Culinaria CARACAS CAMBIA Y TODO SIGUE IGUAL

¿Cuántos restaurantes abren cada año en Caracas? ¿Cuántos cierran? ¿Es un buen negocio tener un restaurante? ¿Qué hacer cuando la crisis afecta el bolsillo de los clientes? ¿Por qué algunos sitios viven llenos sin ofrecer una buena cocina y otros funcionan a la mitad de su capacidad a pesar de presentar una propuesta de alta calidad? Son preguntas difíciles de responder en esta ciudad tan cambiante. No obstante, podemos identificar algunos rastros. Edgar Leal regresa con su Mohedano con muy buen éxito. Han abierto locales imaginativos como Planta Baja y Diagonal, que delatan sus orígenes catalanes, al lado de las propuestas de Yamin Gourmet, donde destacan la vanguardia de Arte y la culinaria siciliana de Il Mulinazzo, aunque muchos clientes se quejen de los precios muy altos. Micaela atrae comensales más bien jóvenes mientras Bucare seduce con una propuesta informal. Clásicos como el Urrutia, El Mesón de Andrés, La Montanara, Il Caminetto, el Biarritz y varios otros se mantienen. En un sentido opuesto, hace un año cerró Le Petit Bistro de Jacques, icono de una época en la restauración francesa caraqueña al mando de Marc Provost, y hace poco se despidió Il Patriarca de Amadeo Mazzucatto, otro veterano del negocio de la buena mesa. El apreciado Laurent Cantineaux emigró a la cocina de un lujoso hotel de Saint Barth y dejó a la deriva su Café Atlantique.  Por si fuera poco, la calidad del Chez Wong —otrora el mejor restaurante chino de Caracas— ha bajado notablemente, como si sus dueños originales lo hubiesen vendido. La verdad es que muchos clientes prefieren “el ver y dejarse ver” de los locales de moda, al compás del risotto, el carpaccio y otras fórmulas menores. Los comensales caraqueños se dividen en varias categorías. Están los “sociales” que frecuentan los sitios de moda, con DJ incluído, y no les importa mucho lo que comen pero sí saludar a los amigos de la mesa de al lado. También abundan los “carnívoros” que abarrotan literalmente El Alazán y el Maute Grill y piden ingenuamente que les decanten un cabernet sauvignon de Castillo de Molina aunque en realidad prefieren deglutir una punta trasera con chorizo y morcilla tomando Etiqueta Negra. Finalmente se encuentran los “exigentes” que van a pocos restaurantes pero piden siempre lo mejor. Son los menos, cada vez menos, pero persistentes. Hace falta formar una nueva generación de buenos comensales que salve el arte de la buena mesa. Afortunadamente Le Gourmet, Yantar, Alto, Astrid y Gastón y Vizio siguen liderando las mejores cocinas de la ciudad. En el fondo, muy gatopardianamente, las cosas cambian para que todo siga igual.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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