Cine CRÓNICA DE UN ANTIHÉROE

Hacía mucho tiempo que no veíamos una película de Werner Herzog por estos lares. El propulsor del Nuevo Cine Alemán de los años sesenta y setenta del siglo pasado —autor de obras memorables como la alucinante Aguirre, la ira de Dios (1972), la adaptación moderna de Nosferatu (1979) y la desconcertante Fitzcarraldo (1982), entre otras— no ha dejado de filmar en los últimos años pero sus resultados no llegaban a Venezuela. De pronto se presenta Enemigo interno (2009), titulada originalmente Bad Leutienant, concebida como un remake del célebre film del mismo título que estrenara el norteamericano Abel Ferrara en 1992. La historia de un mal teniente de policía que chapotea en los fangos de la corrupción y la drogadicción para llevar adelante una vida sin sentido ni compromiso. Un tema muy propio del cine de Ferrara pero también del de Herzog. Este último le impone un tono muy histriónico para expresar la autodestrucción y la degradación de un antihéroe contemporáneo. Eso sí: no hay redención ni esperanza.
 

Este célebre y muy polémico realizador —nacido hace 68 años en Munich— establece la historia  de Enemigo interno en la Nueva Orleáns del verano de 2005, inmediatamente después del paso destructor del huracán Katryna. Con un cinismo que desborda lo aceptable, un manipulador sargento de policía adquiere el grado de teniente al rescatar a un preso que intenta sobrevivir a la inundación de una cárcel. Esta operación su espalda queda lesionada y necesita calmar su dolor. Se convierte en un adicto al Vicodin y en un cocainómano. Cae en las redes de la droga y  el juego. Se sirve de su placa para obtener droga, vender información confidencial o “comprar” un partido de fútbol. En su particular espiral de degradación personal y moral, todo queda supeditado a tener la próxima dosis para él y su novia, una prostituta de lujo. La investigación de la masacre de una familia de inmigrantes senegaleses se convierte en el punto de partida para una desesperada carrera hacia el abismo. 

Ese mal teniente —Terence— es un personaje que no busca identificación con el espectador. Es un antihéroe, un delincuente con chapa de policía, un hombre sin afectos ni familia, salvo la novia prostituta con quien ­—oh paradoja— nunca hace el amor en la película. Un ser solitario y egoísta sin conciencia alguna de la justicia o la honestidad. Es capaz de hacer cualquier cosa por la droga. Herzog ofrece una visión tremendamente pesimista y cínica de los seres humanos, incapaces de redimirse en un entorno angustiante y turbio. Es el mismo mundo cerrado y sin salida de unos peces que quizá sueñen con una libertad sin ataduras, pero que viven encerrados en su pecera; como ellos, el teniente Terence irá progresivamente perdiendo conexión con la realidad hasta ver iguanas donde no las hay o transformarla según su necesidad de estupefacientes. En su metraje cobran fuerza los pasajes sureños y la pierden los momentos grotescos, con la anciana amenazada o la tosquedad de los abusos a la pareja expoliada, irregularidades de una cinta que también es una velada crítica a los Estados Unidos. 

La película no puede verse de manera realista porque todo gira en torno a este policía sumido en la irrealidad al que lo impulsa el dolor físico y la dependencia de la droga. Sólo desde su locura es capaz de trasladarse al depósito policial donde se almacena la droga incautada o de hacer negocios con el traficante mafioso que un momento antes lo perseguía. Pero Herzog no plantea lógica secuencial alguna. De pronto, tras una serie de traspiés, Terence encuentra sucesivos desenlaces “felices” que sus “contactos” le proporcionan. Todo le sale bien, la suerte le sonríe. Incluso su novia decide redimirse y abandonar la prostitución y las drogas para ser una buena esposa. 

En el relato resulta fundamental la creación de un ambiente sórdido, oscuro y sin esperanza. La fotografía del alemán Peter Zeitlinger baja a los rincones urbanos de la droga y la prostitución, donde no queda aire que respirar ni luz que permita ver una salida. Una planificación cerrada y una puesta en escena tenebrosa con toques surrealistas, junto a una cámara que sigue obsesivamente a Nicolas Cage en una interpretación un tanto excesiva e histriónica como su personaje, entre la esquizofrenia y la alucinación, distinta a la actuación de Harvey Keitel en el Mal teniente de Abel Ferrara. Eva Mendes no escapa al cliché de la mujer sensual con cierta dosis de ingenuidad, con escasa fuerza dramática. Un thriller que ofrece lla perspectiva de una realidad vista por una mente corrompida. Interesante sólo para quienes estén dispuestos a visitar las cloacas más míseras del ser humano, y sentirse atrapados en los sueños alucinógenos de un policía que se movía como pez en el agua infecta de la droga. 

ENEMIGO ÍNTIMO («Bad Lieutenant: Port of Call, New Orleans»), EE UU, 2009. Dirección: Werner Herzog. Guión: William Finkelstein; basado en el guión de Victor Argo, Paul Calderon, Abel Ferrara y Zoë Lund para la película “Bad lieutenant” (1992). Producción: Alan Polsky, Gaby Polsky, Stephen Belafonte y Randall Emmett. Fotografía: Peter Zeitlinger. Montaje: Joe Bini. Música: Mark Isham. Elenco: Nicolas Cage, Eva Mendez y Val Kilmer, entre otros.  

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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Una respuesta a Cine CRÓNICA DE UN ANTIHÉROE

  1. leoner ramos dijo:

    Sin embargo es una película simpática, con acertados toques surrealistas, y una cuchufleta oportuna al mundo de los sicotrópicos. Irónica, bien trabajada, redime a Nicolás Cage de algunos personajes sórdidos y lejanos a su carrera.

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