Héctor Silva Michelena ÉTICA Y ECONOMÍA

Valores y ética

¿Qué son los valores? De acuerdo con el DRAE: Cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables. Los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o negativos, y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores. Los valores son una cualidad “sui generis” de un objeto. Los valores son agregados a las características físicas, tangibles del objeto; es decir, son atribuidos al objeto por un individuo o un grupo social, modificando -a partir de esa atribución- su comportamiento y actitudes hacia el objeto en cuestión. Se puede decir que la existencia de un valor es el resultado de la interpretación que hace el sujeto de la utilidad, deseo, importancia, interés, belleza del objeto. Pero el valor también se refiere a la calidad del comportamiento de los individuos y a la polaridad (positiva o negativa) de sus acciones, propias, individuales o en sociedad. Los valores positivos están asociados a la buena moral que hace alusión a conceptos como solidaridad, lealtad, altruismo, amor, generosidad, simpatía, respeto, confianza, honor y otros de la misma cualidad.

Corrientemente se estima que esto no es suficiente; se requiere que un agente ético tenga capacidad de hacer valer esos valores; por eso en cierto sentido, son una imposición sobre la sociedad que hacen aquellos agentes que tengan capacidad para hacer valer sus valores.

¿Qué es la ética? La palabra ética proviene de la íntima relación con la moral, tanto que ambos términos se confunden con frecuencia. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral, busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro. Sin embargo, los llamados “códigos de ética” pueden hallarse por doquier; ejemplo de ello son las deontologías profesionales, uno de cuyos orígenes es el juramento hipocrático.

Una doctrina ética elabora y verifica afirmaciones o juicios determinados. Esta sentencia ética, juicio moral o declaración normativa es una afirmación que contendrá términos tales como ‘malo’, ‘bueno’, ‘correcto’, ‘incorrecto’, ‘obligatorio’, ‘permitido’, etc., referido a una acción o decisión. Cuando se emplean sentencias éticas se está valorando moralmente a personas, situaciones, cosas o acciones. La historia de la ética nos enseña que la misma es esa parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Tengamos presente que mientras la ciencia se refiere a lo que es, la ética lo hace sobre lo que debe ser. La verdad de la ciencia es pues distinta de la verdad ética o moral. Este es un problema no resuelto satisfactoriamente desde que David Hume (1739-40/2005), formuló, con fuerza, que era “imposible” deducir el deber ser, es decir, lo normativo o ético, a partir del ser, es decir, a partir de lo que es, precisamente a lo que se refiere la ciencia.

Respecto a este asunto, Rawls propuso una solución mediante el uso del equilibrio reflexivo, el cual se forma a partir de una serie de juicios madurados sobre acontecimientos previos que podrían justificar un consecuente.

La ética económica y social contemporánea asigna un lugar privilegiado al subconjunto constituido por la teoría de la justicia social. Según Victoria Camps, (1988), a partir de las definiciones muy generales de los términos de ética y moral, existen concepciones éticas en cada época de la filosofía que tienen una visión distinta hacia el hombre. Las épocas que expone son: Antigua, Medieval, Renacentista, Moderna y Contemporánea. En la época Contemporánea estudia a Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Esto quiere decir, que según esta destacada autora española, en cada período histórico floreció una concepción particular de la ética.

Ética y economía: relaciones.

Pero, ¿qué ha ocurrido, mientras tanto, en las relaciones entre economía y ética? Adelantemos algo: ha tenido lugar una marcha divergente que a juicio de  varios economistas y filósofos, no ha hecho más que empobrecer la economía. Nada mejor para comprenderlo y aprehenderlo que referirse al relato que hace Amartya Sen en su notable trabajo intitulado Sobre ética y economía, publicado en 1987 en Oxford, Inglaterra. Sen fue premio Nobel de Economía en 1998.

Dice Sen, al referirse a los economistas que llama, más adelante, “mecánicos” que ellos podrían concederse o acordarse una dosis moderada de bondad, de tamizar “lo bueno” de “lo malo” (el problema nodal de la ética), con la condición de que sus modelos económicos reflejen las motivaciones de seres humanos puros, simples y prácticos, libres de los defectos de sentimientos como la benevolencia o el sentido moral. Si bien esta concepción de la economía está ampliamente difundida (no sin razón, dado el rostro actual de la economía), no deja de ser extraordinario y hasta extraño que esta ciencia social haya sufrido dicha evolución, que caracteriza la motivación humana en términos tan espectacularmente estrechos. Lo asombroso, es que no hay nadie que no piense que la economía no debe interesarse por los seres humanos. Este deber ser ético parece ser ineludible, aunque algunos expresamente así no lo postulen. ¿Se puede legítimamente permanecer indiferentes ante tal desafío y ejecutar nuestros trabajos adheridos exclusivamente a un positivismo rudimentario que, en demasiadas partes, exige la economía llamada moderna?

Tan sorprendente como lo que se acaba de decir es el contraste entre el carácter conscientemente “no ético” de la economía moderna  y su origen histórico: en esencia, la economía moderna nació de la ética. No solamente el “padre de la economía moderna”, Adam Smith, era profesor de filosofía moral en la Universidad de Glasgow, sino que la materia “economía” fue largo tiempo considerada como una rama de la ética. Hasta fecha reciente, la economía era una de las materias de la licenciatura en Ciencias Morales de la Universidad de Cambridge. Aristóteles establece un lazo entre la economía y las finalidades humanas, pero el gran estagirita considera la política como la “primigenia de las ciencias”, que determina lo que debemos o no debemos hacer; la política evalúa y promueve los fines más fundamentales del hombre y hace alusiones a la relación entre la economía y la riqueza. En definitiva, la economía sólo conduce al estudio de la ética, tesis que Aristóteles profundiza en su Política.

