Ivonne Rivas AMÉRICA: AQUÍ Y AHORA

Latinoamérica convergencias y divergencias después de 200 años…

Estas reflexiones que deseo compartir con ustedes respecto a Latinoamérica se inscriben en las proposiciones de los más significativos americanistas desde los cronistas de Indias hasta nuestros días. Posición sustentada, a su vez, en los pensamientos de los precursores de las independencias de las diferentes naciones latinoamericanas.

Desde el siglo XVIII, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Martí y otros han visto a la América como una totalidad sincrética y mestiza. Síntesis, amalgama en el sentir y el hacer. Bolívar vio el destino de América en su célebre Carta de Jamaica (1815) como una confederación de los países americanos, donde cada uno de ellos gozara de su independencia, conclusión a la que llega, al tener en consideración (…) nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y las ciencias, aunque en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil.

Estos pensamientos en el siglo XX, han tenido por sabios defensores a Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Germán Arciniegas, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Eduardo Galeano y muchos otros insignes pensadores provenientes de diferentes latitudes del continente, y los cuales coinciden en la necesidad de reconocernos como un todo, conformado por unas partes diferenciadas, que constituyen la totalidad.

En América, aun cuando las circunstancias históricas, económicas y sociales nos determinen y conformen regionalmente en formas diferentes, lo sincrónico-geográfico y lo diacrónico-histórico nos unen y singularizan. Estas circunstancias permiten conformar una pluralidad intercultural, donde existe una inobjetable diversidad.

Esta pluralidad en unidad se basa en la contigüidad geográfica, las similitudes étnicas, el sincretismo cultural y las correspondencias que se establecen entre los diversos modos de aprehensión del mundo (Madrid 1991).

Reitero que ésta, es una aproximación a una América donde se pondera la unidad pluricultural. Desde  esta perspectiva la transculturación ejercida por cinco siglos, nos lleva a considerar asuntos como el de la conciencia dividida del mestizaje y lo referente al sincretismo cultural, los cuales derivan y se caracterizan en un mestizaje que se distingue por una inmensa riqueza creativa, expresada en capacidad articuladora y la posibilidad de lograr síntesis de los hombres y mujeres de América en todos los tiempos.

El acercamiento desde éste ángulo prolonga nuestra visión de la Latinoamericanidad hacia diferentes ámbitos continentales, los cuales se articulan y relacionan en forma constatable.

Ejemplo de lo expresado es la convergencia de las culturas americanas latinas y las culturas americanas anglosajonas del mar Caribe, en ellas se establecen mediante la comunión de historias, las raíces étnicas y las maneras de relacionarse y sentir estas Américas, vínculos inobjetables. Ambos universos culturales son semejantes y distintos, ya que si bien observamos que están caracterizados en sus orígenes por las confluencias de las culturas hegemónicas europeas: españolas, inglesas, portuguesas, francesas, holandesas, y las culturas africanas  y las amerindias, suscitaron el surgimiento de unas Américas Criollas pluriculturales y multiétnicas con  diversas características.

Al observar las culturas americanas del norte, este, oeste, sur, centro y caribe como una totalidad continental, notamos una globalidad en que la diversidad se manifiesta en una pluralidad donde coinciden y difieren muchos aspectos.

Las especificidades culturales y regionales existen pero a su vez se unen en la generalidad americana por identificarse en rasgos comunes de tipo: geográficos, históricos y étnicos. Realidad constatable que tiene un pasado y un destino común, una Latinoamérica entendida como un universo donde se conjugan y reconocen las culturas de los viejos mundos africanos, europeos y el mundo del amerindio …viejo en prácticas humanas y joven en el encuentro con los otros mundos. (Simón Bolívar, 1815).

Esta reflexión nos lleva a la posición defendida por muchos teóricos y estudiosos de la latinoamericanidad, en la cual, se contempla dentro de Latinoamérica el universo Angloamericano Caribe, se sustenta esta proposición en la accesión por aquiescencia, ya que Angloamérica forma parte de Latinoamérica al ser integrante de ese universo plural de América, el cual se caracteriza: por el escenario geográfico, la similitud de los procesos históricos-sociales, los niveles semejantes de desarrollo político-económico y las correspondencias entre los distintos modos de aprehender la realidad (Ardao 1980).

