de un drama, como se desprende del desarrollo de la historia, según el guión y la dirección de Roa. Por una parte Amanda, Lolo y Reina son seres humanos en dura crisis emocional, mientras por la otra Felipe manipula los afectos con oportunismo y Dalila vive en el limbo del desconocimiento de lo que sucede a su alrededor. Caramba, viéndolo bien, esto es un drama y está contado como un drama. Pero el afiche, la campaña publicitaria y las declaraciones a la prensa pretenden establecerla como una denominada  «comedia bolero».  Algo que los publicistas denominamos un error de posicionamiento.

Asumo, entonces, que Amorcito corazón es un drama, con un punto de partida muy interesante. Amanda se toma a chanza la petición de su jefa de producir un reportaje sobre el día de los enamorados pero pronto descubre que la relación «sin compromiso» con Felipe deviene en un enganche afectivo, precisamente cuando Felipe termina con ella. Comienza entonces un proceso de enajenación que trasforma la conducta de Amanda y la convierte en una obsesa. El recurso de la grabación en video como forma de establecer una posición y de definir un cierto distanciamiento ante Felipe deviene en el terrible testimonio de una patología autodestructiva, anegada en la falta de autoestima. En vez de hacer el reportaje sobre el 14 de febrero está haciendo el reportaje sobre su propia obsesión. Amanda está enferma de amor, como lo están Lolo y Reina. Mal de amores que amenaza sus vidas, sus trabajos, sus sueños. Necesitan terapia que nadie les proporciona.

El bolero amorcito corazón, de los mexicanos Pedro de Urdimalas y Manuel Esperón, se popularizó gracias a la actuación y la voz de Pedro Infante en Nosotros los pobres, celebérrimo film de Ismael Rodríguez estrenado en 1948 que ha devenido en clásico de la producción azteca, y que tuvo sus secuelas en Ustedes lo ricos, también de 1948, y Pepe el Toro, de 1952, todas protagonizadas por Infante. En las tres películas esta canción es un motivo de definición del melodrama urbano de la época y marca el tono cursi y populista de esa visión sobre los desposeídos. Una visión que nada tiene que ver con, por ejemplo, Los olvidados, de Luis Buñuel. En el film de Roa el bolero no sólo le brinda el título a la película sino sobre todo marca un tono dramático que se desprende de un uso preciso en al banda sonora, según el trabajo musical de Aquiles Báez.

El problema de Amorcito corazón es que su historia zigzaguea en reuniones de condominio, encuentros furtivos, situaciones al límite, amores ocultos, llanto desenfrenado, reproches clandestinos, equívocos azarosos, sin asirse a una definición central como trama. Son muchas las situaciones y el espectador trata de transitarlas todas pero termina sin ruta, un poco agobiado, siguiendo fundamentalmente a Amanda, que al fin y al cabo es el personaje principal, y también a Lolo y a Reina, las tres grandes víctimas del desamor, por un peregrinaje que si bien promete situaciones de alto valor termina ofreciendo muchos lugares comunes, bastante predecibles. Incluso, el recurso de la recuperación afectiva de Amanda no guarda mucha lógica como desarrollo del guión. Lo cierto es que la historia termina en un final feliz.

En el terreno de las actuaciones destacan la de Elaiza Gil como Amanda, José Luis Useche como el barrendero Lolo y Marialejandra Martín como la jefa de Amanda. En cambio Reinaldo José Pérez, Norelys Rodríguez y Carmen Landaeta lucen atrapados en las limitaciones de sus personajes. No pueden forzar sus fronteras. Lo mismo sucede con Rosario Prieto y su personaje de conserje y con Roberto Moll es un lamentable personaje que hace referencias inútiles de la escritora norteamericana Carson McCullers en torno al amor, sin que la supuesta cita erudita tenga vínculo real con la historia del film. La fotografía de Rubén Belfort y el sonido de Danny Rojas cumplen sus cometidos profesionales, así como el montaje de Ana Patricia Sousa y la propia Roa. La dirección de arte de Rafael Straga es efectiva y detallista.

Directora de los cortometrajes Auriga (1996) y La cita (2002), en los que las relaciones afectivas son fundamentales, Carmen Roa tiene una propuesta temática que guarda mucho interés. Lamentablemente en Amorcito corazón no logró desarrollarla con tino. Esperemos su próximo film.

AMORCITO CORAZÓN, Venezuela, 2010. Dirección y guión: Carmen Roa. Producción: Carlos Daniel Malavé. Fotografía: Rubén Belfort. Montaje: Carmen Roa y Ana Patricia Sousa. Música: Aquiles Báez. Sonido: Danny Rojas. Director de arte: Rafael Straga. Elenco: Elaiza Gil, Reinaldo José Pérez, Norelys Rodríguez, José Luis Useche, Carmen Landaeta, Roberto Moll, Rosario Prieto y Marialejandra Martín. Distribución: Cinematográfica Blancica.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Cine LAS PATOLOGÍAS DEL AMOR

  1. Elizabeth dijo:

    es verdad es un drama pero esto es una critica? a mi me parece un chisme de farandula porq decir que en el estreno nadie se reia suena a chisme…..

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