Nada de esto justifica que los estudios de economía se disocien de los estudios de ética y de filosofía política, en particular; conviene destacar aquí que en esta concepción existen dos cuestiones fundamentales para la economía. La economía ha tenido dos orígenes. En primer lugar, está el problema de la motivación humana con relación a la gran pregunta moral “Cómo debe uno vivir”. Subrayar la existencia de su significado no pretende que los seres humanos tengan siempre que actuar según sus propias convicciones morales, sino solamente reconocer que la reflexión ética no puede ser desprovista totalmente de consecuencias  para el comportamiento humano. Esta es la concepción ética de la motivación.

El otro origen de la economía  es el que se ha llamado la concepción “mecanicista”. Conociendo la naturaleza de la economía, no es sorprendente que estos dos orígenes –la tradición ética y la concepción mecanicista– posean cada una su propio valor. Quisiéramos mostrar que las cuestiones profundas que enfatiza la concepción ética de la motivación y el logro social deben ocupar un lugar importante en la economía moderna, pero nos cuidaremos de negar que la concepción mecanicista no pueda, por sí misma, aportar una gran  contribución a la economía, como por ejemplo sus aportes al conocimiento del funcionamiento de los mercados.

Adam Smith y el interés: debate.

Adam Smith acuñó la celebérrima frase conocida como la Mano invisible del mercado, que constituyó el remate de la doctrina del provecho propio, y que dominó toda discusión en economía y en política desde el siglo XVIII hasta el presente. La célebre afirmación de este gran autor acerca del carnicero, el cervecero y el panadero quienes, al satisfacer nuestras necesidades cotidianas lo hacen movidos por su propio interés, son los valores que se impusieron en economía desde el siglo XVIII.

Para matizar esta situación, varios autores suelen citar el contenido de la Teoría de los sentimientos morales, donde Smith examinó en extenso la necesidad de acciones basadas en valores que vayan mas allá del simple afán de lucro.

Según Sen, este profesor de filosofía moral y pionero de la ciencia económica no llevó en absoluto una vida esquizofrénica. Más aún, se puede considerar que una de las principales deficiencias de la teoría económica contemporánea consiste, precisamente, en reducir la amplia visión que Smith tenía de los seres humanos. Este empobrecimiento está ligado estrechamente a la distancia que desde entonces separa la economía de la ética.

Pero, esta búsqueda del lucro o ganancia y las acciones humanas derivadas del interés ¿separan la economía de la ética?  No necesariamente, decimos nosotros, aunque es una verdad absoluta que la realidad económica ejerce una presión  casi irresistible para maximizar el lucro, lo que se opone duramente al Deber Ser, es  decir, al comportamiento ético. El lucro era visto como inmoral, antiético.

Mas el concepto de conducta motivada por el interés (muy distinta de la concepción ética de la motivación, ya referida) sigue ocupando un lugar central en la economía política y en la economía contemporánea.

Digamos algunas palabras sobre la acción movida por el interés.

El concepto de interés sigue ocupando un lugar central en la economía política y en la economía contemporánea, porque continua asumiendo como hipótesis fundamental la representación de un individuo aislado, interesado sólo en sí mismo que elige libre y racionalmente entre diversos cursos de acción tras computar sus costos y beneficios prospectivos para él, es decir, pasando por alto los costos y beneficios para los demás, y para la sociedad en general; esta hipótesis subyace en gran parte en la economía del bienestar.

La teoría económica de la utilidad, en relación con la teoría del comportamiento racional, es a veces criticada por su exceso de estructura: los seres humanos serían en realidad “más simples”, pero investigaciones recientes muestran un predicamento de lo contrario, es decir, que la estructura de la teoría tradicional es insuficiente y que según investigaciones realizadas en los últimos 20 años la búsqueda desenfrenada del interés privado puede tener resultados ineficientes y nocivos. Un ejemplo importante lo constituye El dilema del prisionero. Lo irracional, el altruismo y otras bondades forman parte de las motivaciones humanas, vale decir, de su concepción ética. Afirma Sen, que el hombre puramente económico es en verdad un retrasado social.

Postulación de la ética capitalista

En realidad, toda la discusión precedente esta referida a la ética capitalista como valores que motivan la conducta humana, en particular la de los hombres de negocios.

¿Cuáles son los rasgos característicos de un sistema capitalista, sea viejo o nuevo? Suele aceptarse que el capitalismo es una forma de organización económica centrada en la propiedad privada y en los derechos que derivan de la misma. En este sistema los precios se forman en el mercado a través de diversas formas de competencia. La teoría económica las ha descrito bien.

Refirámonos a la ética capitalista. En discusiones y polémicas muy intensas, sostenidas personalmente entre nosotros, Emeterio Gómez, nos dirigió (HSM) una nota donde considera, que los elementos fundamentales a considerar cuando se habla de ética y capitalismo son los siguientes:

El punto de partida ha de ser forzosamente la confrontación o contradicción entre la Ética y la presión brutal que la Realidad Económica ejerce hacia la maximización de la Tasa de la Ganancia.