Suficientes aspectos estos, para identificar a este gran conglomerado humano como específico en el concurso de las realidades que conforman nuestro planeta.

Estas convergencias nos configuran como totalidad plural, donde se ejercen en autonomía las singularidades nacionales y regionales, las cuales en algunos casos son divergentes.

Las condiciones que determinaron las características de las diferentes naciones que conforman este continente, devienen de muchas circunstancias,  entre ellas podemos mencionar las maneras de relación que establecieron las culturas metropolitanas con las colonias, la pluralidad alcanzada por los niveles de conciencia de los miembros integrantes de las sociedades, logrados a través de los elaborados procesos de mestizaje y sincretismo, y la aquiescencia, pertenencia, presencia, accesión a un tronco único que es el continente americano con su geografía, historia y raíces étnicas (Rama 1982).

Lo que significa que la totalidad de Latinoamérica, contemplando como parte ella a Angloamérica, constituye una geografía, tiene una historia y comparte muchas semejanzas de índole socio-económica respecto a sus procesos de colonización, independencia y construcción del futuro. En consecuencia, las lenguas no deben ser un elemento separatista.

Reflexionando dentro de un marco histórico comparativo, sobre los acontecimientos ocurridos en América en los últimos 505 años, observamos que situaciones similares han enfrentado diversos sectores de la humanidad en diferentes épocas, por lo tanto, al querer comprendernos, una mirada retrospectiva a estadios anteriores confrontados por muchos grupos humanos, facilita la comprensión de los hechos que nos tocan vivir en nuestro tiempo y permite vislumbrar el destino hacia donde se dirigen los pueblos americanos. A su vez, nos ofrece la posibilidad de entendernos como parte de la historia y ser partícipes de un destino común humano (Uslar, 1969).

Referirnos a las relaciones multiétnicas, pluriculturales y al intercambio transcultural ocurrido durante 600 años del Imperio Romano, nos ubica en una visión más cercana a los acontecimientos que corresponden a los hombres, ya que reconoceremos con cierta objetividad los procesos y sus consecuencias, lo que a su vez nos aportará instrumentos para proyectar nuestra América.

Recordemos que la cultura occidental que conocemos hoy en día, está regida por los aportes de la cultura Latina, romana. Esa cultura se vinculó con las culturas autóctonas de los pueblos que invadió y generó uno de los más ricos y maravillosos universos pluriculturales que han existido sobre la faz de la tierra. Mencionemos cómo en la actualidad, nuestros sistemas Lingüísticos, Jurídicos, Urbanísticos, Estéticos y Sociales están regidos por los postulados elaborados por esa cultura la cual se enriqueció, aumentó, al conjugarse con las culturas con las que se relacionó.

Este ejemplo de lo que la humanidad es, nos lleva a considerar cómo todo hecho de la vida, todo acontecimiento determinado por los hombres, está regido por sus potencialidades y signado por la transformación y la metamorfosis.

La creatividad, vista como la inmensa capacidad de síntesis de que se es capaz, lleva a los hombres a dinamizar y modificar todo con lo que interactúan, de esa forma nada a su alrededor permanece estático, todo se mueve y dinamiza, se vuelve otro al ser sometido al proceso de relación con el homo-cultural, su capacidad de modificar y aumentar el universo de lo natural es infinita. Ocurre igual con cada una de la células de nuestro cuerpo, las cuales se transforman a cada instante, ya que así lo propician los átomos de oxígeno que tomamos  al respirar. Nada de lo que el hombre toca y con lo cual interactúa permanece luego de la misma manera, ya que de esta forma lo determina su ser cultural y biológico, que, lo impulsa constantemente a construir mundos, donde se relaciona, somete, aumenta o destruye el reino natural.

La esencia biológica, simbólica y cultural del hombre no permite que se detenga la vida, los traumas y las pesadillas dan oportunidad a la regeneración y la creación.

Nuestra historia de hombres que pertenecemos a una proporción determinada del planeta, la cual cuenta con una geografía particular, comunes historias y formas similares para instalarnos en la existencia, está provista de singularidades que las culturas hegemónicas y dominantes han querido desatender. Durante más de 500 años, se ha desatendido lo que América era, es y será, y ante todo, ignorar todas las capacidades que tiene de ofrecer alternativas para el futuro de la Humanidad.

