Roberto Lovera De Sola LA PREGUNTA POR LA REELECCIÓN

En relación con la reelección presidencial siempre nos hemos hecho varios interrogantes. He aquí nuestras aseveraciones sobre el punto. Nuestra respuesta parte desde la siguiente constatación: el prefijo “re”, en lengua castellana, en verdad que significa repetición. De hecho como indica doña María Moliner (1900-1981) reelegir es “elegir otra vez para el mismo cargo a la persona que lo ocupa en virtud de elección anterior” (Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos, 1990, t.I,p.966). También la Real Academia Española así lo indica: “Volver a elegir” (Diccionario de la Lengua Española. Madrid: La Academia, 2001, t.IX,p.1305). Así para ser “reelegido” hay que estar previamente elegido, estar ejerciendo el cargo, la presidencia, y ganar las nuevas elecciones sin dejar el cargo, como sucede ahora con la Constitución de 1999 (Artículo 230).

¿ Reelecciones en 1988 y 1993?

En cambio en la Constitución de 1961 (Artículo 185) toda presidencia terminaba a los cinco años y el presidente no era reelegible inmediatamente. Y el presidente que había dejado la presidencia y que deseara aspirar de nuevo a ella, debía esperar diez años para volverse a nominar presidente y participar en las elecciones. En este caso, pese a que así se le denomine, no es precisamente una reelección. Es una nueva elección, lo que es distinto. De tal manera que no creemos que ni en el caso de Carlos Andrés Pérez (1922-2010) ni en el Rafael Caldera (1916-2009) puede hablarse de reelecciones sino de nuevas presidencias, en los casos de las iniciadas en 1989 por el primero y en 1994 por el segundo. Esa determinación constitucional de los diez años necesarios para volver a nominarse fue justa, tenía sentido. Aunque, no debemos soslayarlo, fue una concesión a la clase política.

En la Constitución de 1830, que tuvo vigencia durante diez y siete años, la segunda de más larga vigencia en nuestra historia, por ejemplo, había que esperar un período para volverse a lanzar como candidato, y el general José Antonio Páez (1790-1873) que fue el presidente electo en 1830 lo respetó. Esperó un período para lanzarse para su segunda presidencia (1839-1843). Y cuando pudo, respetado el precepto constitucional, nominarse para una nueva elección, en 1846, la tercera, no lo hizo.

El constituyente de 1961

El legislador de 1961, el que redactó la Constitución de más larga vigencia en nuestra historia, treinta y ocho años, siguiendo nuestra tradición que nunca aprobó la “reelección” en nuestras diversas Constituciones, optó por una década entre una y otra presidencia, así lo respetaron los presidentes que pensaron, y lograron ser presidentes otra vez, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera. Pero aquello, es nuestro punto de vista, no creemos que puedan ser llamadas “reelecciones”, como lo es hoy la reelección impuesta por Chávez en su Constitución de 1999, la cual rompió con una de nuestras tradiciones políticas.

Prohibición de las nuevas presidencias

Además el camino que abrió la decisión de la Constituyente de 1961 debía conducirnos, en una renovación de la esa carta, cuyo proyecto se hizo, a establecer la prohibición absoluta de que una persona volviera a ser presidente, por segunda vez, si antes ya lo había sido, así una persona solo podría ser presidente en una sola oportunidad. Ello es suficiente.