Este problema fundamental, en el caso de la Economía consiste en la confrontación que se manifiesta muy duramente entre quien desee ser ético –es decir poner en juego su margen de ganancia, no su ganancia– y la presión de la realidad económica. Esto nos conecta con otro de los grandes temas que podrían resumir la relación Ética-Economía: La mayor o menor fuerza o poder que puedan ejercer los Agentes Éticos. No tanto los Agentes Económicos, sino los Agentes Éticos, aquellos que desean o pretenden poner en práctica sus valores. Y allí, en ese contexto, aparece el problema fundamental: en el siglo XVIII, cuando surge la ciencia económica, el poder de las empresas no era significativo, la Mano Invisible del Mercado podía imponerles sus condiciones a los Agentes Económicos y ello determinaba que, en cierta forma, ¡¡no hubiese problema ético!! porque no había ninguna posibilidad de ejercer o hacer valer ningunos valores.

Todo lo cual se resume en nuestro bien conocido Modelo de Competencia Perfecta, en el cual, la ruptura entre la Ética y la Economía es radical. Situación ésta que vale la pena asumir, a los fines de profundizar en las relaciones entre la ética y la economía, que estamos analizando: ¡¡Porque hasta el siglo XVIII, precisamente, no sólo en la Economía, sino en general en todas las facetas de lo Humano, la Ética era considerada como un problema o fenómeno natural, como algo que se le imponía desde fuera al hombre. Nosotros, como hemos visto, sin descartar el motivo del interés maximizador que la realidad económica impone sobre la empresa, también reconocemos, junto con otros autores, que las hipótesis tradicionales de maximización deben ser vistas en un contexto más complejo del comportamiento empresarial. Reiteramos que la empresa optimiza su beneficio a largo plazo, cuando quiere subsistir en el tiempo. El filósofo español Fernando Savater (1998: 43-44) destaca con fuerza la responsabilidad social de la empresa; este autor sostiene que esto significa que la empresa asume de manera decidida una posición a favor de la educación, no sólo en la lucha contra la pobreza visible, sino también contra sus causas, contra las estructuras que de alguna manera reproducen eternamente los mecanismos de la pobreza.

El profesor Bernardo Kliksberg, dejó escuchar su autorizada opinión sobre las causas éticas de la crisis que estalló en el otoño boreal de 2008. Estas son sus palabras:

La crisis que sacude al mundo entero no es sólo financiera, es también ética. Las falencias éticas jugaron un papel crítico. Ha surgido un reclamo masivo en la sociedad americana. Y a nivel internacional, por más ética en la economía y en los negocios. Entre las causas éticas de la crisis que deberían ser tomadas muy en cuen­ta en América Latina tenemos:

  1. Fallas éticas pronunciadas en las políticas públicas. La desregulación como dogma ideológico desprotegió el interés colectivo.
  2. Falencias éticas graves en el mun­do empresarial.
  3. Las regulaciones desmesuradas de los CEOS (chief excecutive officer). Es decir, la rapacidad corporativa.
  4. los agujeros fiscales que estimulaban el sobre pago de los contribuyentes al fisco, estimado en 20 mil millones de dólares al año.

De ahí la aguda frase del Nobel de Economía Stiglitz “el fundamentalismo de mercado ha muerto”. Todos estos manejos en el “Gran Casino Financiero”, quedaron al descubierto y agriaron el tradicional encuentro de Davos. La opinión recogida allí nos dice que las enormes ayudas financieras –que alcanzaron 20% del PIB– eran necesarias pero lo más importante es una ciudadanía cada vez más movilizada exigiendo más ética a los agentes económicos claves.

Postulación de la ética Socialista

A continuación exponemos también brevemente los aspectos más importantes de este tema. El nudo de una posible ética socialista consiste en establecer una superación del capitalismo, por una sociedad de iguales, sin clases, no alienada y, por tanto libre de la explotación del hombre por el hombre. De modo que la nuez de una posible ética socialista reside en la teoría de la explotación de Marx, que necesita a su vez que su teoría del valor-trabajo sea verdadera.

Al respecto, escribe John E. Roemer:

La teoría del valor-trabajo ha desempeñado dos papeles en la economía marxista. Primero, se ha afirmado que es, en cierto grado de abstracción, una teoría de precios. En segundo lugar, la teoría del tiempo de trabajo incorporado se ha usado para definir la explotación. En su primer papel, la teoría del valor-trabajo es inútil; es una empresa hegeliana mística que afirma que, a pesar de las desviaciones reales del equilibrio, los precios del mercado forman valores de trabajo incorporado, sin importar que aquellas representen el verdadero fenómeno, mientras que los valores sean el epifenómeno. Creo que la fuerza de este dogma es el único gran cáliz que ostenta la economía marxista. En las siguientes páginas, se ofrecen teoremas que muestran que la teoría del valor-trabajo es falsa. De hecho, los precios determinan el valor-trabajo…, y no a la inversa.

Quisiéramos colocar una acotación terminante: si la teoría del valor no puede funcionar como teoría de precios del mercadeo, es absurdo derivar de ellos una teoría de la explotación. Nadie ha podido establecer hasta hoy, que sepamos, un vínculo reversible entre valor y precio.