Nuestra herencia de amerindios, africanos y europeos deviene otra la realidad, somos parte del Universo, pero parte diferente e indispensable.

Si nos distanciamos, tarea difícil ya que el dolor y los traumas han recaído sobre nuestros seres, cuerpos y espíritus, podremos mediante la objetividad necesaria vernos como parte integrante de la Humanidad e inmersos en la mar de contradicciones y reiteraciones humanas que parecen repetirse cíclicamente.

Los imperios macedónico, mongol, romano, español e inglés decidieron en diferentes momentos de la historia de los hombres imponer hegemónicamente sus culturas: cosmovisiones, formas de comunicación, creencias y todo lo que el hombre puede crear como homo-faber-cultural. En forma periódica, unos han estado arriba usando el poder y otros lo reciben, pero en ese ciclo todo cambia, y el hacerse la vida no se detiene. Sabemos que con el transcurrir del tiempo, se invierten los órdenes establecidos.

El tiempo transcurrido en ejercicio humano por la América, demuestra que todo se transforma, modifica y enriquece. Estos inicios del milenio parecen indicar que se cierra un ciclo, una era, y que se avecinan tiempo mejores, donde el concurso de los aportes de los pueblos de América, puede imprimir mejoras a la Humanidad. La inmensa capacidad de síntesis, que no es otra cosa que creatividad, expresada en el mestizaje y el sincretismo, ofrece alternativas al provenir (Uslar, 1969).

Desde esta visión, lo que toca ahora es la unión, entendida como la máxima exposición de respeto a las peculiaridades, y persiguiendo siempre la satisfacción de las necesidades específicas regionales y humanas.

Conocernos es tarea fundamental, sólo así podemos interactuar y favorecernos; los procesos pluriculturales deben intensificarse para no ser motivo de engaños y manipulaciones.

La América Hispana es muy vasta, y a su vez rica culturalmente. Cada región cultural del Continente donde se conjugaron las culturas amerindias, africanas e hispánicas, manifiesta complejos rasgos culturales resultantes del mestizaje. El sincretismo y la transculturación obraron como sabias abejas para derivar en complejos andamiajes culturales que determinan singularidades nacionales o de regiones culturales (Ortiz 1978).

Desde esta perspectiva podemos hablar de la cultura andina, la cultura amazónica, la caribe, la centroamericana, y es más, también podemos clasificarlas por límites geo-políticos o nacionales, tendríamos entonces las culturas mexicana, argentina, colombiana y tantas como se halla dividido el continente en países. A su vez, si observamos la diversidad cultural de la América Anglosajona, podemos advertir culturas antillanas, norteamericanas, guayanesas, o circunscribirlas a las fronteras nacionales: cultura barbadense, jamaiquina, canadiense. Este enfoque sobre la diversidad, pluralidad y especificidades de América, se aleja mucho de las visiones reduccionistas eurocéntricas que se han querido imponer sobre la verdadera aproximación a la realidad pluricultural y multiétnica del continente americano. Nos toca a nosotros hacernos conocer, ya que han pasado muchos soles y lunas en los que nos han inventado o reducido a una imagen defectuosa del mundo europeo.

Deseo compartir una visión sobre mi país, Venezuela. Esta aproximación nos servirá de acercamiento a la pluralidad cultural latinoamericana. Esta particular circunstancia histórica, económica y política, que en estos momentos se llama Venezuela y cuya identidad ha sido determinada por los acontecimientos en el tiempo, al igual que otros países latinoamericanos, nos servirá de ejemplo sobre lo que vengo exponiendo acerca de las características pluriculturales y multiétnicas de Latinoamérica.

Venezuela se singulariza por ser un activo conglomerado humano que ejerce una cultura que se define como criolla, mestiza y sincrética, en síntesis, comulga de las características generales de la América.

Su historia y antecedentes establecen que la mayor parte de sus tierras en el norte de la América del Sur, pertenecían en su mayoría a la etnia Karibe, desde ese territorio que en los antiguos mapas llaman Caribana, ejercían una hegemonía sobre el resto de las etnias que ocupaban –y ocupan– el territorio venezolano actual.

