Letras EL ÚLTIMO DICTADOR

No debió ser fácil para Manuel Felipe Sierra emprender la biografía de Marcos  Pérez Jiménez —cuyo mandato férreo y sangriento se extendió desde finales de 1948 hasta comienzos de 1958— pues el último dictador venezolano representó los valores autoritarios y militaristas que sometieron a los venezolanos en un momento muy particular de nuestra historia y que varios líderes políticos combatieron —incluso a costa de sus propias vidas— en su afán de construir un modelo democrático de sociedad. Esta condición peculiar del “hombre de Michelena” contrasta con el resto de los personajes incluidos en la muy valiosa Biblioteca Biográfica Venezolana que han impulsado el diario El Nacional y la institución financiera Bancaribe desde 2005. Próceres, estadistas, músicos, periodistas, escritores, científicos, arquitectos, empresarios, sacerdotes, comunicadores, académicos y artistas conforman el conjunto de personalidades que han influido de manera importante en nuestra vida como nación. Sólo desentonan el sanguinario José Tomás Boves y los dictadores Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Los cuatro fueron hombres adictos al poder y estuvieron ubicados en las antípodas de la democracia. Pero el profesionalismo de Sierra le permitió enfrentar a su biografiado de manera limpia, prolija y reveladora, como expresión tanto de la Guerra Fría que vivía el mundo como del contradictorio proceso histórico venezolano.

De estructura clásica, el volumen 112 de esta colección biográfica observa y analiza la trayectoria de MPJ desde su nacimiento el 25 de abril —día de San Marcos Evangelista— de 1914, en la remota localidad andina de Michelena, hasta su muerte en Madrid —lejos del poder pero cerca de los recuerdos— el 20 de septiembre de 2001. A lo largo de veintitrés capítulos van apareciendo los rasgos esenciales de un hombre habilidoso, inteligente e inescrupuloso que se preparó militarmente para influir en al vida política de la Venezuela, tras la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935, y que formó parte de distintos momentos de la historia del siglo XX. La  gestación de la idea de la democracia, el estallido del 18 de octubre de 1945, la conformación del gobierno de Rómulo Gallegos, elegido por el pueblo, su derrocamiento en 1948 por una junta militar donde participó el biografiado, el asesinato de Carlos Delgado Chalbaud dos años más tarde, la dictadura intelectual del Nuevo Ideal Nacional y represiva de la temible Seguridad Nacional, la caída del régimen el 23 de enero de 1958, la instauración de la democracia, la extradición de los EEUU y el posterior juicio en Venezuela, sus frustradas ambiciones electorales, su partida del país… y su muerte en la dimensión física y en la distancia histórica.

Se trata de un recorrido extenso pero a la vez preciso que expone una trayectoria signada por el oportunismo y la ambición de poder en una Venezuela aún marcadamente rural aunque ya bajo el signo poderoso de la explotación petrolera. Celoso guardián de los intereses norteamericanos, Pérez Jiménez jugó las cartas del dominio militar para garantizar su hegemonía económica, de una parte, y su supremacía política, de la otra, en una América Latina que conformaba el patio trasero de la nación más poderosa del planeta. Pero Sierra no se limita a esta confrontación entre los EEUU y la URSS. Tan sólo la toma como referente internacional. En su texto se desprende una mayor atención hacia los laberintos de la política local, poniendo el acento en la conformación de los primeros movimientos políticos que habrían de introducir la idea de la democracia en una sociedad aviesamente acostumbrada al poder del “hombre fuerte” que se apoya en el control de las armas. Resulta sorprendente la inmensa data que el periodista reúne y articula en su discurso, de manera muy coherente, alrededor de un militar que dio sus primeros pasos en la política en plena época gomecista y que participó de forma discreta en los procesos surgidos durante las presidencias de Eleazar López Conteras e Isaías Medina Angarita hasta el giro de trama fundamental que significó el 18 de octubre de 1945 y, especialmente, las horas transcurridas entre el 24 y el 25 de noviembre de 1948 cuando una Junta Militar derrocaba a Gallegos y colocaba a Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Péres Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez al frente del país. Son capítulos que no renuncian a cierto tono novelesco aunque las situaciones narradas pertenecen a la historia.

Uno de esos pasajes que parecen surgidos de la ficción es el referido al asesinato de Carlos Delgado Chalbaud a manos de Rafael Simón Urbina, narrados por Sierra con un nivel de detalle que parece cerrar juicios pero que también abre preguntas que aún hoy no han encontrado respuestas. Las dudas sobre el caso ponen de relieve la conveniencia de esa muerte para la asunción de MPJ a la cabeza del gobierno y marca el comienzo de una etapa más radical de la dictadura. La represión adquiere nuevas formas y personajes para combatir a los líderes de la resistencia y para fraguar el fraude electoral de 1952. Describe, entonces, la consolidación del régimen al amparo del Nuevo Ideal Nacional y su posterior tránsito hasta la crisis de 1957 que habría de desembocar, primero, en el derrocamiento del dictador el 23 de enero de 1958 y, segundo, en su inevitable decadencia política en medio del olvido hacia su muerte cuarenta y tres años después, lejos de Venezuela, el país que ya no le hacía falta. Un sentimiento mutuo.

Lo más importante de la biografía del último dictador venezolano reside en el caudal de información que Sierra vierte en sus páginas, ciertamente desbordante sobre la conducta de este andino que quiso perpetuarse en el poder y sobre las características de un país que asistía aparentemente silencioso a los desmanes de Pedro Estrada y la Seguridad Nacional. La relación entre personaje y país se halla muy bien articulada. Lo que echo en falta en este trabajo de investigación es el perfil más íntimo del ser humano. Un conocimiento más completo de su subjetividad, sus manías, sus debilidades. Encuentro muy bien dibujado el MPJ dictador —visto con rigor y cierta distancia metodológica— mas no el individuo. De lo cual deduzco que no debió ser fácil para Sierra abordar la biografía de un sátrapa. Es comprensible la ausencia de esa comprensión. Tal vez no se la merecía.

MARCOS PÉREZ JIMÉNEZ, Manuel Felipe Sierra, Biblioteca Biográfica Venezolana, Bancaribe y El Nacional, 2010, Caracas. 122 páginas.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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