Después de desarrollar la teoría de la explotación del trabajo, Roemer demuestra que se puede definir el concepto marxista de explotación sin hacer referencia al valor-trabajo. La explotación surge como un concepto puramente definido en términos de relaciones de propiedad. Por lo tanto “la teoría del valor-trabajo, que según Marx era la clave para desarrollar la teoría de la explotación, resulta un punto de partida falso”. (Roemer)

Sin embargo, el marxismo analítico no examina la posibilidad de que el capital y el empresario contribuyan a la creación de valor. Este trabajo de demostrar que el capital y el empresario contribuyen a la creación de valor y de riqueza, lo cumplió con gran elegancia teórica Robert Nozick (1974). Su teoría de los derechos cubre los derivados de la propiedad, y define dos principios fundamentales de justicia, que son la adquisición y la transferencia; una persona que adquiere bienes conforme a estos principios tiene derecho a estos bienes, y el derecho a un bien sólo puede emanar de la aplicación repetida de estos principios.

La teoría del valor-trabajo puede ser interpretada de numerosas maneras todas diferentes: como una teoría descriptiva, predictiva o evaluativa, y, si podemos admitir que el análisis descriptivo es la interpretación principal, el aspecto evaluativo no deja de ser importante para la crítica social que recurre a conceptos marxistas como la “explotación”. Este concepto, según ha demostrado Roemer no es inherente al capitalismo. Hoy sabemos que la explotación es inherente a cualquier sistema económico-social en el cual sea posible encontrar diferencias o desigualdades en las dotaciones, de cualquier tipo de que dispone el individuo.

La teoría general de la explotación, propuesta por John Roemer, Gerald A. Cohen, Jon Elster y otros, hace un tercio de siglo, se basa en la desigualdad de las dotaciones de cualquier tipo de que disponen o pueden disponer los individuos, grupos, sindicatos o clases. Esas dotaciones pueden tratarse de talentos naturales, de la fuerza relativa, de la movilidad, del estado de salud, y, lo que equivocadamente se considera como principal, de la cantidad de factores productivos que se poseen y de la calificación de los trabajadores. Es decir, que el agente de la explotación puede ser cualquiera de los agentes económicos y sociales.

Enseguida presentamos en términos cuasi coloquiales el camino que sugiere el método de Roemer, para comprender mejor su teoría general de la explotación. Él sostiene que, si mediante una acción política estatal, se impusiese una igualización de las dotaciones, y, como consecuencia de esa acción tu situación material mejora, eso quiere decir que, antes de la acción igualizadora, tú estabas recibiendo menos de los que merecías, y por tanto eras explotado. Contrariamente, si fuesen igualadas las dotaciones y tú situación se degrada, quiere decir que, en la fase de desigualdad, estabas recibiendo más de lo que merecías, y por lo tanto eres un explotador. En ambos casos aflora la injusticia subyacente en la real desigualdad de las dotaciones, cualquiera sea la forma que adopten las consecuencias que de tal desigualdad se derivan.

Nótese que al contrario de la definición en términos de intercambio igual de valor-trabajo, el enfoque de Roemer tiene la ventaja de aplicarse igualmente al caso general en el cual cada quien combina en grados muy diversos ingresos del capital y del trabajo; además, evita tanto las dificultades conceptuales ligadas a la noción de valor-trabajo como las  implicaciones anti-igualitarias que surgen de una simple relación entre dos clases.

Estado del arte en ética y economía

Actualmente la ética económica y social es examinada en términos de cuatro teorías llamadas “modernas”, es decir que no postulan una concepción particular de la vida buena, en el sentido aristotélico. Las teorías referidas son: el utilitarismo, el libertarismo, el marxismo y el igualitarismo liberal. Estas teorías las hemos expuesto en nuestro trabajo Teorías Modernas de la ética socioeconómica.

En cuanto al Utilitarismo, su objetivo es maximizar el total de utilidad. Recuérdese que según John Stuart Mill (1863/1991) el Utilitarismo muestra,  por un lado, que el logro de la felicidad humana implica la puesta en marcha de una serie de resortes morales y, por otro, que el ideal de la máxima felicidad del mayor número constituye el criterio mismo de la moralidad.

En cuanto al Libertarismo, sus principios son: 1) el de la propiedad de sí; 2) el de la justa circulación; y 3) el de la apropiación original (criterio de Locke y el de Paine)

El Igualitarismo liberal, es la concepción de Rawls, que busca combinar un respeto igual a todas las concepciones razonables de la vida buena, que sólo es posible discutir en las sociedades pluralistas. Se resumen tres principios: 1) principio de igual libertad; 2) principio de igualdad equitativa de oportunidades; y 3) principio de diferencia.

Volvamos a la relación conflictiva entre ética y economía capitalista.

Con algunas modificaciones de forma, resumo a continuación un texto del profesor Emeterio Gómez sobre la ética socialista. Gómez habla de la imposibilidad “radical” de pensar siquiera una ética socialista. Nosotros creemos que esto ocurrió así en los socialismos realmente existentes y se manifiesta severamente en países como Corea del Norte, China, Cuba y en los países islámicos fundamentalistas y teocráticos (Libia, Irán y ahora Argelia)

Dice el profesor Gómez (El Mundo, 09/11/2009) acerca de la imposibilidad radical de pensar siquiera en una Ética Socialista:

Mucho se habla de los valores morales del Socialismo y de la presunta superioridad ética de éste sobre el Capitalismo. Simplemente, porque no hay –ni puede haber– una Moral Socialista, porque ésta es una contradicción en los términos. Porque el Socialismo no puede ser sino totalitario, es decir, porque necesariamente él liquida la Libertad Individual y sin ésta la ética se torna impensable. Porque, si las tres tesis principales de Marx fuesen verdaderas, es decir: 1) si las relaciones sociales derivasen del proceso productivo; 2) si el capitalismo estuviese condenado a convertirse en comunismo; y 3) si el trabajo fuese la única fuente del valor de las mercancías ¿para qué se necesitaría una ética?