Estas etnias, encabezadas por los Karibe, ejercieron un imperio poderoso que controló importantes espacios terrestres y marítimos, desde la amazonia venezolana, hasta la península de La Florida, en el sur de la América del Norte, desarrollaron unas culturas que corresponden a elaboradas formas del ejercicio humano y de excelente relación con el entorno, debido al conocimiento de su realidad. Estas culturas eran ejercidas por pueblos de características nómadas. Podemos citar como parte de sus particularidades culturales: arquitecturas sofisticadas y transitorias, no perennes; conceptos del tiempo: mítico, circular no lineal; culturas orales; organizaciones sociales cerradas y matriarcal en su mayoría; prácticas agrícolas sencillas, recolectores, cazadores, pescadores; grandes navegantes con profundos conocimientos de las estrellas y de todos los astros; y muchas otras, las cuales nos llevarían a  una exhaustiva y extensa disertación.

Estos rasgos los menciono porque son necesarios para entendernos en la actualidad y en el devenir cultural e histórico que transita Venezuela.

De los 912.050 Km2 de superficie que ocupa el territorio venezolano, 2.813 Km. son de costas sobre el Mar Caribe, la frontera norte del territorio. Esta situación y sus particularidades culturales y étnicas, permitió que los amerindios Karibe ejercieran su imperio sobre todo el mar que lleva su nombre. Desde el norte de América del Sur hasta el sur de la América del Norte, abarcando todo el territorio continental e insular que estuviera vinculado a su mar, ellos ejercían su poder e invadían y sometían a todos los hombres que se les opusieran. Su imperio era el Mar Caribe, y ellos ejercían el total control de ese vasto territorio marino, por ser grandes navegantes y poseer vastos conocimientos astronómicos.

Los legendarios Karibe dirigieron por mucho tiempo los destinos del Caribe, todo de acuerdo a la cultura que crearon, los sistemas de creencias que tenían, la comunicación que establecían mediante el lenguaje que utilizaban, las estupendas embarcaciones que construían y todo el maravilloso mundo cultural que desarrollaron para aumentar el universo natural.

Transitaban las encantadas aguas del Mar Caribe y conocían los confines de las tierras que lo rodeaban, así como también las islas que lo conforman. El mar, con sus litorales e islas, era de su pertenencia.

El poder que ejercieron, tuvo asiento en ideas y conceptos de potencia, potestad, donde todo era posible. Poder no material, ya que la cultura desarrollada lo evidencia, sino de supremacía y facultad para querer y hacer. La Lingüística contemporánea ha registrado e investigado su elaborada Lengua, la pesquisa ha arrojado huellas dejadas por la lengua Karibe en todas las islas de su mar y en los territorios continentales que lo rodean. La península de La Florida, Cuba, República Dominicana, Jamaica y otros territorios, fueron de las muchas tierra y zonas donde interactuaron, ejercieron regímenes de transculturación y aculturación en los años pretéritos, mucho antes del encuentro con los mundos africanos y europeos. A través de ellos, se supo que el corazón de América del Sur estaba lleno de oro, plata, esmeralda y cuanta riqueza ellos portaban como ornamento o de la cual hablaban sus historias, mitos y leyendas. Posteriormente los europeos quisieron ir detrás de estos tesoros, orientados por otros valores y movilizados por una descomunal ambición material.

Estos poderosos Karibe con sus costumbres guerreras, su particular ejercicio del poder, la antropofagia ritual que parece practicaban, hicieron que las otras etnias que ocupaban la región Caribana se replegaran hacia los extremos sur, este y oeste, como todavía ocurre en la actualidad. A la llegada de los europeos, las etnias que no eran Karibe estaban resguardadas, así los españoles se enfrentaron a los karibes, a muchos de ellos los eliminaron porque presentaron una férrea oposición y a otros los utilizaron contra las otras etnias. Caciques, guerreros murieron combatiendo: Guaicaipuro, Tamanaco, Chacao, Baruta, Manaure y otros. Dicen que cuando murió Guaicaipuro destrozado por perros furiosos, entrenados para ello, dijo…mátenme, mátenme para que se les acabe el miedo (Galeano 1988).

