Letras LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

Los personajes de Santiago Gamboa están atrapados por sus miedos, sus obsesiones y sus fantasmas. Son prisioneros en cárceles de distintos signos. En Necrópolis, séptima  novela del narrador bogotano, ubica sus historias —porque son varias— en  una Jerusalén contemporánea acosada por las bombas, el humo y los tiros. Una ciudad sitiada, una ciudad prisión. Allí se celebra el extraño Congreso Internacional de Biógrafos y de la Memoria en el lujoso hotel King David.  Reúne entre sus invitados a Sabina Vedovelli, célebre actriz porno italiana de edad indefinida, Edgar Miret Supervielle, bibliófilo francés de 64 años especializado en textos judíos, Moisés Kaplan, empresario e historiador colombiano, también de 64 años, que vive entre Nueva York y Tel Aviv, José Maturana, ex convicto y ex drogadicto de 56 años, caribeño para más señas, que se ha convertido en un famoso pastor evangélico en Miami  y, no faltaba más, un escritor sin nombre ni edad —que suponemos colombiano— que acaba de salir de una larga enfermedad y quien asume el punto de vista narrativo de este encuentro variopinto. Cada cual ha sido convocado para narrar una biografía en esa ciudad que asistió al inicio de tres grandes religiones y que —por obra de la geopolítica y los intereses religiosos y económicos— representa el fin de los sueños de la humanidad. Allí, estos cinco personajes, más otros que se suman de página en página, despliegan sus artes y desconciertan ante sus públicos hasta que aparece un cadáver. ¿Un suicidio? ¿Un asesinato? Todo tiene que ver con todo.

Ganadora del premio La otra orilla 2009 de la Editorial Norma, otorgado de forma unánime por Roberto Ampuero, Jorge Volpi y Pere Sureda entre 654 manuscritos recibidos desde todo el mundo hispanohablante, Necrópolis se revela como un trabajo extremadamente ambicioso del autor de novelas tan sugerentes y personales como Páginas de vueltas (1995), Perder es cuestión de método (1997), Vida feliz de un joven llamado Esteban (2000), Los impostores (2002), El síndrome de Ulises (2005) y Hotel Pekín (2008), dotadas todas de un sentido de la angustia que signa a personajes no exitosos, de varias maneras frustrados en sus sueños, definitivamente acosados por la amistad, el amor, el sexo, la traición y la muerte. En Necrópolis tal angustia anida en una Jerusalén devenida literalmente en ciudad de los muertos, desde donde se descuelgan no sólo personajes insólitos sino sus historias de esperanza, amor y traición. Cada «biógrafo» asume su respectivo biografiado desde perspectivas no sólo distintas sino, sobre todo, desconcertantes.

La estrambótica vida de Sabina Vedovelli, que convirtió su cotidianidad sexual en su exitoso emporio pornográfico, es apenas la punta del iceberg que devela las fragilidades afectivas de la juventud y convoca las grandes ironías alrededor de lo pudoroso y lo pecaminoso. José Maturana, por su parte, cubre la mayor parte del relato en continua referencia al reverendo Walter de La Salle, su guía espiritual que lo sacó de los caminos de la escoria, la droga y la violencia, hasta recorrer las sendas de sus mujeres y sus amores en el campo del frenesí religioso pero también erótico. Es una narración trepidante y conmovedora. Edgar Miret Supervielle comienza su historia con «la variante Oslovski & Flø», plantada desde un tablero de ajedrez en un bar de Tel Aviv por el polaco Ferenck Oslovski y el sueco Gunard Flø, hasta recorrer las rutas del horror de la guerra y la represión en la Europa de los totalitarismos del siglo XX. Es un relato de gran belleza que parece una novela breve en sí misma. El drama de la violencia y la tragedia se traslada al Nuevo Mundo con la biografía que establece Moisés Kaplan de Ramón Melo García, pacífico mecánico que trabajaba en una localidad de los llanos colombianos, asediado por las FARC, los paramilitares y los narcotraficantes. Una historia de amor y traición, de venganza y olvido, también de perdón. Quien parece no tener nada que contar es, paradójicamente, el escritor colombiano en plan de decadencia. Sin embargo, se refiere a la muy sugerente historia de un piloto que sabe que va a morir y trata de encontrar refugio en la poesía mientras vuela sobre el Atlántico.

Necrópolis es la novela más compleja que le he leído a Gamboa. Una obra que se desparrama en distintas historias con diferentes personajes que deambulan —en la realidad, en la ficción, ¿quién distingue? — entre los pliegues de una ciudad marcada por la muerte. Hay personajes secundarios en el Congreso Internacional de Biógrafos y de la Memoria que merecerían ser principales: la sorprendente periodista islandesa, el poderoso editor judío, el amistoso escritor árabe. Las habitaciones y los salones del hotel King David albergan no sólo las actividades de un congreso absurdo sino también la elocuencia de los cañones y la tragedia. Es una novela sobre las distintas formas de la muerte —la física, la afectiva, la espiritual— en un mundo lejano a donde llega el Armagedón. O tal vez lo que se ve a lo lejos son los efectos de una ojiva nuclear. El fin de los tiempos.

NECRÓPOLIS, de Santiago Gamboa. Editorial Norma, Bogotá, septiembre de 2009. Premio La Otra Orilla. 455 páginas.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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