Que no existe algo así como una moral socialista se puede mostrar por dos vías; la primera es constatar que en toda la extensa obra de Marx no hay la más mínima alusión a la ética… ¡¡a no ser para decir que se trata de un “prejuicio burgués”!! En Marx no hay, ni puede haber, una moral porque él cree que esta haciendo ciencia. La segunda vía deriva de la anterior: ¡¡como esa presunta ciencia de Marx es una coba inmensa, el Socialismo ha de ser totalitario y los valores tienen que venir impuestos inapelablemente por el Colectivo!! Y eso es cualquier cosa menos una Ética. La estación final de esta sucesión es la sociedad comunista, de la suprema felicidad y libertad.

Ética y economía bajo el régimen chavista

Para abordar este tema es necesario hacerlo desde una doble vertiente, 1. desde lo que se dice en el  Primer Plan Socialista (PPS), acerca de la Nueva Ética Socialista, y 2. desde el plano del desempeño real de quien lidera el régimen, en forma unipersonal. Para que el lector conozca la retórica gubernamental sobre la ética, adjuntamos el capitulo correspondiente al PPS. No podemos hacer un comentario crítico exhaustivo de este texto, por lo que seleccionaremos algunos puntos, los más relevantes a nuestro juicio. Pero hagamos justicia: es muy positivo que en un Plan de la Nación aparezca por primera vez en la historia de estos planes un capitulo especial dedicado a la ética, así se la califique de socialista, cosa que los redactores estaban obligados a hacer.

El capítulo comienza diciendo que:

“La plena realización del Socialismo del Siglo XXI que estamos inventando y que solo será posible en el mediano tiempo histórico pasa necesariamente por la refundación ética y moral de la Nación Venezolana. Tal refundación supone un proyecto ético y moral que hunde sus raíces en la fusión de los valores y principios de lo más avanzado de las corrientes humanistas del socialismo y de la herencia histórica del pensamiento de Simón Bolívar. Su fin último es la suprema felicidad para cada ciudadano. La base de este objetivo fundamental descansará en los caminos de la justicia social, la equidad y la solidaridad entre los seres humanos y las instituciones de la República.”

Comentario: si el socialismo del Siglo XXI es algo que el gobierno y su líder están inventando, y que su plena realización requiere un mediano tiempo histórico, entonces los venezolanos somos  objetos experimentales, como ratas y conejillos de laboratorio, manipulados por algún psicólogo conductista; además, si se requiere un tiempo histórico mediano ¿por qué Chávez tiene la prisa declarada de eliminar por completo las “leyes burguesas”? Esto no se comprende, a menos que  nos situemos en el plano del absoluto voluntarismo autoritario que caracteriza la conducta del presidente.

Se dice que el Proyecto Ético nace de la “fusión de los valores y principios más avanzados de las corrientes humanistas del socialismo y de la herencia histórica del pensamiento de Simón Bolívar”. ¿Cuáles son esos principios tan avanzados del humanismo socialista? Los redactores parecen desconocer la magistral Carta sobre el humanismo (1945) de Martin Heidegger, donde definitivamente se hace una crítica demoledora del humanismo, que quedó pulverizado cuando se demostró la quiebra de la razón como fundamento de lo humano. Lo humano sobrepasa la razón  hasta alcanzar el absoluto (Hegel), Dios o su idea, y según Nietzsche, el eterno retorno de lo igual, ¡la forma extrema del nihilismo: la nada (la “falta de sentido”) eterna! Como afirmó la tensión poética de Göthe “La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto”; y Pascal sentenció: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”. Y, con gran fuerza,  La Rochefoucauld nos dijo: “Estamos sujetos a una eterna incertidumbre que nos presenta sucesivamente bienes y males que siempre se nos escapan”.

La base de los objetivos fundamentales, que es la suprema felicidad para cada ciudadano descansa en puros elementos superestructurales, y no se dice nada de la base económica. Nosotros sabemos por lo que esta ocurriendo que el agente principal es el Estado, un Estado ético en construcción con funcionarios honestos y eficientes, llena de valores y conducta moral. Si esto es así, ¿por qué Chávez regañó, en su Aló Presidente reciente a los Ministros, Gobernadores, Alcaldes, por la ineficiencia y porque evaden hablar del socialismo? Dijo además: “debilitarme y derrocarme es acabar todo, la paz en Venezuela. 2010, 2011 y 2012 serán años de dura batalla, si fuera por mí, no tengo problemas. Por la revolución, por la Patria, Chávez tiene que quedarse aquí”. El único comentario está contenido en dos palabras: fariseísmo y mesianismo.

El que haya leído el capítulo que comentamos podrá darse cuenta fácilmente de que, dejando de lado las farragosas declaraciones de intención sobre la bondad, la solidaridad, la civilidad, la tolerancia, la pluralidad, el amor (aquí se apela al Che Guevara, quien creía que si el otro era enemigo había que matarlo), nos encontramos hacia el final con una sentencia bíblica (todos debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente), pronunciada por el creador para castigar el pecado original, lo cual es muy poco socialista, y con la celebre frase de Marx asentada en la Crítica del Programa de Gotha (1875): de cada quien según su trabajo, a cada cual según sus necesidades, a las que asumen como un principio irrenunciable. Dicen también que “la ética, en el fondo trata de la vida humana”; pregunto: ¿es que no han leído a Platón (Fedon) donde recoge la terminante pregunta socrática sobre el meollo de la ética: cómo debe uno vivir? Esto no tiene nada que ver con la vida humana sino con el hecho de cómo esa vida debe ser vivida. Y concluye diciendo: “socialismo y hombre nuevo deben ser sinónimos… En definitiva, habrá socialismos cuando exista un hombre nuevo”. Desde hace casi 100 años se instaló el socialismo, cayó en la mayor parte del mundo, y donde subsiste todavía están esperando al hombre nuevo. Lo que ocurre es que este “hombre nuevo” es antropológicamente imposible porque contradice todos los hallazgos de la antropología social y cultural.

