Cine DESDE EL CAMPO DE BATALLA

"Zona de miedo" avanza en la carrera del Oscar con nueve postulaciones.

La acción transcurre en el Irak contemporáneo, ocupado por las tropas norteamericanas. Los miembros de la compañía Bravo cuentan los días que les quedan en territorio enemigo antes de regresar a casa. En la primera secuencia de Zona de miedo, su  directora Kathryn Bigelow define —con una precisión sorprendente— el clima dramático de su historia. La muerte pertenece a la cotidianidad. Cada día una mina puede cobrar nuevas víctimas. Es una posibilidad real, brutal, que está a la vuelta de la esquina. Algunos soldados detestan esa guerra que no es suya. Otros la soportan con miedo y angustia. Pero hay quien se acostumbra a la contienda, quien desarrolla una adicción por el peligro, quien necesita llevar la situación al límite. Un suicida potencial en una tierra devastada donde actúa el enemigo. ¿Quién es el enemigo? Eso no importa. Lo que cuenta es regresar a casa vivo. No hay héroes. Sólo soldados cumpliendo sus deberes. Coqueteando con la muerte. La guerra como patología.  

No se trata de una típica película de guerra. No hay héroes, tampoco villanos. No muestra grandes batallas ni la resistencia ante los invasores. Es, más bien, un estudio sobre las distintas conductas que un puñado de soldados desarrolla ante las mismas amenazas de muerte. S. T. Sanborn, Owen Eldridge y William James  —muy distintos entre sí— pertenecen el equipo que desarma bombas en una Bagdad desolada. Cada cual vive las experiencias de manera muy particular. Nunca hacen referencia al porqué están allí. Tampoco ponen en duda sus misiones. Lo que le interesa expresar a Bigelow no se encuentra en la denuncia de la invasión estadounidense a otro país ni cuestionar la política exterior de George W. Bush sino mostrar las historias íntimas de una guerra nada romántica ni heroica. Y lo hace a través de una puesta en cámara sorprendente, minuciosa, rayana en el realismo extremo, que expone al detalle la dimensión de la violencia, del miedo y de la angustia de sobrevivir. Su película tiene un tono documental, con una cámara en mano inquieta y nerviosa que trata de comunicar un clima de cercanía, gracias al magnífico trabajo del director de fotografía británico Barry Aykroyd y del ritmo desarrollado por los montadores norteamericanos Chris Innis y Bob Murawski. 

Autora de piezas tan irregulares como Point break (1991) o K-19, the widowmaker (2002), la trayectoria de Bigelow se ha caracterizado por hurgar las acciones y conflictos que se registran en el universo masculino. La realizadora californiana de 58 años no ha hecho filmes sobre mujeres ni sobre complejidades femeninas. Le interesan más las flaquezas de los hombres, sus miedos y misterios, sus conductas en situaciones extremas. Como se sabe Zona de miedo ha sido postulada para nueve premios Oscar, incluyendo película, dirección, actor principal, fotografía y guión original. 

No en balde su guionista —el periodista Mark Boal, habitual colaborador de The New York Times y Rolling Stones — trabajó con Paul Haggis en el argumento de la muy contundente In the valley of Elah, que aquí  conocimos como La conspiración, sobre la investigación que desata la muerte de un soldado en Irak. Boal cubrió y conoció los detalles de esa ocupación militar, registró esos personajes que desafiaron la lógica de la supervivencia, precisó el tamaño de sus inquietudes. Eso se refleja en el conjunto de situaciones hilvanadas en Zona de miedo sin una estructura dramática tradicional. Hay muy poca evolución en la historia. Son estampas en las vidas de tres soldados. En medio del calor y de la violencia, de las explosiones y el miedo, James evoca al hijo y la esposa que dejó en su pueblo y se hace amigo de un niño iraquí que vende devedés. Sanborn sólo cuenta los días que le faltan para irse del frente de batalla al tiempo que descubre el deseo de ser padre alguna vez. Eldrige trata de encontrale sentido a tanta violencia y llora la muerte del médico de la compañía Bravo. Una de las escenas finales, muestra la solidaridad entre soldados y la angustia de defender la vida —toda una tarde— en pleno desierto, ante el acoso de los francotiradores. Si al principio la película parece dudar en su rumbo, yendo d euna situación a otra sin mucha firmeza, a medida que avanza adquiere cuerpo y termina construyendo un discurso dramático coherente, sostenido y pertinente. 

Un rasgo sobresaliente de Zona de miedo lo conforma su elenco, integrado por perfectos desconocidos en el gran público y que ahora, gracias a las postulaciones de la Academia, pasan a formar parte de la élite de Hollywood. En especial Jeremy Renner, candidateado al Oscar por su interpretación de William James, ese complejo personaje que desafía su porpia suerte, y de Anthony Makie como J. T. Sanborn y Brian Geraghty como Owen Eldrige. A estos tres actores los secundan en muy breves roles los m,uy apreciados actores del cine independiente David Morse, Guy Pearce y Ralph Fiennes. 

Es imposible saber si Zona de miedo ganará uno, ninguno o varios premios de la Academia. En este caso el Oscar ha permitido poner la atención en un film poco comercial que ha venido ganando prestigio desde su estreno en el Festival de Venecia de 2008 y su posterior estreno durante ese año en los festivales de Toronto, Montreal, Oslo, Mar del Plata y su estreno formal en Estados Unidos a principios de 2009. Hasta ahora no ha ganado ningú  premio, así que si triunfa en el Oscar serían un caso muy particular. 

ZONA DE MIEDO («The hurt locker»), EEUU, 2008. Dirección: Kathryn Bigelow. Guión: Mark Boal. Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier y Greg Shapiro. Fotorafía: Barry Ackroyd. Montaje: Bob Murawski y Chris Innis. Música: Marco Beltrami y Buck Sanders. Elenco: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Ralph Fiennes, Guy Pearce, David Morse, Evangeline Lilly, Christian Cam. Distribución: Cinematográfica Blancica.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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2 respuestas a Cine DESDE EL CAMPO DE BATALLA

  1. Dura es la guerra y el filme hacer sentir ese horror. Igualmente, de ambos bandos, sentimos la inutilidad del conflicto. En cualquier sitio puede esconderse una mina explosiva.

    La actuación (actores poco conocidos), el montaje y, para mí, la banda sonora y la música, son excepcionales.

    Un filme del cual se hablará por mucho tiempo.
    La imagen del semblante de Jeremy Renner, quedará grabada en mi mente.

    Luis Armando Roche

  2. Carlota Martínez dijo:

    La película rompe con los esquemas narrativos de las películas de guerra a que nos ha tenido acostumbrados el cine norteamericano. Por momentos el espectador se siente desorientado. lo interesante del film es la concurrencia de variados géneros en la construcción discursiva, géneros que van desde el Reality Show, pasando por el documental y el parte de guerra periodístico.
    Las Actuaciones, la fotografía y el montaje unido a una acertada dirección hacen de Zona de Miedo un film interesante y que no pasa desapercibido.
    Carlota Martínez.

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