La alternancia en el poder

Y la decisión de la prohibición absoluta de que una persona pudiera presentarse por segunda vez, y ser presidente si ganaba los comicios, tiene sus razones: las nuevas elecciones de los expresidentes cierran la posibilidad de la alternancia a las generaciones políticas, impide que nuevas promociones puedan ejercer el poder. De hecho el presidente Chávez le ha quitado la posibilidad a dos personas de ejercer el cargo en que está desde hace doce años, de hecho su presidencia debió terminar en el 2004, y debía hacer esperado hasta el 2014 para volverse a nominar, pero cambió la Constitución para su propio beneficio. Así en 2004 debió haber otro presidente y en 2009 otro distinto. La presidencia siempre debió continuar siendo de cinco años, tal como se estableció en 1936 cuando el presidente Eleazar López Contreras (1883-1973) pidió al congreso eliminara la presidencia de siete años, establecida por el dictador Juan Vicente Gómez (1857-1935), por el régimen de un solo lustro. Esto se convirtió a lo largo de los siguientes sesenta y tres años en una tradición política, estas vivencias deben ser siempre respetadas por los legisladores a la hora de redactar una nueva Constitución. Hasta la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1914-2001) fue de cinco años. De hecho entre 1948-1952 el no fue presidente sino co-presidente como miembro primero de la Junta Militar de Gobierno (1948-1950) y luego miembro de la Junta de Gobierno (1950-1952). Una presidencia como la del comandante Chávez hasta ahora doce años ha sido demasiado larga, incluso contradice un principio del Libertador en el Discurso de Angostura (Febrero 15, 1819) que si Chávez fuera de verdad bolivariano debió respetar. Y si el suyo ha sido un régimen de reelección pues así lo estableció la Constitución de 1999, esa Carta también alargó el período de cinco a seis años aunque si estableció que el presidente solo “puede ser reelegido, de inmediato, y por una sola vez, para un período adicional” (Artículo 76). Así, según eso, solo podrá el comandante Chávez ser presidente hasta 2013, después de ese año se lo prohíbe la Constitución. La Constitución de 1999 es la vigente en su texto aprobado en el referendo en 1999 y ratificada en otro referendo, caso único, en el 2007. Así todas las iniciativas tomadas después de 2007, como las tomadas después de las elecciones de Gobernadores y Alcaldes en el 2008, como las tomadas por la Asamblea Nacional en diciembre de 2010, tras las recientes elecciones parlamentarias del 26S, ganadas como las dos elecciones anteriores por la oposición, constituyen un verdadero golpe de Estado constitucional, pero estas decisiones son todas irritas pues contradicen a la Constitución de 1999 vuelta a aprobar, en su contenido original, por el voto popular, cuyo articulado es el único válido. La han impuesto, porque el régimen es autoritario, pero no tiene valor. Un nuevo gobierno democrático deberá hacer entre sus primeros decretos uno ratificando que la Constitución vigente en Venezuela es la de 1999 ratificada, por segunda vez por el electorado, en el 2007. Esa es la válida, en todo lo largo de su articulado.

Otras observaciones

En las críticas que hemos hecho debemos señalar que las advertimos con respeto hacia el presidente Pérez, y con honda adhesión y afecto en el caso del presidente Caldera porque ambos respetaron el principio constitucional y tenían derecho pleno de volverse a presentar sus nombres en comicios.

Un periodo caudillesco

Esto que señalamos no ha sido así con el presidente Hugo Chávez porque este logró que su primer año de gobierno fuera descontado de su período cuando se aprobó la Constitución de 1999 y las autoridades, ya con miedo por él, sobre todo la antigua Corte Suprema de Justicia, señalaron que su período se había iniciado el año 2000, después de las llamada “reeligitación de los poderes”. Esta decisión amplió su período. Tal cosa no había sucedido antes en las constantes reformas de nuestra Carta Magna a todo lo largo del siglo XIX, en aquellos tiempos cada caudillo que llegaba al poder mandaba a redactar su propia Constitución, cosa que Chávez, neo-caudillo, como siempre lo hemos llamado, mandó a hacer. Un hecho que por ejemplo nunca se lo hubiera ocurrido hacer al presidente Rómulo Beredaccioncaracas@el-carabobeno.com,tancourt (1908-1981) cuando fue aprobada la Constitución de 1961, no solo la de más larga vigencia, como hemos señalado, sino la que dio al país cuatro décadas de estabilidad política y desarrollo económico. Provenía, no hay que olvidarlo, del sabio Pacto de Punto Fijo (Octubre 31, 1958) que constituyó un compromiso de unidad y cohesión para la nación. Lástima que URD y su líder Jóvito Villalna (1908-1989), junto con Betancourt y Caldera padre de nuestra democracia, se retirara tan rápido de aquel acuerdo(1961). Hoy podemos ver, se que lo que diremos puede resultar polémico, que el no llamado al Partido Comunista a las conversaciones en donde se parió el Pacto de Punto Fijo tuvo sentido: muy pronto el PCV se levantó en armas contra el sistema democrático.

Otra vez la década de espera

Tampoco dejamos de comprender como estudioso de nuestra historia que en una década, el tiempo que debía esperar un expresidente para volverse a nominar según la Constitución de 1961, una persona cambia y en los dos casos citados ambos llegaron a la vejez, lo cual si no los inhabilitaba pues la experiencia siempre debe contar, cosa que sucedió con Caldera, e incluso con Ramón J.Velasquez, y no con Pérez, como lo demuestra ampliamente el libro de Mirtha Rivero La rebelión de los náufrago (Caracas: Alfa, 2010. 461 p.) sobre su segunda presidencia. En esa presidencia trunca los logros fueron escasos, la turbación política que vivió el país fue demasiado grande, tanto que Pérez perdió el poder antes de concluir el período.

