Alicia Frelich EL HUMOR EN TIEMPOS DE LA CÓLERA

Tito Martínez del Box, creador original de Radio Rochela.

El actual, irritable régimen venezolano, declaró ciudadano bajo sospecha a Laureano Márquez desde que hace poco el diario Tal Cual, dirigido por Teodoro Petkoff, publicó su artículo El país sin Esteban. Este romántico hijo de inmigrantes isleños, diplomado en Estudios Internacionales y diestro en talento humorístico, declaró “Ahora estoy solo” reactivando la frase del pastor Niemayer cuando  la nazi Gestapo lo llevó a un campo de concentración y en su pueblo ya no quedaba nadie que lo defendiera.  

En una nota anterior le garantizamos a Laureano que desde ahora tiene excelente compañía pues en situación semejante, o peor, estuvieron y están Charles Chaplin, Milan Kundera, Salman Rushdie, los venezolanos Leo, Job Pim y Dominguito, Mijail Bulkanov, escapado del Padrecito Stalin. También huyó Miguel Gila, condenado a muerte por Francisco Franco, Sana del Yemen, U Pa Pa Lay de Birmania, entre otros ilustres autores, porque los gobiernos totalitarios padecen de crónico y represivo mal humor. Ahora con el cierre de Radio Caracas Televisión por furioso mandato dictatorial, sin querer queriendo… La lista se amplía con el equipo de “Se va la audición”, frase presentada por la muy alta calidad vocal y actoral de Cayito Aponte durante gran parte del medio siglo rochelero. 

No siempre Radio Rochela sostuvo el mismo nivel de exigencias que le imprimió su fundador Tito Martínez del Box. A su salida hubo ciclos mediocres y ofensivos. Pero atendiendo a los comentarios públicos y privados, corregían a tiempo. Siempre conservó la dedicación de libretistas, comediantes y personal técnico que la mantuvo al aire como institución querida por el espectador de la nación democrática venezolana sin distingos de ninguna clase. Fue el escape semanal de goce risueño por donde se drenó informal y libremente la crítica popular hacia funcionarios, líderes, organismos, personajes de todas las áreas, costumbres , vicios y virtudes de la ciudadanía que pudo  reconocerse y reir de sí misma cuatro días al mes, sin temor  a censura, acoso y mucho menos castigo.   

Este sistema quiebra y destruye las instituciones sólidas que la democracia fundó y reforzó por milagrosos cuarenta años modernizando al país sin necesidad de uniformes castrenses. En esa misma  medida, incapacitado para construir, tan siquiera un buen guión de sano esparcimiento, porque está ocupado en imponer su imaginaria revolución, reparte humoradas de socarrona hilaridad.   

El ”buen humor cantando, el buen humor soñando” que se marchó por ahora, seguido por el duelo colectivo, refuerza al pésimo de los más altos personeros gubernamentales  y muchos de sus comunicadores. Su disgusto revolucionario expulsa lenguaje y gestos vulgares, ordinarios, de asqueante chabacanería, porque en medio de su cólera persecutoria suponen que esa escoria ideológica mayormente televisiva, es lo que gusta a su comprado seguidor. Además, los pretextos para sus fracasos, la iguana yanquimperialista, una  investigación pseudo-académica sobre el supuesto asesinato del Libertador, sus más recientes ridiculeces, provocan carcajadas despectivas y réplicas ingeniosas del probado talento natural venezolano para burlarse con espontánea y aguda chispa de errores y miserias, propios y ajenos.  

Durante el comunismo ruso surgió el samizdat, oposición escrita clandestina. En éste, su clon militropical, crece la reacción abierta desde la brillante caricatura gráfica y textual, en la todavía prensa independiente, medios radioeléctricos y libros, con el Chiguire Bipolar a la cabeza, en una lúcida y terca resistencia, jugando al humor fino por entre la ira soez, encadenada y burda.   

Con pañuelo en la nariz para ahuyentar los malos olores de la obscenidad oficial, este pueblo reilón se las arregla mientras regresa, ya para quedarse, la antigua y legal audición, segura y bienvenida.  

Porque entretener con agudeza mediante la alegría cómplice es oficio, don y privilegio de y para sociedades libres. Esclavo no ríe.  

  

 

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Alicia Frelich EL HUMOR EN TIEMPOS DE LA CÓLERA

  1. Mafalda Libertad dijo:

    Excelente retrato del obseno pàjaro
    de esta mala y ya larga noche que destruyò al país,tanto física como espiritualmente Y lo de la guerrilla comunicacional es el colmo de los colmos. Despertemos, como decía el Papa polaco porque si seguimos dormidos ante este desaguisado nuestros hijos y nietos serán clones
    tropicaloides de Hitler pues creo que ni Mussolini, ni Franco ni Pinochet,se atrevieron a cosas como esta. Fidel, el putativo padre sì. Putrefacto residuo metido en las instituciones, oficinas y toda nuestra ahora casi vida.

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