Alexis Márquez Rodríguez TRANSICIÓN

Entre las consecuencias de las elecciones parlamentarias del 26 de setiembre, debe anotarse que las mismas marcan el inicio de un período de transición. No, todavía, de transición entre un gobierno y otro, que es lo que comúnmente genera tales transiciones. En este caso se trata de una transición entre una Asamblea Nacional moribunda, como diría cierta persona, y la nueva que habrá de instalarse el 5 de enero próximo. Como es natural, y será así si Chávez y sus inmediatos seguidores lo entienden, durante lo que le queda de vida esa Asamblea no deberá ir más allá de una mera rutina, de aquello que es imprescindible para justificar su existencia, incluyendo los  sueldos de los diputados y demás gastos inevitables.

Sería insólito que esa Asamblea Nacional, en ese corto período de transición pretendiese dictar leyes y otras disposiciones que  virtualmente amarren a la que habrá de sustituirla en enero. Esta, gracias al resultado de las elecciones, será completamente nueva, con  una fracción opositora robusta y decidida, que dificultará a la precaria  mayoría oficialista ejercer sus funciones de manera sectaria y tendenciosa. No hay que olvidar, además, que sólo una pequeña parte de los actuales diputados repetirán en sus cargos, pues dentro de la  situación crítica que ha imperado en el partido de gobierno en los últimos años, el señor Chávez decidió prescindir de la mayoría de ellos, por incapaces y por dudar de su lealtad. De modo que en este aspecto la futura Asamblea también será  nueva.

Pero esa transición vale también para la oposición. Durante estos escasos meses la oposición, la llamada MUD, deberá consolidarse, ampliarse lo más posible y adoptar políticas muy claras y precisas, con miras no sólo a su actuación en la futura Asamblea Nacional, sino  también en función de las próximas elecciones presidenciales.

En tal  sentido, puede decirse que el período de transición de que hablo deberá extenderse a todo el lapso que va hasta la elección del futuro gobierno. Y aun más allá, hasta una etapa indeterminada en que los  gobiernos que sucesivamente sigan al actual deberán mantener una  férrea unidad, dejando transitoriamente a un lado sus legítimos intereses y apetencias partidistas y de grupos o individualidades, hasta  superar definitivamente los catastróficos daños que el chavismo ha hecho al país, y consolidar una verdadera democracia. Sólo entonces las parcialidades políticas podrán volver a sus naturales divergencias y a las sanas controversias, características esenciales de los regímenes democráticos.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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