En su conjunto, el capítulo sobre ética postula en forma simulada o velada las tesis fundamentales del marxismo, como la lucha de clases, la explotación, y el comunismo como estación final de la historia, sede de la máxima felicidad. Veamos la refutación de estas tesis.

En su Crítica del Programa de Gotha, Marx vaticina esa etapa superior. Dice así:

En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, solo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual según sus necesidades!

Y en el Manifiesto del Partido Comunista, se dice: “¿en qué bases descansa la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el lucro privado. La familia, plenamente desarrollada, no existe más que para la burguesía; pero encuentra su complemento en la supresión forzosa de toda familia para el proletariado y en la prostitución pública”

“La familia burguesa desaparece naturalmente al dejar de existir el complemento suyo [el proletariado y la prostitución pública], y ambos desaparecen con la desaparición del capital”. ¿Y qué pasó con la familia socialista? La crianza y la educación de los hijos pasó a manos del Estado, con lo cual suprimieron el papel estructurante y cohesivo de la familia. Por otra parte, la prostitución no desapareció.

¿Cómo han de vivir los hombres y mujeres en esa etapa superior del socialismo, el comunismo, donde en todo momento se reproduce la máxima felicidad, la plenitud vital y de los sentidos? Esos seres humanos parecen estar condenados a disfrutar siempre de la máxima felicidad; es como una condenación, no al infierno, sino al cielo terrenal de la máxima felicidad. Esos hombres y mujeres no pueden tomar decisiones distintas a las que les impone el eterno circular del modo feliz; han de desear que tales momentos se repitan y se repitan sin cesar, dentro de la estructura lineal del tiempo histórico, es decir, el pasado, el presente, y el futuro. Pero resulta que este tiempo, al igual que la historia, nunca se repite, y por lo tanto es imposible que, pasado ya un momento de felicidad, asegurar que el próximo también lo será. El presente devora al pasado, y el futuro devora al presente. Esto es lo que Vattimo llama “la estructura edípica del tiempo”.

Esto recuerda la tesis del eterno retorno de lo igual, de Nietzsche expuesto en La Gaya Ciencia (1882/1986) y, proféticamente en Así habló Zaratustra (1883-1885/1980). En la primera predomina el sentido moral. Pero existe un segundo sentido, separable del primero, que se debe indicar como su significado cosmológico. Como hipótesis ética, la idea significa sólo que, si se pensara en la posibilidad de que cada instante de nuestra vida se hiciera eterno y se repitiera hasta el infinito, tendríamos un criterio de valoración sumamente exigente: sólo un ser totalmente feliz podría querer tal repetición eterna. Pero, y esto es muy importante, sólo en un mundo que no se pensara en el marco de una temporalidad lineal sería posible tal posibilidad plena. La temporalidad lineal, esa que se articula en presente-pasado-futuro, de cada uno irrepetible.

Tendría que entrar en juego aquí una concepción no lineal del tiempo, como lo es la concepción naturalista de los filósofos presocráticos, a quienes Nietzsche admiraba y deseaba imitar; en esta concepción naturalista los momentos sí se repiten, así lo hace la sucesión circular de: primavera, verano, otoño, invierno, primavera y así sucesivamente hasta el infinito, también solsticio de verano y solsticio de invierno, y el equinoccio que se repite dos veces al año. Nietzsche nunca pudo demostrar que la humanidad pudiese regirse por esta concepción cosmológica, circular del tiempo por lo cual se contentó más tarde, después de grandes esfuerzos, con admitir que lo que él proponía era una probabilidad o una posibilidad, como lo es en el cristianismo la posibilidad de la salvación o de la condenación eternas, y que el pensar en esa posibilidad ya influye sobre nuestra conducta.

Sobre la viabilidad de esta sociedad ideal en la cual, los acontecimientos vividos coinciden con los sentidos, por lo que sentir y vivir son una misma y sola cosa, dice Vattimo: “si se  quiere, el elemento ‘decisión’ puede considerarse como el mas ligado, en el plano teórico, al esfuerzo de Nietzsche por una renovación general de la civilización que deberá nacer de su pensamiento; mientras que  la crítica del sujeto es mas bien coherente, como su implicación teórica radical, con la idea del eterno retorno. Pero con igual razón se pueden ver los dos temas de la decisión y disolución del sujeto, como momentos específicos de la idea misma del retorno. Lo que importa, sin embargo, es descartar la presencia de una tensión, finalmente no resuelta… ante el elemento decisión… y el elemento disolución del sujeto, consecuencia del reconocimiento radical del eterno retorno”. Aquí es donde sucumbe el pensamiento de Nietzsche, y también me atrevo a decir que el de Marx relativo a la sociedad comunista. En ninguna de las dos tesis es posible, pues,  la máxima felicidad de todos, puesto que el tiempo lineal, el histórico no se repite; y el tiempo cosmológico es imposible en el devenir de lo humano.