Luego de estos traumáticos encuentros y desencuentros, parte de la población amerindia fue transculturada, pasando a formar parte de la población criolla, y otra gran cantidad se replegó hacia los extremos del territorio. En la actualidad, hay miembros de la etnia Karibe en Venezuela, desarrollan sus vidas de acuerdo a la herencia de sus ancestros y lo obtenido de las culturas criollas con las que se vinculan e interactúan. Podemos mencionar entre estos grupos Karibe, existentes en la actualidad: a los Yekuana o Makiritare, Kariña, Pemón, Yukpa. La historia no ha sido considerada con los míticos Karibe, sobre todo porque no los entiende.

Actualmente en el territorio de Venezuela, existen 34 etnias, de las cuales podemos mencionar, además de los nombrados: Warao, Yukpa, Wayuu, Baré, Senema-Yanomami, Piaroa, Barí, Hiwi, y otras, Todas ellas con universos culturales extrema complejidad y refinamiento. Estas culturas las desarrollan mediante el conocimiento y estudio de su medio ambiente y la realidad donde están inmersos. Culturas estas que manejan un mundo simbólico e imaginario que les permite interpretar y dominar su entorno. Sistemas semióticos complejos conforman los lenguajes: articulados, corporales, gestuales, las mitologías, las cosmogonías, las prácticas religiosas, la arquitectura y todo el mundo de culturas materiales y espirituales-mentales que han forjado al igual que otros grupos humanos en diferentes tiempos y regiones.

Culturas orales que no han tenido la necesidad de consignar en el tiempo sus prácticas y acontecimientos humanos. Existen sistemas visuales y gráficos para registrar algunas cosas y conforman códigos altamente elaborados, entre ellos los petroglifos, los pictogramas, las estelas; sin embargo, no son culturas letradas, no necesitan de soportes materiales para fijar la memoria. Sus tradiciones y conocimientos los guardan en la memoria colectiva e individual y se transmiten de boca a oreja (Ong 1987).

Al igual que los antiguos griegos, antes de la época de Platón, el mundo es de la palabra dicha y no de la escrita.

Esta vertiente cultural se sostiene hasta nuestros días, sus costumbres, creencias y prácticas humanas las hemos heredado, y el sincretismo,  las ha desplegado. Nos configuran a todos en mayor o menor parte de acuerdo a las condiciones y circunstancias económicas, históricas y sociales, personales o grupales. Consciente o inconscientemente: idiosincrasia, costumbres, cosmovisión y sentimientos están presentes en la población criolla venezolana.

El transcurrir del tiempo, el fluir de lo humano, hizo que en 1498, Cristóbal Colón llegara a tierra firme del continente americano en su tercer viaje, de esa forma se dio el encuentro de los mundos americanos y europeos. Comenzó, a partir de ese momento, la perturbación del mundo Karibe y de las demás etnias que ocupaban esa porción de tierra en lo que luego se llamaría América del Sur.

El azar histórico quiso que fueran los españoles los que vinieran primero al encuentro de los mundos en el territorio que llamarían luego, Venezuela, y determinó que se iniciaran procesos para el fortalecimiento de la cultura hispanoamericana, la cual, repito, se caracteriza en la mayor parte de los países latinoamericanos por ser criolla, sincrética, pluricultural y multiétnica.

Proceso de conjunción, transculturación y a veces de aculturación y etnocidio, el cual generó en más de cinco siglos, un grandioso mestizaje que configura y singulariza en el concurso de la variedad cultural de la Humanidad.

La América Hispana, desde sus inicios, heredó de España la vocación intercultural. La península ibérica experimentó y ejerció uno de los más ricos procesos de mestizaje, durante 700 años, los territorios de España y Portugal fueron ocupados por los árabes y judíos del norte de África.

Esta ocupación que se desarrolló culturalmente en la de la península ibérica, especialmente en el sur, generó durante siete siglos, una cultura mestiza de gran riqueza, la cual irradió sobre el resto de Europa. A través de los árabes y sefardí, penetró y se instaló en Europa  la filosofía y el conocimiento de los antiguos Griegos, Mesopotámicos, Egipcios y Bizantinos; esos 700 años permitieron que la sabiduría del mundo antiguo, penetrara y se instalara para determinar lo que ha sido el devenir del pensamiento occidental durante los últimos 2000 años de la Humanidad.

El mundo existente en occidente, conoció a Sócrates, Platón y Aristóteles, mediante los sabios árabes y judíos de las escuelas de Toledo y Córdoba. Las universidades de estos importantes centros pluriculturales, concentraron lo mejor del pensamiento antiguo y lo comunicaron a la naciente Europa desde España.