En cambio, no se nos cierran los ojos a los logros de la segunda presidencia de Caldera, conquistas aun no reconocidas porque la polémica en torno a su figura aun lo hace imposible: con el tuvimos cinco años de paz y desarrollo.

Las segundas presidencias

Pero además debemos señalar que no han sido buenas en nuestra historia las segundas y terceras presidencias. Aunque se diga que la segunda presidencia de Páez fue mejor que la primera también se puede ver que en el largo régimen de Antonio Guzmán Blanco(1829-1899) solo su primer paso por el poder, el Septenio(1870-1877), fue el más singular y no así los siguientes nueve años(1877-1886). Creemos que siempre los nuevos pasos por la presidencia no son aconsejables, pese a las figuras de los presidentes porque como lo indicó el historiador Tomás Polanco Alcántara(1917-2002) después de los sesenta años todo hombre y toda mujer lo que hace es recordar el pasado.

Error de los partidos

Tampoco podemos dejar de anotar aquí otro hecho singular: si en algo fallaron los partidos de la República Civil(1958-1998), eso que ahora llaman la Cuarta República que nunca existió, fue en la alternancia de las generaciones y también en que sus grandes líderes siempre optaron por las carreras políticas largas, hecho latinoamericano también, con excepción del presidente Rómulo Betancourt que como Guzmán Blanco se retiró a tiempo y ya no optó por otra presidencia, de hecho en 1964 cuando le puso la banda a Raúl Leoni (1905-1972) ya había sido presidente dos veces. Sin embargo, no hubo colisión en los casos de las candidaturas de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins (1925-2007) quienes negociaron con sus cogollos. Pero después no. Conocidos fueron los casos de Eduardo Fernández en Copei y Claudio Fermín en AD. No es este momento de hacer la exploración de lo sucedido, solo lo apuntamos.

Un hecho latinoamericano

Que quizá la condena de las nuevas presidencias no sean siempre totalmente desaconsejables no lo muestra un ejemplo. Ello es evidente, se ha hecho vivo en el caso de la segunda presidencia de Allan García(1949), en el Perú. Demuestra que toda reelección no siempre es inocua. Es un hecho que llama la atención de cualquier analista. Nos muestra que en su caso, en el largo período entre su primera y segunda presidencia, diez y seis años(1990-2006) aprendió muchas lecciones, sobre todo en que se equivocó, cosa que su compadre Carlos Andrés Pérez no hizo. Así hoy, cuando su segunda presidencia(2006-2011) está a punto de terminar, sus logros son dignos de atención, sobre todo los altos números logrados en desarrollo económico que es lo que gente pide, y ello en los días actuales, los de la crisis de la democracia en América Latina. Y otro hecho: Allan García está terminando su gobierno con sesenta y un años, lo cual subraya una de nuestras observaciones anteriores.

¡Atacamos a CAP?

Y no se crea que en la observación anterior sobre el presidente Pérez hacemos una diatriba porque escribimos sin ira y sin prejuicios. Frente a él, ayer y hoy, lo que practicamos en un juicio equilibrado, lo hacemos un ejercicio de historia crítica que es lo única que puede aclararnos su figura y sus acciones. La única forma de historia que pueda iluminarnos el camino.

Desgraciadamente Pérez no se examinó en la década que medió entre sus dos presidencias. Y luego cometió los errores que le conocemos con los cuales llevó al naufragio al país.

Un político previsivo

En cambio un político tenaz y lleno de sentido como Rómulo Betancourt hizo lo contrario. Su hija Virginia Betancourt trae en sus memorias, Vida en familia (2007), esta maravillosa anécdota: caído el régimen democrático en 1948 pasaron a vivir en la ciudad de Washington. Un día Virginia entró en la biblioteca y encontró a su papá leyendo una colección del diario de AD, El País de Caracas, fundado por él(el diario había sido cerrado por la dictadura), fue llamado con razón “el periódico de Betancourt”. La adolescente, debía tener sus catorce años, le preguntó que hacía leyendo aquel periódico. Su papá le contestó: ”Hija, estoy viendo en que nos equivocamos”. Fueron las palabras certeras de un líder, de un político quien examinaba su acción para poder alumbrar nuevos días. Tenemos este recuerdo entre los mejores que cuenta Virginia en su libro, pero no es el único.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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