Trino Márquez EL CAUDILLO NO ES NINGÚN SANTO

Descifrar la tortuosa psiquis del teniente coronel constituye un desafío para cualquier psiquiatra, incluidos los más sabios. Un día se muestra como un guerrero bizarro, otro como un corderito inofensivo. ¿Cuál es su perfil básico? No lo sabemos. De lo único que podemos estar seguros es de que su personalidad es movediza e impredecible. En este movimiento errático arrastra al país, pues mezcla sus estados de ánimo particulares con los intereses colectivos. Así proceden los caudillos, no hay límites entre sus caprichos y las aspiraciones nacionales. Su repentino cambio de actitud con Juan Manuel Santos ilustra su visión de la política internacional, siempre casuística y atropellada.
El nuevo mandatario colombiano pasó de ser un “asesino”, “genocida”, representante de la más “rancia oligarquía”, con quien el comandante criollo no tendría nada de qué hablar, en el caso de que el pueblo del hermano país cometiera el “grave error” de elegirlo Presidente, a convertirse  en el vocero genuino de ese pueblo con el cual Chávez ahora quiere estrechar lazos de amistad y cooperación. Recordemos que Santos fue ministro de la Defensa y responsable fundamental de la política de Seguridad Democrática que tanto éxito le proporcionó a Álvaro Uribe; además, participó directamente en la operación que desmanteló el campamento donde se encontraba Raúl Reyes, y que desató la ira del mandatario venezolano, al punto de que en un Aló,Presidente le ordenó a su ministro de la Defensa movilizar diez batallones hacia la frontera (orden, por cierto, cumplida de manera muy extraña, pues el ministro en vez de salir disparado como un avión a realizar los arreglos pertinentes, se sentó de nuevo en su cómodo asiento).
¿Qué llevó a Hugo Chávez a dar ese giro tan abrupto? Junto a Fernando Gerbasi, Emilio Nouel y otros comentaristas, creo que el gobernante venezolano necesita recomponer tanto el frente internacional como el interno. La crisis eléctrica, Pudreval, el deterioro de los servicios públicos, el incremento de la inseguridad personal, la crisis económica y la inflación, son todos graves problemas que no logra resolver, ni encubrir, con maniobras de baja estofa que solo le reportan dolores de cabeza. En lo que va del año, ninguna de las piruetas diseñadas  para maquillar su infinita incompetencia le ha salido bien. Todos son saltos al vacío. Entre esos desbarros se encuentra el artificial y desmesurado conflicto con Colombia, que le ha provocado  enemistades y sospechas por doquier. Las zalamerías y amistad con Marulanda, Raúl Reyes, el Mono Jojoy, Rodrigo Granda, Iván Márquez y todos los demás  criminales y delincuentes de las FARC, le están pasando factura. No resulta fácil la complacencia internacional cuando hay tantos testimonios  que muestran la hermandad entre el mandamás venezolano y los integrantes de la guerrilla. A la comunidad internacional no le resulta sencillo entender por qué no existe una estrecha colaboración entre dos naciones vecinas, con más de 2.500 kilómetros de frontera común, para combatir un enemigo común tan poderoso y letal como la narcoguerrilla. Si Chávez no lo hace, debe de ser porque comulga con los ideales de esos forajidos.
El primer mandatario venezolano está urgido de dar un giro que lo coloque en el centro de buenas noticias, pues hasta ahora siempre está en el centro, pero de pésimas informaciones. Restablecer las relaciones con Colombia y, de paso, desmarcarse de las FARC y del ELN, es una buena nueva. Con este gesto le hace un guiño al gobierno neogranadino, a la opinión pública internacional y, por añadidura, a la centena de miles de colombianos cedulados que pueden votar en las próximas elecciones de septiembre. Enajenarse definitivamente el apoyo de este vasto sector no le conviene. Existen datos importantes que demuestran el rechazo  existente entre los colombianos de allá y de aquí a los irregulares y a la violencia. Santos ganó en la colonia colombiana residenciada en Venezuela con un amplio margen. Los votos de los colombianos pueden ser decisivos en los estados fronterizos, por eso hay que cuidarlos.
La medida de reconciliación favorece a los estados Apure, Táchira y Zulia, especialmente a los dos últimos. Sin embargo, no es la suerte de esas entidades lo que le preocupa al teniente coronel. Si esto lo desvelara, atendería los incontables problemas que causan la penuria de esos pueblos. Lo que le inquieta es verse frente a la posibilidad de perder el poder y el poco prestigio que le queda, de allí su voltereta tan espectacular. Veremos cuánto dura su luna de miel con Santos.
@tmarquezc

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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