Luis Betancourt Oteyza TRISTES TIGRES

“Quien no espera vencer, está vencido”

Napoleón Bonaparte


Llama mucho la atención la actitud de algunos voceros de la oposición en relación con las próximas elecciones parlamentarias previstas para el 26S. Y más aún llama la atención que son esos voceros y opinadores los más atendidos por los medios de comunicación, tenidos por imparciales o independientes, no oficiales, vamos. Tienen una posición muy curiosa pues parece que le tienen miedo al cuero antes de haber despellejado el tigre que tienen que matar. Están inclinados a lo pobre, al resultado chiquito, al desapercibido, que no levante mucha ola, que no perturbe el avispero, que sea más señal que resultado, más símbolo que solución. Es como si anduvieran por el mundo de la política con pena, adelantando un “yo no fui”.

Ramón Guillermo Aveledo, el secretario de la MUD, ha declarado que estas pueden ser las últimas elecciones de Venezuela y tiene razón. Lo que está en juego no una simple representación parlamentaria sino la posibilidad de enmendar el rumbo de desastre con que ha condenado a la nación el chavismo. El país así lo siente y la gran mayoría lo manifiesta en los sondeos y actitudes del día a día. Existe hastío, hartazgo, desesperación ante tanto problema no atendido y ante tantos otros nacidos gracias a Chávez. La sociedad quiere un cambio, quiere ganar, y eso significa que quiere cobrar; salir de esta gente que ha empobrecido y empequeñecido a Venezuela; que ha acabado con sus Instituciones, incluyendo con sus Fuerzas Armadas;  que ha atacado a sus iglesias sin piedad ni justicia, ésa que se ha negado a los vivos y a los muertos; destruido las empresas básicas de Guayana y las generadoras de electricidad en todo el país; que ha fomentado y estimulado el delito y la inseguridad. En fin, todas las plagas.

Pero mientras eso aspira la sociedad, decíamos, algunos no tienen esas metas reivindicatorias, salvadoras, sino que llaman al conformismo y a lo poco, quizás con la excusa del realismo. Sin embargo, se les nota más el jueguito de las presidenciales del 2012 que el empeño por ganarse la polla electoral: no están detrás del premio por el “yo lo dije”, sino en una jugada sucia y despreciable que ralla en la traición y la alcahuetería con el chavismo. Son los que siempre están metiendo miedo con el triunfo. Esos que si Chávez, en otro arranque de culillo tan propio, volviera a renunciar, como aquel glorioso y frustrante 11 de abril de 2002, saldrían en carrera con las enaguas a mano a pedirle que no, que no se vaya, que no los deje sin interlocutor con los marginados, con los desposeídos, con la izquierda, y hasta con la derecha; que el país se va a embochinchar, que les hace falta, y demás sandeces de pobres de espíritu, que es lo que son.

Para muestra hoy domingo 12 de septiembre, tenemos dos actitudes perfectamente antagónicas frente al 26S en los dos principales diarios de la capital: El Universal y El Nacional; mientras en el primero, un constante escribidor, como él se hace llamar, alerta sobre la necesidad de preparar los ánimos y estrategia frente al desesperado fraude que intenta el chavismo para conjurar la inevitable y merecida derrota, en el segundo, otro frecuente opinador desnuda sus miedos y los intenta transmitir sin recato ni vergüenza al electorado, advirtiendo que lo que debemos esperar es el triunfo parlamentario del oficialismo en cualquier hipótesis,  y cuyo mejor escenario -que llama de “sentido común”- es el de una mayoría oficialista que permitirá el reino de las celestiales en la tierra y la civilidad del chavismo, un oxímoron vamos, para terminar amenazando a quien ose reclamar sus derechos con todo: kalashnikovs, milicia de civiles armados, militares autómatas y sumisos, el G-2, las FARC y Al Qaeda. Así que chito, sin chistar, una vez más. El tramojo no es otro que la mira puesta en las presidenciales del 2012, el espejismo por excelencia, sin importar la advertencia de Aveledo ni que el país se destruye y reboza de muertos. Están equivocados ¡No hay sustituto para el triunfo! Esos voceros y sus patrones son unos tristes tigres.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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