Alicia Freilich HERMANÍSIMOS

Para quienes vemos cine y escuchamos música, no en plan profesional sino con  la abierta  actitud  del espectador  y escucha promedio, hay sorpresas tan  gratas que permiten reflexionar en obligante  regresión comparativa. Y con el permiso generoso de mi director, aquí en Ideas de Babel, opino libremente sobre uno de esas raros privilegios. Durante los tan mentados cuarenta años, cuando gobiernos democráticos subsidiaron, entre otros, a quienes adversaban su ideología con métodos violentos, la cartelera venezolana se colmó con la filmografía de Román Chalbaud. Era un postigo bastante estrecho, limitado, que se regodeaba en dramas oscuros padecidos por la creciente marginalidad urbana y mostraba una cultura de la pobreza arrinconada casi exclusivamente en el morbo vengativo clasista, un  perverso resentimiento delictivo y prostibulario (ahora se volvió casi oficial) que a los urbanizados nos llenaba de injusta, inocente culpabilidad y no obstante, para el criterio libertario de la época, era gran cine, diferente, pues con valentía denunciaba injusticias ocultas pero desde un selecto elenco actoral y técnico de primera calidad. Incómodos y a veces molestos, no perdíamos una sola de esas grandes muestras de aquel  cine nacional inscrito exclusivamente en la óptica izquierdista de quien supone que al exponer sólo desperdicios se está haciendo revolución social reivindicadora.

Y un día llegó la mirada profunda, sensitiva, polifocal de Solveig Hoogesteijn para señalar que en ese otro país de barrios, junto a los ya mutilados de cuerpo y alma, había un vasto, solidario universo de seres muy humanos todavía íntegros, limpios, capaces de caminar por entre el estiércol sin contaminarse, de sobrevivir y superar ese infierno de lucha resentida. Un cine sin estridencias heroicas, socializantes ni escabrosas. Y precisamente en esa misma delicada línea, bien centrada y de redención, se inscribe Hermano, el filme del novel director y guionista Marcel Rasquin. Una cinta excepcional que desborda la frontera del barrio caraqueño para penetrar con mirada láser que rasga  sin sagrado y certero tono multisónico, en todo suburbio mental y físico del planeta. Aciertos profesionales han sido y serán analizados muy al detalle por expertos en el arte fílmico.

Por lo pronto, llamo a los lectores de Ideas de Babel a que secunden este logro primerizo porque al mismo tiempo que apoyan un equilibrado nuevo cine nacional, tendrán la rara ocasión de palpar un antes y un después en la manera de conocer a la polarizada sociedad moderna y una distinta sensibilidad en el estilo de concebir y sentir su espejo: el cine.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
Esta entrada fue publicada en 1 y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s