Cine LOS RINCONES DE LA VENGANZA

Volví a ver Muerte en alto contraste, el impactante retorno de César Bolívar para tener una visión más completa. Autor de algunas de las obras más exitosas del cine venezolano —como Homicidio culposo, 1984, y Reflejos, 1987— y director de televisión de larga trayectoria, tenía más de un década sin estrenar un largometraje. Desde Rosa de Francia (1995) no había probado suerte en las pantallas. Muerte en alto contraste se presenta como un policial muy bien estructurado para narrar la historia de Gabriel, interpretado con vigor por Erich Wildpret, un policía muy particular que toma la justicia por sus manos para vengar la muerte de sus padres ocurrida cuando era niño. A partir de una clásica historia de venganza, Bolívar ofrece una producción impecable sustentada en un guión bien estructurado, con personajes desarrollados de manera equilibrada y con actuaciones de muy buen nivel. Desde los personajes principales hasta los de menor importancia fueron interpretados por algunos de los mejores actores de la escena venezolana. Sólo por eso vale la pena verla.

Las fortalezas de Muerte en alto contraste se originan en un guión de José Antonio Varela, José Luis Varela y el propio Bolívar, nutrido por las fuentes del cine negro y con cierto toque político. Logró edificar una historia con muy pocas fisuras, bastante coherente en el dibujo de situaciones y personajes y sorprendente en su desarrollo. Gabriel es el hijo de unos militantes de izquierda y testigo del asesinato de sus padres, en los años ochenta, por los miembros de un comando táctico de la policía política denominado el Grupo Onza, evocación de aquel tristemente célebre Grupo Gato. Gabriel crece, se hace policía, desarrolla un talento especial para la investigación y comienza a cazar, uno a uno, a los miembros del extinto grupo policial.

De manera paralela al “trabajo” de Gabriel, surge la figura arquetípica de Grillo, con el retorno a la actuación de Juan Manuel Laguardia, un periodista de sucesos inspirado en algunos personajes reales que merodea por los asesinatos de policías y ex policías cometidos por un misterioso asesino, con su propio punto de vista. Agobiado por las deudas, despreciado por su ex esposa, acosado por mafiosos, angustiado por el futuro de su hija, conforma la imagen del típico perdedor venezolano en busca de una nueva oportunidad en su vida. Gabriel y Grillo conforman dos ópticas sobre los mismos sucesos.

Como visión alterna se encuentra Raquel, con el debut como actriz de Norelys Rodríguez, psicóloga con vocación de trabajo social, contribuyente involuntaria de la investigación de Gabriel y objeto de su pasión amorosa. Este es el cuadro humano básico impulsor de la trama, con personajes secundarios muy bien definidos —policías, banqueros, santeros, mafiosos— que tratan de escapar del pasado.

Bolívar propone un film de corte clásico, poco experimental pero muy profesional, que logra captar la atención del público. La manera como construye la narración es prolija en sus pequeñas observaciones de la cotidianidad de sus personajes. Presenta las  situaciones dramáticas de forma gradual, ofreciendo pistas y un suspenso creciente, hasta una resolución dramática eficaz en su objetivo. En Muerte en alto contraste importa la trama pero también la forma de contarla. Por eso las escenas de acción poseen fuerza, veracidad, contundencia. La película avanza palmo a palmo hasta un final que descoloca a muchos espectadores.

Sólo dos aspectos no cuadran bien en la historia. El primero se halla en la relación amorosa entre Raquel y Gabriel, desarrollada de manera un poco caprichosa, más bien de forma esterotipada. La otra —y más importante— es el asesinato de los padres de Gabriel a finales de los años ochenta. En esa época,  no había guerrillas en Venezuela y los líderes de la izquierda radical —como Douglas Bravo, Julio Escalona o David Nieves— se habían ido incorporando a la vida política legal. Tampoco el dilema era entre la democracia y la subversión izquierdista, como declara uno de los personajes. El sistema democrático de esa época no estaba amenazado por la guerrilla sino por los propios errores de la vieja élite política en el poder, bastante miope como demostró la historia. Sólo el 4 de febrero de 1992, con el primer intento de golpe de Estado impulsado por Hugo Chávez, se atentó contra la democracia. Después ya sabemos lo que pasó. Esta imprecisión histórica —llamémosla así— pareciera responder más a una necesidad dramática del guión que a una situación histórica veraz. Sólo logro recordar la masacre de Cantaura, en octubre de 1982, bajo el gobierno de Luis Herrera Campíns, y la de El Amparo, también en octubre pero de 1988, bajo el gobierno de Jaime Lusinchi, pero éstas tienen características diferentes, terribles y muy extrañas.

La gran virtud del elenco de Muerte en alto contraste se ubica en la combinada selección de actores, tanto para personajes principales —Eric Wildpret, Juan Manuel La Guardia, Norelys Rodríguez— como para los secundarios —Julio Alcázar, Juan Manuel Montesinos, Luigi Sciamanna, Carmen Julia Álvarez, Alberto Alifa, Nohely Arteaga, Manuelita Zelwer, Dimas González— en un raro equilibrio interpretativo.

La otra gran fortaleza se halla en el profesionalismo de la producción. Destacan la fotografía de Johnny Febles, la dirección artística de Rafael Straga, el montaje de Julio César Bolívar y Jonathan Pellicer, la música de Salomón Lerner y el sonido de Frank Rojas.

Triunfadora del Festival del Cine Venezolano de Mérida de 2009, Muerte en alto contraste obtuvo los premios a la dirección de César Bolívar (compartido con Eduardo Barberena por Cheita, una casa para maita), a Erich Wildpret como actor principal, a Johnny Febles por la fotografía y a Julio César Bolívar y Jonathan Pellicer por el montaje.

MUERTE EN ALTO CONTRASTE, Venezuela, 2009. Dirección: César Bolívar. Guión: José Antonio Varela, José Luis Varela y César Bolívar. Producción: Marco Antonio Pérez para la Fundación Villa del Cine. Fotografía: Johnny Febles. Montaje: Julio César Bolívar y Jonathan Pellicer. Música: Salomón Lerner. Sonido: Frank Rojas. Dirección artística: Rafael Straga. Elenco: Eric Wildpret, Juan Manuel Laguardia, Norelys Rodríguez, Juan Manuel Montesinos, Julio Alcázar, Luigi Sciamanna, Carmen Julia Álvarez, Alberto Alifa, Nohely Arteaga, Manuelita Zelwer, Dimas González, entre otros. Distribución: Cinematográfica Blancica.

 

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Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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