Silvia Dioverti LA ESTÉTICA Y LA MUERTE

Este artículo también podría tener otros títulos: “Lo indefendible”, “Morir de fealdad” o “Kalokagathía” ese concepto de lo Bueno y lo Bello con el que los pitagóricos influyeron en Platón y al que el autor de los Diálogos agregó el de la Verdad: Verdad, Bien y Belleza. Deseché el título en griego porque me pareció que, según reza el decir criollo,  era mucho camisón pa’ Petra.

Escribir Petra y no Petro, me condujo ipso facto a una encrucijada mayor: en la lista de contrarios asociados entre sí que dizque pergeñaron los pitagóricos, lo femenino —es decir la mujer y, por extensión, Petra— está situado del lado del mal, o sea, a la derecha (vaya, vaya, qué de alocuciones se podrían sostener con sólo eso),   donde también hallamos palabras como movimiento, curva, oscuridad, pluralidad. Eso me hizo preguntarme por qué camisón y Petra, por qué no pijama y Petro, pero me estoy desviando demasiado, retomemos.

Soy fumadora —de allí la posibilidad de titular esto como “Lo indefendible”— y como todas y todos los que compartimos ese horroroso vicio, he venido sintiendo que somos los nuevos leprosos, los nuevos proscritos. Pero no voy a enzarzarme en discusiones peregrinas, acepto ser señalada y no voy a esgrimir razones para mi sinrazón. Aunque dicho sea en mi descarga y en la de otr@s proscrit@s, nunca he sabido de nadie que después de una cigarrera maltratara a sus hijos o a su mujer, se lanzara por el balcón o hiciera cualquiera de esas cosas que se hacen bajo el efecto de otros vicios.

Ahora bien, hasta finales del año pasado las cajetillas de cigarrillos en Venezuela traían ilustrativas y ejemplarizantes imágenes que, si bien eran fuertes, no podía decirse que estuvieran mal hechas; nos gustara o no, había calidad, verdad y bien en la forma, es decir, respondían al concepto platónico, lo cual, hoy por hoy, no es poca cosa. Frente a la incuestionable argumentación de la salud pública, la ecología y el derecho de otros a no ser contaminados nos consolábamos con la frase de Borges: que el Cielo exista aunque mi lugar sea el Infierno. Pero, de unos meses para acá, las mencionadas imágenes cambiaron. Una losa sepulcral con la inscripción Q.E.P.D. AL PORTADOR MUERTO POR FUMADOR sustituyó a dientes y pulmones destruidos. Al principio, debido al shock estético, no supe bien qué era lo que me molestaba más, si ese al portador o lo que lleva implícito el símbolo que en el lado superior derecho de la lápida (vaya, vaya) sentencia: Venezuela libre de humo de tabaco. Será, me dije, que cuando muramos todos los fumadores se podrá hablar de algo así como una Segunda Independencia, y eso me llevó a pensar en el argumento según el cual la bajada al sepulcro de una gran parte de los habitantes del país contribuirá a que, por fin, reinen el orden y la armonía. Yo mismita me contesté que eso era hilar demasiado fino y que no había en la dicha advertencia tanta malicia como la que estuve a punto de suponerle.

Volvamos al portador muerto por fumador. Dos cosas me produjeron el shock antes dicho: la rima portador-fumador, cuya simpleza me horadó la estética audiovisual, y la incongruencia gramatical que evidencia la frase: un sujeto muerto, es decir, pasivo, se convierte en complemento directo de un verbo transitivo y porta una lápida. ¿Cómo así? me pregunté, y eso me lanzó por disquisiciones sobre lo ético y lo estético, Sartre y su la belleza debe ser útil, los pitagóricos y todo lo antes mencionado respecto a la Verdad, el Bien y la Belleza.

Pensar en ética y estética me hizo acordar de una frase de Lenin y me fui al Diccionario Soviético de Filosofía a ver si la encontraba, porque lo que sí no podía recordar con precisión era si él había dicho la estética de hoy es la ética del porvenir, o al revés, la ética de hoy… No encontré la frase, y busca buscando, me enfrasqué en un laberinto de posibilidades; así es la lectura, abre puertas que ignoramos que existen, de allí, tal vez, que en algunos lugares y para algunas personas ciertas lecturas sean consideradas como peligrosas, verbigracia, los militares del Cono Sur para quienes hasta un Freud era subversivo.

En cuanto al segundo título posible, “Morir de fealdad”, y cuya argumentación dejé para el final, está, evidentemente, asociado a todo lo ya expuesto. La ciencia que trata de las leyes a que está sujeta la aprehensión estética del mundo, viene en mi ayuda para permitirme afirmar que también se puede morir por falta de belleza. Sostener eso quizás me convierta en una persona elitista para quienes adoran las rimas fáciles, los lugares comunes o los improperios. Qué se le hace.

Debido al humo del quemadero de basura que arde desde hace días y lanza sus gases nocivos sobre Caracas, las continuas quemas de El Ávila y los incineradores (sí, damas y caballeros, todavía existen) de algunas clínicas y hasta de, por lo menos, una corporación no privada, me consta, tuve que cerrar balcón y ventanas. Fumando escribo dentro de una densa nube de humo y frente a la cajetilla del portador. Me consuelo recordando una frase de Rilke: cada quien lleva en sí su propia muerte. Así, por lo menos, me libro de andar echándole la culpa al Niño o a la Niña por mi falta de previsión. ¿Morir de cigarrillo?, tal vez; de fealdad, seguro.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Silvia Dioverti LA ESTÉTICA Y LA MUERTE

  1. leoner ramos dijo:

    bello. gracias por la risa y la fineza de tu ironía.

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