Felipe Valdiviseo Cox TAITA BOVES: LAMATA NOS PONE A PENSAR

Pensando en la impactante película de Luis Alberto Lamata y leyendo sobre el Boves real y su contexto histórico surge un elemento clasificador que parece ser interesante: qué y cómo me hubiera gustado a mí que fuera la película versus qué es -o parece ser- la obra de Lamata. Tener presente mi aspiración contrastando con lo que hizo el autor hace posible un juicio mucho más sereno, objetivo, interesante e inteligente.

¿Qué muestra el filme? La tormentosa transformación de Boves, de ex marino asturiano en América a prisionero del mantuanaje criollo, a bodeguero trabajando para encontrar su puesto en la sociedad venezolana de entonces, a contrabandista de caballos, a crecientemente poderoso comerciante sin escrúpulos, a arribista social camuflado como patriota, a violentamente resentido por el desprecio de la godorria criolla, a progresivamente más y más violento líder de pandillas y luego hordas de negros, pardos, renegados, y demás relegados venezolanos de baja condición, a feroz guerrero seguido por miles de terroríficos lanceros del llano luchando con métodos espantosos en contra del mantuanaje independentista… hasta su muerte en batalla por un certero lanzazo propinado por quien no se identifica en la película ni en la historia.

¿Qué echo de menos? Un exposición cinematográfica del contexto, de los orígenes y factores determinantes que componían ese momento histórico. De sus protagonistas, de las ideas en pugna, etc. Extraño “más cultura” o historia comprehensiva.

En este punto advierto que lo que uno desearía no tiene porqué ser lo que anima al creador. En este caso particular, el guionista y director sí sabe y mucho de la época porque es historiador y por haber realizado ya anteriores películas de corte histórico. Seguramente sabe muchísimo más que uno del tema, sin embargo no fue su intención demostrar cuanto sabe ni enseñar al público historia. Este quiso otra cosa en la que no cabía ampliar el campo de atención, del personaje a su época. Es de suponer que de empezar a proporcionar al público antecedentes y contexto la película se transformaría en otra cosa, por aquello de que una cosa exige la siguiente, y la que le sigue, etc. De modo que el Guionista tenía que renunciar al contexto y centrase en su historia, en su particular interés, el personaje Boves.

Entonces, si veo mi interés deseable y veo el del Creador como distintos y perfectamente legítimos ambos, puedo volver a mirar la película con menos prejuicio de expectativa, por lo tanto puedo “verla mejor”.

El actor colombiano que personifica al personaje Boves creado por Lamata en libérrima adaptación de la novela de Herrera Luque, no puede, no podría ser mejor. Nunca le falta, nunca le sobra fuerza o potencia en las situaciones por las que transcurre el relato. Es que hasta su físico, las facciones del rostro -seguramente potenciadas con maquillaje de calidad- encarnan lo que Lamata quiso expresar en su personaje creado: la locura del poder en manos de un inculto y valiente hombre venido de allende e imbricado con un sentir intenso y hasta entonces soterrado de un segmento de la población venezolana en aquellos tumultuosos tiempos.

Danielita Alvarado y Carmen Julia Alvarez no actúan: son sus personajes. Notable fuerza y complejidad en sus personificaciones.

La película sigue de manera no secuencial y bastante libre la novela de Herrera, que es más cronológicamente estructurada. Como la película no aporta mayor contexto y como no proporciona información cronológica y motivacional del personaje Boves, el espectador tiende a perderse, y luego piensa que Lamata cuenta con que los venezolanos conocen la historia y la novela, por lo que no se requeriría mucha linealidad ni explicación. El espectador eventualmente interpreta que Lamata, dentro de su particularísima visión y foco, lo que hizo fue contar en imágenes la novela.

Dentro del lenguaje de cine, Lamata es muy claro respecto a Boves: en cada etapa lo viste, peina y hace que se comporte de manera diferenciada una de la otra, siempre resultando totalmente creíble.

El elemento música tiene mucho peso en el filme: desde el principio cuando los créditos pasan en blanco sobre pantalla negra, la imponente, dramática, profunda, composición musical da clara cuenta de lo que viene, de lo que sucede, de lo que sucedió.

Se destaca también que en la medida en que el proceso de degradación hacia la locura del personaje Boves avanza cada vez a mayor velocidad e intensidad, lo vemos siempre con una botella de licor, cada vez más desordenado en ropa y aseo, y los colores que cuando todo iba bien eran brillantes, cada vez se hacen más opacos, más grises, sepias, etc.

Sobre el fondo de la película, ésta focaliza en el resentimiento y deseo de venganza como motor de acciones colectivas. No lo dice expresamente Lamata pero es inevitable que el espectador establezca hipótesis, similitudes, comparaciones, explicaciones sobre el presente. Lamata dice en foro sobre su filme, que la escurridiza noción de identidad tiene y debe tener entre sus bases el elemento Memoria. Esta película es un aporte a esa memoria.

De acuerdo con lo expresado por la historiadora Inés Quintero en el foro que siguió a la proyección el pasado 10/9, un principio inamovible de los historiadores profesionales es que la historia no se repite, lo cual es estrictamente cierto y supone una observación objetiva y atenta a los detalles y particularidades de cada situación histórica. Otra certeza de los historiadores es que el resentimiento y el deseo de venganza es un elemento que puede estar presente en un hecho histórico con mayor o menor intensidad y amplitud, pero que tales pasiones no son por sí explicaciones de los hechos que se observan.

Entremedio del relato de la vida y “arco dramático” del personaje Boves, el creador logró sin distracción ni pérdida de foco, dar algunas pinceladas muy ilustrativas de los prejuicios clasistas del mantuanaje entonces, la facilidad con que la clase gobernante se adapta, acomoda y se pone al servicio de los nuevos que irrumpen y asaltan el poder, por muy despreciables que ellos sean vistos por la oligarquía. Interesante punto que uno puede ver en prácticamente todas las épocas, en todos los países cuando llega un nuevo grupo al Poder.

Es una gran tentación para quien esto escribe entrar en el tema de lo que historiadores y conocedores de la historia llaman “La Guerra Social”, en medio de la Guerra de Independencia venezolana. Pero por razones obvias, se abstiene y se contenta solo con dejar sembrada la semilla para que los curiosos la cultiven con sus lecturas y vean crecer una de las más bellas flores que nos regala la vida : El brillo y placer intenso del entendimiento cabal de las cosas, de la comprensión.

Para concluir: otro elemento a destacar en la película es que Lamata construye mundos imaginarios con personas y situaciones plausibles. Lamata dota a personajes y situaciones de enorme fuerza y carga simbólica, lo que le permite imaginar, filmar y presentar “mundos” oscuros, extraños, saturados de ignorancia mágica y a la vez algunas comprensiones simples y profundas. Un artista es un ser especial dotado de lo que hace a los demás soñar, por lo que nos gusten o no tales mundos imaginados, el solo hecho que alguien los cree para mí, amerita respecto a ese alguien, consideración muy especial.

Luis Alberto Lamata sabe que Taita Boves no es una película comercial porque no cumple con dos requisitos ineludibles: el público no se identifica con el personaje Boves, dada su violencia, locura y sangrienta muerte; tampoco hay un “final feliz” sino por el contrario, trágico.

La película Taita Boves es interesante para quien vaya en disposición de apertura. Recomendable.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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