Alicia Freilich HACERSE EL LOCO

Recurso personal y social de alto riesgo. Algunos especialistas lo llaman tenue línea de borde que, manipulado fuera de su escenario natural, el teatro, por quienes llevan latente la demencia heredada, traumas emocionales o cierta neurosis histriónica, se dispara sin control en cualquier situación límite Un ejemplo afortunado de la cultura venezolana y universal fue el de Armando Reverón. Para un ojo histórico y sentimental, analfabeta en materia de artes plásticas, esa constante del frágil arbusto inclinado, de ramas casi quebradas, resistente a las ventiscas y soles del bravo litoral guaireño para apuntalar su existencia sobre la arena movediza, parece un biográfico mensaje de alerta y aliento a sus débiles paisanos para que resistan bien plantados la costumbre del desprecio y la crueldad que les infligió esa sociedad calcada en la conducta dictatorial de Juan Vicente Gómez y su logia cívico-militar.

Cuando el «loco de Las Quince Letras» a voluntad montaba espectáculos en el Castillete para retribuir las visitas de curiosos caraqueños, su actuación era una burla crítica al sistema que lo marginó por miedo a su individualidad lúcida y moderna. Su verdugo era un régimen sustentado en ignorancia, intereses y terror contra una aldea descalza, sumisa ante el tirano y su clan de adulantes, en uniforme y paltó levita.

Este caso de parodia defensiva alternada con episodios de auténtico disturbio mental aportó un legado artístico de alcance mundial.

Opuesta, ruin y dañina es una tropa de palaciegos y franela rojas armados que, simulando democracia popular y revolucionaria para instalarse en el poder mediante una Constitución modelo y legítima, lograda por consenso liberal, se han hecho la vista gorda para violarla por doce años, día a día, y han convertido en manicomio a locha lo que era un país en vías de progreso.

Secundado por un sector de la comunidad muy parecido al gomecista, de cacique y tribu delirantes contra una población sin básicos mecanismos de defensa ante el tradicional caudillismo castrense y ahora castrista.

Hacerse el loco gubernamental frente a la legalidad constituciona l, mediante mentiras demagógicas y trampas preelectorales y postelectorales, ha comenzado a generar por fin signos de lógica respuesta colectiva sobre ese «borderline» que marca frontera entre la sana civilidad racional y la histérica barbarie militarista.

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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