Alicia Freilich VOTA Y PERDONA SIN OLVIDAR

“La compasión es, en buena medida, una cualidad de la imaginación: consiste en la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de imaginarse lo que sentiríamos en caso de estar padeciendo una situación análoga. Siempre me ha parecido que los despiadados carecen de imaginación literaria… y son incapaces de ver que la vida da muchas vueltas y que el lugar del otro, en un momento dado lo podríamos estar ocupando nosotros: en dolor, pobreza, opresión, injusticia, tortura”. Así define el perdón ese gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos, verso de Jorge Luis Borges que le da título poético y contradictorio a su libro de 24 reediciones desde 2006, imprescindible siempre pero especialmente a la hora de una elección vital para pueblos que aún pueden votar y perdonar sin olvidar.
Quien no sabe ejercer el perdón en esa óptica pública de la reconciliación ni en su conducta privada, tampoco será perdonado por eso que llaman infalible justicia natural.
En hebreo rajmanot significa compasión, no en el sentido de lástima caritativa sino de solidaridad inmediata y activa con la víctima y el sufriente por carencia, error o duelo.
Las religiones no fanáticas ni proselitistas claman por el ejercicio de esta difícil cualidad. La mitad del siglo XX venezolano fue dictatorial y por 40 años democrático. Su nuevo experimento histórico roto por una elección cuyos votantes se equivocaron pues no imaginaban hasta dónde podía llegar este cruel autismo político tantas veces practicado en otros sitios. Colonialismo segregador, nazismo y comunismo genocidas, revoluciones criminales, eran crónica lejana, casi de ficción. Aquí quien no insurgía abiertamente contra tiranos rumiaba temeroso su disidencia o era ficha clandestina de la causalibertaria.
Pero aquel método ajeno de frases mortuorias y conductas perversas, se sabe, la revolución devora a sus propios hijos, en su versión caribeña y criolla, es veneno aspirado por las generaciones que en esta década sufren la ausencia del papá genético y si sobreviven es en la delincuente guerra fratricida, sumisa al padre-caudillo, bajo el terror de un “Estado soy yo” comunista.
La pornografía funeraria del totalitarismo practica militancia esclava, trampa, mentira y sarcasmo.
Perdón y piedad no son revolucionarios. Cuando aparecen muy tardíamente son farsa en el circo amoral y oportunista de un Fidel Castro.
Es lo que el venezolano, todavía políticamente inmaduro, debe olvidar como ejemplo a seguir. Y perdonar en el sentido Abádico.
Pero recordar sin falta ante la presente y chantajista opción totalitaria, cuando tiene el privilegio, quizá por última vez, de votar para elegir libremente por la libertad. O seremos el olvido.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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