De la suprema felicidad al totalitarismo

La idea de una sociedad sin clases y plenamente igualitaria surgió inicialmente en la Grecia presocrática; la razón es que en esa Grecia se reconoció por primera vez la propiedad privada de la tierra, la cual fue tratada como una mercancía; de ahí que fuera ese país el primero en afrontar las desigualdades sociales derivadas de la propiedad. Aquí nacieron los problemas éticos de la desigualdad distributiva de riqueza e ingreso. En su poema Los trabajos y los días, Hesíodo (circa 700 a.C./2003), contemporáneo de Homero (siglo VII a.C.), ensalzaba una mítica “Edad de Oro” en la que las personas no actuaban por la “vergonzosa ansia de lucro”, en la que había abundancia de bienes para repartir entre todos y en la que la humanidad vivía en una paz perpetua. El tema de la  Edad de Oro resonaría también en las obras de Virgilio y Ovidio; este último hablaba del tiempo en que el mundo no sabía nada de “postes ni vallas delimitadoras”.

Desde que adquirió su primera formulación teórica en La República de Platón, el ideal recorrió un largo periplo de decadencia en la Edad Media, porque la Iglesia Católica  no solo no predicó la pobreza, sino que desautorizó, y a veces persiguió, a quienes lo hicieron. Pero la Edad de Oro no desapareció de la conciencia europea. Recorrió un largo e interesante periplo hasta la Ilustración, antes de la cual surgió la arquetípica  Utopía de Tomás Moro, (1516). El tema común en todas las utopías posteriores sería, como en la de Moro, tanto la ausencia de riqueza privada como la coacción de los individuos por parte de la comunidad en su conjunto: utopía, tanto en la teoría como en la práctica, significa la subordinación del individuo a la autoridad, que lo obliga a hacer aquello que por su propio libre albedrío no se siente inclinado a hacer. Y en ese sentido tenía que ir la educación pública, y aun la privada. En ciertos aspectos, el Estado comunista establecido por Lenin en Rusia en noviembre de 1917 constituyó  un grandioso experimento de educación pública, realizado según el modelo de Helvetius con el objetivo de crear un tipo de ser humano totalmente nuevo, liberado de vicios, incluyendo el de la codicia. Y ese sería el sujeto que disfrutaría, sin cesar en el tiempo, de la suprema felicidad

Ahora bien ¿puede el Hombre Comunista tomar decisiones distintas de aquellas conducentes a la suprema felicidad? No, no puede, pues entonces la sociedad comunista caería de su óptimo, ya que la situación de suprema felicidad se modificaría, como en el caso del óptimo de Pareto. Luego, esos hombres no son libres, no pueden ejercer su albedrío en una dirección distinta. ¿Y por qué han de serlo? Porque en el comunismo, para que sea sostenible en el tiempo histórico, deben repetirse constantemente los momentos de suprema felicidad y, en este caso, al quedar abolida la capacidad de juicio y de decisión, se disuelve el sujeto, deja de ser persona, y su destino es la muerte.

Pero, afirmarían sus creyentes, en el Comunismo pleno existirá un Hombre Nuevo, no sometido ni expuesto a ninguna de las bajas pasiones, no estará asechado por el mal (el lucro), la lujuria, los malos pensamientos de la disidencia y la conjura, ese es un Hombre en el cual se realiza el amor pleno, con todas sus derivaciones de solidaridad, respeto, lealtad, vida de hogar comunista o socialista. Este tipo de sociedad y su hombre nuevo recibieron la posibilidad de realizarse desde hace casi un siglo, de los cuales 70 en la Unión Soviética, y más de medio siglo en Corea del Norte, Cuba y China. Como a Godot, en la gran obra de Samuel Beckett, todavía lo están esperando. Pero lo que no se hizo esperar fueron las grandes matanzas ocurridas en esos países cuando trataron de imponer los valores y la moral imaginaria del hombre nuevo.

Empero aquí surge algo crucial para la libertad y la vigencia de valores en el  conjunto social y, desde luego, en la esfera económica. Como en la sociedad socialista o comunista todo debe proceder según el esquema racional previsto por el  Plan o el Líder Supremo, se comprende la necesidad del  deus ex machina, es decir, una deidad proveniente de fuera del escenario, un dios surgido de la máquina, en este caso, del escenario comunista.  Mas resulta que el socialismo y el comunismo sólo han existido, o sobreviven (China aparte, donde coexisten dos sistemas en un solo país) en países pobres, con bajo desarrollo de sus fuerzas productivas. En esta situación, el partido y los líderes revolucionarios imponen despóticamente sus valores e ideología, aseguran la perpetuación en el poder, y emprenden una carrera por “alcanzar y sobrepasar al capitalismo”, en particular a los EE.-UU.

