Rarezas en devedé JAPÓN NO ES UN PAÍS

Alejandro Ferretis es el hombre que viaja al fin del mundo

Aún no hemos podido apreciar en Venezuela la obra de Carlos Raygadas, un mexicano de vocación universal que se une a los nombres de Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu, Guillermo Arriaga y Carlos Carrera en la dura empresa de demostrar que el cine mexicano no sólo está muy vivo sino que además es planetario. Directores que pueden trabajar en México, España, Estados Unidos, Inglaterra, Japón o donde sea y constituyen el recurso humano de la cinematografía nacional más importante, hoy por hoy, en América Latina. Raygadas —el menos famoso de todos— debutó en 2002 con Japón, una dramática película que cosechó más de una veintena de premios en festivales internacionales y se convirtió en un film de culto. Ciertamente no es una película común. Yo diría que es una obra inclasificable aunque lo más cercano que encuentro es su condición de film noir. Porque Japón respira cine negro. Es el cine de los perdedores, de los incorrectos políticamente, de los desesperados. De hecho, su personaje principal es un deprimido pintor de mediana edad que abandona México D.F. para buscar un lugar semidesértico del estado de Hidalgo donde pueda suicidarse. Pero en el camino se hospeda en la humilde casa de una anciana viuda, con quien establece una extraña relación que cambia sus vidas y las orienta hacia experiencias insólitas. Desde luego, no quiero contar la trama ni su resolución dramática pero sí debo señalar, incluso como advertencia, que no es una película simpática sino más bien compleja. Es un film muy emocional, en el que no hay racionalismo alguno que justifique el dolor de sus personajes.

En Japón convive la evidente amplia cultura cinematográfica de su realizador con la influencia innegable del maestro ruso Andrei Tarkovski y del genio insalvable de don Luis Buñuel, padre del surrealismo cinematográfico. La forma poética como Raygadas narra su historia se fundamenta en un tratamiento de la imagen que debe mucho al director de fotografía argentino Diego Martínez Vignatti, quien no sólo iluminó de manera fantástica y fantasiosa las escenas del relato sino que le confirió una textura extremadamente interesante, al utilizar negativo de 16 mm en vez del profesional 35 mm de la industria. La luz y el encuadre atrapan las imágenes de situaciones poco usuales en donde los protagonistas develan sus ansiedades y sus misterios.

Los personajes se desarrollan de manera incesante y lo que parecía una vuelta de trama más o menos lógica se convierte en una anécdota sorprendente. Raygadas no hace concesiones a sus pesonajes ni pretende justificarlos. Simplemente los muestra como son. Lo hace de una manera fuerte, dura, concisa. Algo cercano a lo que algunos llaman “cine puro”, sin artificios ni tretas comerciales. Pero en muchos momentos el film destila ternura, comprensión, amor por esos seres humanos desamparados y perdidos en la bruma de la vida. Nadie sabe por qué el film se titula así, salvo una referencia al harakiri y a una relación de peculiar geisha que se muestra en la trama. En este caso Japón no es un país.

Cuando filmó Japón Carlos Raygadas tenía apenas 31 años y venía de haber dirigido apenas sólo cuatro cortometrajes. Sorprendió a muchos con esa madurez creadora sin artificios. Sólo seres humanos en lucha consigo mismos. Este debut marcó una fuerte personalidad cinematográfica que se extendió a su segundo largometraje, Batalla en el cielo (2005), que también alzó la polémica y el impacto en el medio de los festivales internacionales. Después filmó Luz silenciosa (2007) y actualmente participa en un proyecto colectivo de diez jóvenes directores mexicanos —Mariana Chenillo, Diego Luna, Gael García Bernal, Rodrigo García, entre otros— denominado Revolución, al conmemorarse los 100 años de la Revolución Mexicana. Vale la pena buscar sus películas en devedé.

JAPÓN, México, 2002. Dirección, producción y guión: Carlos Raygadas. Fotografía: Diego Martínez Vignatti. Montaje: Daniel Melguizo, Carlos Serrano Azcona y David Torres Labanzat. Música: Arvo Part. Elenco: Alejandro Ferretis, Magdalena Flores, Yolanda Villa, Carlo Raygadas Barquin, Fernando Benítez, Barnabé Pérez, Rolando Hernández y Martín Serrano, entre otros.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Rarezas en devedé JAPÓN NO ES UN PAÍS

  1. damaris dijo:

    esta muy buena la peli y el lugar pero cual es el nombre exacto del ludgar

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