Alberto Rodríguez Barrera ELEONORA DUSE, VÍCTIMA DEL AMOR *

La Duse fue una de las más grandes, versátiles y poderosas actríces en la historia del teatro, rivalizada sólo por la legendaria Sarah Bernhardt. Nacida el 3 de octubre de 1859 en un pequeño hotel de Vigedano, Italia, de unos pobres padres teatreros itinerantes, pasó de la pobreza a la riqueza y a ser durante el próximo medio siglo una mujer pequeña y dinámica de pelo oscuro y enormes ojos que electrizó a las audiencis de Europa y América en una amplia variedad de papeles (Théresé Raquin de Zola, Ofelia, Electra, Nora en Casa de Muñecas de Ibsen). “El arte de la Duse alcanza a ser clarividente… Sus silencios son aterradores.” Se retiró del teatro en 1909, desilusionada con su carrera y en frágil estado de salud. Con la Primera Guerra Mundial aportó energía y dinero para ayudar a los soldados y sus familia; con su fortuna acabada, regresó al teatro en 1921, y en una gira por Pittsburg un severo resfriado la llevó a la tumba en 1924.

Perdió a sus padres siendo una adolescente y una cruel colega actriz le sugirió vender su cuerpo para obtener dinero y así comprar un vestido de luto. Para una joven sola y desprotegida en el rudo mundo del teatro italiano del siglo 19, fue difícil preservar la virginidad. Cuando estuvo lista para ser iniciada en las alegrías de la sensualidad, buscó a un listo y experimentado hombre mayor que pudiera no sólo enseñarle de sexo sino también de arte, literatura y música. El conocido escritor Martino Cafiero fue el elegido. Y la relación fue el patrón que la Duse siguió toda su vida: affaires apasionados que comenzaban felizmente, seguían su curso inevitable y casi siempre terminaban dejándola con el corazón roto y el desastre, para luego continuar con otros affaires similares. La Duse jamás careció de admiradores para su dramática sensualidad. “Su poder de atracción era inimaginable, quizás por la misma razón de que era satánico”, dijo el actor-productor Aurélien Marie Pugné-Pos.

Martino Cafuero fue el primero de un largo y cuidadosamente seleccionado desfile de ingeniosos y excitantes amantes; perdieron un hijo y él la abandonó. Entonces ella se casó con su primer actor Tebaldo Checchi, consolador que le dio estabilidad al primer período de corazón roto en la vida de la Duse; fue el único hombre con quien se casó y el padre de su hija, pero pronto fue atraída brevemente por otro actor, Flavio Andó; se rompió el matrimonio y se cansó de Andío (“Era bello pero tonto”).

El próximo affaire notable fue con Arrigo Boitc, la más profunda experiencia emocional de su vida; compositor y novelista de amplio gusto y sensibilidad, fue quien abrió la mente de la Duse a nuevos niveles de belleza metafísica y sensual; aún después de terminar el affaire, continuó amándolo. Después que él murió en 1918, la Duse no pudo dormir ni comer durante días.

En 1895 el genio poético de Gabriele D’Annunzio irrumpió en el camerino de la Duse en Roma, se lanzó a sus pies, besó los bordes de su vestido y gritó: “¡O grande amatrice!” (De joven ya la había asustado al acercársele y proponerle que fueran amantes.) D’Annunzio era la quintaesencia del amante romántico que la Duse anhelaba. Se rumoreó que D’Annunzio saltaba desnudo sobre su caballo alazán, galopaba de la villa hasta el mar, y se sumergía en el oleaje; ella lo esperaba en la playa, lista para envolver a su héroe en un manto púrpura. También se decía que bebían extrañas infusiones del cráneo de una virgen a la luz de la luna llena. Un contemporáneo dijo que “él tenía la fría mirada de un hombre que conoce su meta, y la alcanzará a pesar del costo, quizás también con sufrimiento.” Pero, como siempre, quien sufría era la Duse. Su aparente búsqueda de la miseria reforzaba la descripción de un crítico sobre ella: “la actriz para todas las mujeres infelices.”

D’Annunzio era un vampiro artístico que succionaba la sangre y la vida de quienes se acercaban a él, proveyéndose así del material para su arte. Y en 1900 explotó el apasionado affaire con la Duse en una novela llamada La llama de la vida. La descripción de la relación de un hombre más joven, buenmozo y romántico con una mujer mayor que se marchitaba escandalizó y rompió el corazón de la Duse. Años más tarde D’Annunzio le dijo “Ni siquiere tú puedes imaginar cuánto te amé.” Y la Duse respondió: “¡Y ahora ni siquiera tú puedes imaginar cuánto te he olvidado!”

Después del desastre con D’Annunzio, la cincuentona Duse encontró solaz temporal con una lesbiana de 23 años que escribió una obra de teatro para ella y prometió más. En visita a la villa italiana de la escritora Mabel Dodge Luhan, la Duse y su protegida (sólo conocida, como Signorina R) crearon tal conmoción que el marido de Mabel se vio obligado a salir del dormitorio adjunto para poder dormir; la joven dramaturga reventaba con ideas para la Duse y la explicaba a Mabel que necesitaba “liberación” para lograr su trabajo creativo; Mabel evitaba sus ataques sexuales y luego supo que la Signorina se volvió loca después que partió a Londres con la Duse.

Para las mujeres que buscaban consejos sobre el amor, la Duse predicaba independencia: “¡Trabaja; no pidas el apoyo de ningún hombre, sólo pide amor; entonces tu vida tendrá el significado que buscas!”

* Publicado en Código de Barra. http://codigodebarra-revista.blogspot.com/

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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