Como su fin último es la suprema felicidad, que sólo se alcanza en el comunismo, todo desvío respecto de las acciones y prescripciones conducentes a la utopía, es condenable. De ahí la necesidad del superhombre o del hiper-líder y su consecuencia inmediata, el totalitarismo, político o teocrático; es decir, el apoderamiento de la totalidad de los poderes públicos, incluyendo, y esta es su novedad, toda la esfera económica. Aunque en el Primer Plan Socialista (2007-2013) se hable de importantes espacios de economía social, es el Estado y, por encima de él, el Líder Supremo, el teniente-coronel Hugo Chávez Frías, quien dispone a voluntad de toda la vida institucional del país, vulnerando día a día la Carta Magna de 1999, en nombre del socialismo del siglo XXI, “que están inventando” (sic). La conexión entre totalitarismo y utopía la denunció un testigo de excepción en la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, el entonces presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, quien hace poco escribió lo siguiente.”El siglo XX marcó el fin de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas” (El Nacional, 08-11-09). Pero las ideologías totalitarias ciegan y ensordecen a sus sacerdotes, ahí están, Jong Kim Il, los hermanos Castro y el fundamentalista Ahdmadinejad- Y en Venezuela, la tentación totalitaria se extiende como un magma. Sin tapujos se ha dicho que, en Venezuela, la “felicidad suprema” pasa por las manos del Presidente: en efecto, el presupuesto fiscal de 2010 contempla 146 proyectos, por valor de BsF. 34,8 millardos, destinados a la construcción de la “máxima felicidad social”, que serán manejados discrecionalmente por el mandatario (El Nacional,02-11-2009).

Mencionemos a continuación algunos hechos y propósitos inquietantes porque constituyen flagrantes atentados contra la ética económica, ya que, a fin de cuentas recaerán sus efectos sobre lo población segregada por Chávez  de todo derecho, y sobre los estratos más desfavorecidos de la sociedad:

  1. Las asignaciones presupuestarias al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) contienen directrices terminantes, según las cuales ese supremo organismo  debe convertirse en un ente que sólo imparta justicia  socialista, lo cual constituye una aberración de todo el propósito de las instituciones claves de la ética socioeconómica contemporánea, ya que arroja al apartheid político a toda disidencia, criminalizándola.
  2. Las graves deficiencias que se están presentando en el sector eléctrico afectan a toda la población, pues es un servicio básico, primario. Su nombre se llama negligencia, que viene desde hace unas dos décadas pero que se acentuaron en la última; el profesor José Manuel Aller, de la USB, estima que se requieren de unos 18 a 20 millardos de dólares para lograr el equilibrio en cinco años. Hay que denunciar el hecho doloso de que 300 plantas eléctricas compradas a Cuba, y por las cuales se pagaron 2,4 millardos de dólares, por una tecnología de 1950, están paralizadas (El Nacional, 01-11-09).
  3. La urbanista de la UCV, profesora Esther Marcano asegura que la sequía no es la única causa de la falta de agua, para la experta, pesan más la carencia de inversión, planificación, mantenimiento y previsión del gobierno. De nuevo, negligencia.
  4. Después que la AN sancione la Ley del Consejo Federal de Gobierno, Chávez tendrá un presupuesto paralelo, un fondo para entregar dinero directamente a los consejos comunales, con lo cual se expanden las fuentes de una corrupción incalculable, que ya es vox populi.

El BCV ha sufrido varias arremetidas con el fin de exprimirle recursos con vías al Ejecutivo; en los últimos 9 años, el Instituto emisor ha transferido 49.1 millardos de dólares, un monto que duplica la necesidad de inversión eléctrica y es superior al nivel de la reservas internacionales. El Dr. Pedro Palma, a propósito de la última reforma de la ley del BCV que lo subyuga al gobierno, escribió:”…el loable objetivo que según la exposición de motivos de la reforma de la ley se busca con esas acciones, cual es mejorar la calidad de vida de la población, se puede transformar en una perversa consecuencia de inflación creciente e incontrolada que depaupere a los venezolanos, particularmente a los que menos tienen”.Este es un consenso generalizado entre los economistas. No es ético afirmar, como lo hace el presidente del BCV, que la reforma no resta autonomía al Instituto, quien también niega que la reforma permita emitir moneda sin respaldo.

Conclusión

De la primera parte de esta trabajo, que  se remonta a la época de Adam Smith, y recorre un largo período hasta el presente, se pueden extraer dos tesis: 1) que la economía moderna se ha empobrecido considerablemente al mantener distancia y alejarse de la ética, 2) que, inversamente, la separación de la economía y de la ética se ha hecho en detrimento de la propia ética.

Nos hemos esforzado en mostrar, por razones más éticas que intelectuales, que en el régimen socialista la ética es una contradicción en los términos. En el socialismo el individuo no puede ser libre, aunque quiera, porque bajo ese sistema todo es  impuesto por la fuerza y aun en forma despótica (Marx dixit). ¿Cuáles son los efectos de la felicidad permanente en la conciencia del hombre? No puede ser otro que la abolición de su poder de decidir, y con esta abolición tiene lugar la disolución del sujeto. Los marxistas de todo pelaje, al hacer gala de un materialismo irreductible, afirman que el ser social determina la conciencia social, que el mundo de las ideas es creado por el devenir histórico del hombre. Por eso, para el marxismo, la ética es un reflejo superestructural de las condiciones materiales de vida. Pero hemos sido terminantes en cuanto a las verdaderas posibilidades de los seres humanos en dos sistemas que se excluyen entre si, comunismo y capitalismo solidario. Con el muro de Berlín la humanidad libre celebró, no la caída de unos bloques y alambres de espino, sino el colapso de un sistema que costó a la humanidad entre 85 y 100 millones de muertos, un 50 por ciento más que en las dos guerras mundiales (Stéphane Courtois, ed., 199/1998). Si alguna vez pretenden revivirlo, lo harán defraudando a la historia y con la certeza de acabar en otro costoso fracaso. Semejante acción rozaría la locura, a la que se ha definido como el acto de repetir lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados distintos.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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