Leonardo Rodríguez JOSEP PLA Y EL SENTIMIENTO IRONICO DE LA VIDA

La actualidad es una diosa entre inoportuna y oportunista. Si la imaginamos patológica, puede durar lo que una gripe primaveral o ser una de esas enfermedades asintomáticas que un buen día se hacen letales. Si la entendemos mundana, imaginativa y crítica, puede ser el divorcio de una actriz, una película en cartelera y un libro. Lo pienso leyendo Madrid. El advenimiento de la República, de Josep Pla.

Pla escribió las notas y artículos que componen el libro desde abril de 1931 a mayo de 1932. No era un misionero sino un cronista. Tiene amigos en todos los sectores políticos y frecuenta las tertulias, el parlamento y las salas de redacción. El resultado es una imagen fascinante, y también íntima, de ese momento ya casi novelesco y legendario que fue la instauración de la República en España, sólo que en vena periodística y testimonial.

El diapasón ideológico español que refleja Pla, sospechosamente parecido al actual, era tan amplio como rígido. El reparto, entre sinfónico y zarzuelero, iba desde los monárquicos hasta los anarquistas, pasando por los republicanos de izquierda y los republicanos de derecha, los militares españolistas y los catalanistas de izquierda, los curas católicos y los ricos, las muchedumbres y los intelectuales. Las caras, por cierto, eran más homogéneas que las ideas. Todos los que miro, escribe, tienen cara de monárquicos. Hasta tal punto eran similares, que una de las maneras de subrayar la diferencia eran los sombreros, sobre cuyo sentido político Pla escribe una de las páginas más incisivas del dietario. Un sombrero podía costar una cabeza.

Su imagen antirromántica de Madrid lo es también de la política y tal vez de la vida. De Madrid le gustan el clima, las tertulias, el Museo del Prado y su relativa apertura frente al forastero. Abomina del resto: de la comida (“de monótona vulgaridad”), de las casas “frías y de mal gusto”, de su vida intelectual “vacía e hiperbólica”, de su gris burocrático. Su antipatía no es soberbia ni rencor: Pla trata a Madrid como a una antigua conocida de la familia, sin concesiones pero en confianza. No hay duda de que es ella, engorrosa pero incitante, acomodaticia pero decisiva, la protagonista de este libro. La otra, llena de muecas y enigmática, es la historia, ya entonces con el nervioso traje del presente.

Madrid, viene a decir Pla, fue republicana como unos días antes fue monárquica y pocos años después franquista. La actualidad es también de quien tiene el poder y la ideología es un maquillaje. Nadie lo dijo mejor que aquella señorita de la calle en Sol, a quien Pla le oye zumbar: “Con esto de la República todavía no me he estrenado”.

Unos días después de la proclamación de la República, Pla asiste a la quema de un convento jesuita en Gran Vía. En lugar de persignarse o editorializar, observa cómo se agrupa una multitud para contemplar el incendio. En este espectáculo, los protagonistas son siempre otros. Dice: “Las azoteas de los alrededores están llenas de gente. En la nuestra, el hecho es comentado con volubilidad. Una nube de vendedores ambulantes se ha situado muy cerca de la acera del convento previendo que un gran gentío iba a desfilar ante la popularísima iglesia envuelta en llamas. De esta manera, una gran parte de los madrileños ha podido contemplar el espectáculo comiendo churros, buñuelos y estos helados que aquí llaman polos”. En ese desafuero, entre jacobino y zarzuelero, Pla llega a sentir por Madrid una piedad demasiado parecida al estupor.

Al contrario de la mayoría de los intelectuales españoles del momento, a Pla no le apasionaban las consideraciones históricas ni filosóficas. Más le interesaba la interpretación de los detalles y de las noticias. Por algo su libro está lleno de anécdotas. Hay una deliciosa con Ortega y Gasset, a quien Pla admiraba, que resume su idea de la volubilidad de las tomas de partido intelectuales. Un día el filósofo, rodeado por una corte de marquesas y condesas, se encontró con el Rey Alfonso XIII en casa de un amigo vasco. Interesado, el monarca preguntó qué enseñaba en la universidad. “Metafísica, señor”, le respondió Ortega, reverente. “Esto, dijo el Rey, debe de ser muy complicado”. Ortega no le perdonó la risita “francesa, borbónica y madrileña” y se hizo un “republicano inflamado”. Pla no le perdonó el desliz.

Aunque nunca hable por cuenta propia, el rey es una referencia constante en las páginas del dietario. A propósito de su renuncia a usar la fuerza contra los republicanos, escribe: “Resulta curioso constatar que, a veces, los hombres empiezan a volverse sensatos cuando lo tienen todo perdido”. ¿Qué mejor epitafio para un régimen?

Madrid. El advenimiento de la República es lo opuesto a un libro de propaganda. A pesar de haber apostado luego por el bando franquista (una mueca en un rostro risueño), Pla nada tiene del escritor como corifeo del poder. Apuesta en cambio por la observación subjetiva y socarrona. La ironía es casi su única doctrina.

Muchas de las páginas del libro ocurren en restaurantes. Aunque no le gustara la comida local, Pla no murió de hambre en Madrid. Una mesa puede ser un buen lugar para ver un país y un ciudadano es ante todo un comensal, muchas veces descuidado. “El langostino es mediterráneo y le gusta mucho a la gente… Todos estos extraños animalitos serían magníficos si no dejaran tanto rastro. Lo cierto es que dejan muchos residuos debajo de las mesas de los cafés, residuos que suelen —relativamente— eternizarse. Después de cenar, pisar la cola de un langostino o de una gamba le pone a uno la piel de gallina y es un acto de una tristeza irreparable”.

Pla en un bocado.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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