Esta herencia de ejercicios interculturales experimentada por el mundo ibérico, permitió que la relación del mundo hispánico instalado en América, derivara con el transcurrir del proceso colonial, en fusión y amalgama para el surgimiento de la América Criolla en las colonias hispánicas.

Los españoles provenientes principalmente de Castilla, Andalucía y Extremadura, nos legaron su espíritu de de aventura, la imaginación, la lengua, la arquitectura, el urbanismo, las estructuras jurídicas-administrativas, que a su vez, ellos heredaron de los romanos; y muchas otras bondades y defectos.

El inicio no fue fácil, está poblado de traumas: testimonios de los indígenas, de los cronistas de Indias, documentos de fray Bartolomé de las Casas, nos los confirman. Mundos muy diferentes, sistemas de valores diversos, cosmovisiones distintas, determinaron un comienzo difícil.

Luego unirse y transculturarse, para crear los vínculos propios de los hombres. Todo eso permitió encontrar formas para convivir y sobrevivir en este mundo, que se hacía otro, era América.

Todos tuvieron que entregar algo para interactuar, también se vieron obligados a deponer intereses. Recibir y dar, les permitió encontrar las formas para hacer la vida de nuevo y muy singular. Partiendo de encuentros y desencuentros de múltiples y profundas repercusiones para estas culturas dialogantes, se inició lo que luego llamamos la cultura criolla latinoamericana (Pacheco 1992).

El siglo XVI introduce otro aspecto que determinará y enriquecerá el naciente mundo criollo hispanoamericano. 1502, es la fecha reseñada como la llegada de los primeros hombres africanos, en condición de esclavos, a la América Española.

En esos momentos, el proceso de intercambio que ha comenzado a ejercerse entre los europeos y los amerindios, se ve enriquecido con los aportes del hombre africano. La pluriculturalidad a partir de estos momentos se gesta y crece por las herencias provenientes de los tres mundos que se interrelacionan, los cuales se vinculan estableciendo nexos irreversibles en la humanidad del americano, incorporando muchos aspectos que vienen a ampliar el rico universo latinoamericano.

Las culturas africanas que llegaron a América, provenían de diversas zonas de África. Miles y miles de hombres vinieron y en muchas oportunidades no podían entenderse y comunicarse entre ellos, por pertenecer a culturas diferentes, etnias distintas de ese continente tan grande y antiguo. La oralidad era uno de los rasgos principales culturales entre ellos y la diversidad pluricultural era distintiva. Esta circunstancia ocasionó que desde un primer momento asumieran la lengua de los colonizadores para poderse comunicar e intercambiar, entre ellos y con los otros.

Las culturas africanas incorporan al proceso de mestizaje su invalorable patrimonio cultural representado en las prácticas sociales, en el enriquecimiento de la sintaxis y el léxico de las lenguas; al introducir tecnologías sofisticadas para el uso de diverso materiales como el hierro, el bronce; los sistemas religiosos y sus ritos, las artes; y todo el compendio de la cosmovisión expresado en los muchos lenguajes visuales, auditivos, corporales, gestuales que trajeron.

Esta herencia nos la trajeron hombres de las culturas Yoruba, Dinga, Bantú, Ewé, Mossi, Fon, Chi, todos de muchas regiones de África, principalmente de la costa de Guinea, que engloba el Golfo de Benin y la Costa de marfil, del Congo y grupos Sudaneses y Ebúrneo-Dahomeyanos llegaron y nos dieron en heredad, complejas prácticas sociales y culturales. Ellos nos aportaron la herencia de sus culturas con costumbres, creencias, hablas y formas de percibir y estar en el mundo.

Estos universos culturales africanos se vincularon y unieron rápidamente a los amerindios y europeos, permitiendo que el mestizaje irrumpiera, revitalizado y crecido, manifestándose en diversos aspectos de lo humano: estética corporal, creatividad, música, creencias y rituales, lenguajes, gastronomía, mitología, etc.

Históricamente, luego de iniciarse el contacto de estas multiformes y ricas culturas orales dialogantes  -incluyendo la ibérica, la cual tenía escritura- en lo que es hoy Venezuela, siguió un período de consolidación de la colonia española, la cual se vio favorecida por la decisión política hegemónica de hacerla Capitanía General y no Virreinato a la nueva nación, debido a que se le consideraba poco importante desde el punto de vista económico, político y cultural. Esta designación propició el afianzamiento de la sociedad criolla, permeable y autónoma; y aceleró los procesos de mestizajes. Se inicio así una sociedad abierta a las nuevas ideas, con vocación de libertad y disposición a los cambios, características que serán el germen para los pensamientos y movimientos independentistas que irradian hacia todo el continente americano y determinan las repúblicas y sus ideas libertarias hasta nuestros días.

Lo expresado, establece las particularidades iniciales históricas y culturales venezolanas, ejemplifican parte de las nacionalidades latinoamericanas, mestizas y criollas: un referente de utilidad para aproximarnos al universo pluricultural y multiétnico americano.

Bolívar expresó somos un pequeño género humano y ciertamente es así, conformamos una parte del planeta, en consecuencia merecemos ser conocidos, respetados y aceptados.

La dilatada trayectoria humana expresada en el ejercicio de interactuar en procesos transculturales desde los tiempos precolombinos, ofrece alternativas para mejorar la vida y enriquecerla.

Los componentes esenciales de los inicios y los posteriores acontecimientos que forjan su historia: amerindia, colonial, independentista y republicana, permiten a Venezuela y a otros países latinoamericanos ser lo que son y  vislumbrar hacia dónde se dirigen.

El sabio mestizaje de donde venimos, ofrece una particular universalidad y apertura al aproximarnos a los hechos y sus soluciones, de allí que aún hoy podemos decir como Andrés bello en el siglo XVIII: América continente del futuro.

Concluyo al pensar que cada nación de América, de acuerdo a sus circunstancias históricas, económicas, políticas y sociales, construye su futuro y va camino al porvenir con la seguridad de que en ese esfuerzo no está solo, ya que pertenece a una totalidad.

Esa es América: aquí y ahora, con cada una de sus partes ejerciéndose en construcción de futuro y determinada por la común herencia étnica, cultural, geográfica e histórica que le permite reconocerse como parte del Todo.

Bibliografía

Arciniegas, Germán (1963) BIOGRAFIA DEL CARIBE. Buenos Aires: Sudamericana

Ardao, Arturo (1980) GÉNESIS DE LA IDEA Y EL NOMBRE DE AMÉRICA LATINA. Caracas: CELARG

Galeano, Eduardo (1988) MEMORIA DEL FUEGO I. Cuba: Casa de las Américas

Henríquez Ureña, Pedro (1961) HISTORIA DE LA CULTURA EN AMÉRICA HISPÁNICA. México: FCE

Madrid, Antonieta (1991) NOVELA NOSTRA. Caracas: Fundarte

Ong, Walter (1987) ORALIDAD Y ESCRITURA. México: FCE

Ortiz, Fernando (1978) CONTRAPUNTEO CUBANO DEL TABACO Y DEL AZÚCAR. Caracas: Biblioteca Ayacucho

Pacheco, Carlos (1992) LA COMARCA ORAL. Caracas: La Casa de Bello

Rama, Ángel (1982) TRANSCULTURACIÓN NARRATIVA EN AMÉRICA LATINA. México: Siglo XXI

Reyes Alfonso (1974) ANTOLOGÍA. México: FCE

Uslar Pietri, Arturo (1969) EN BUSCA DEL NUEVO MUNDO. México: FCE.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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3 respuestas a Ivonne Rivas AMÉRICA: AQUÍ Y AHORA

  1. leoner ramos dijo:

    Demasiadas palabras y notas a pié de página para una ristra de lugares comunes. Cansa la vista ese desperdicio de oraciones.

  2. Arsenio Cué dijo:

    Hola Leoner. De nuevo tu comentario está lleno de adjetivos, frases hechas y simplismo conceptual. Poca argumentación, ninguna idea para el debate. En vez de descalificar -en eso te pareces a Chávez- deberías argumentar tus posiciones ante el tema planteado por la autora.

  3. Ivonne Rivas dijo:

    la recomendación de Arsenio Cué me parece oportuna, vamos a conversar sobre estos temas, para mí sería de gran beneficio

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