Gabriela Valdivieso Persanti EN DINAMARCA PUEDEN COMER CHINOS QUE COMEN PERROS

“Pero siempre pensabas que estabas haciendo lo correcto, ¿verdad? Eso es lo importante.”

Ángel cristiano danés

“En China comen perros, tú decides. No hay bien ni mal.”

Harald, hermano de Arvid.

 

Suelen haber dos grupos de personas: los juzgadores y los relativistas;  ¿qué tal unos sujetos que no se pregunten ni se respondan, y simplemente actúan, sin miramientos ni efervescencias? Por otra parte, las artes suelen presentar asesinos justicieros movidos por grandes causas, o asesinos morbosos amantes de lo más deplorable; ¿qué tal la existencia de tipos socialmente aburridos que matan porque sí, sin mística o conmoción?

Así rebota esta película. Más allá del bien y del mal, están los personajes y las situaciones que brillan en la película danesa En China comen perros.

Todo comienza con Arvid, empleado bancario que le muestra a un compañero su raqueta de tenis en un día laboral normal. De repente, irrumpe en el lugar un ladrón que amenaza y paraliza a todos. En una de esas coincidencias más del cine que de la vida, Evan está quieto con la raqueta y las manos arriba, en la cercanía y el ángulo tal que puede pegarle al ladrón en la cabeza. No es un acto voluntario, tampoco un instinto. Parece responder a la inercia. Porque puede, lo hace. Golpea con la raqueta y con ello echa al suelo el robo y envía a la cárcel al ladrón.

Pronto recibe una la visita de la esposa del sujeto que lo culpabiliza de la tragedia de su familia. “¿Por qué te metiste? Él es un buen hombre”. Con esto, con lo que parece un tenue estímulo justiciero, Arvid convoca a su hermano, un hombre frío y rudo, para enderezar su error y desarmar deshacer su intromisión. Debe ahora robar para recuperar el dinero. Debe explotar bombas para sacar de prisión al ladrón.

De allí los acontecimientos van desmintiendo los prejuicios del espectador para lanzarlo a la confusión: ¿que nada los moviliza?, ¿que las acciones no llevan a alguna parte? Sin moreleja, sin pastilla que digerir, la película cierra con un ángel que exalta la confusión. Llegados los créditos, la reacción es tratar de pensar algo serio;  y desesperarse pronto con la máxima: ¿Cómo hago para que otra persona vea esta película?

Parte de lo terrible de ver producciones extranjeras desconocidas como ésta es que es difícil tener un interlocutor con el cual encarar las escenas, pero, no menosprecie, verla es también una buena oportunidad para hacer alarde de que vimos una película danesa, pero también, y sobre todo, para quedarnos mudo y con ganas de gritar porque es difícil seguir pensando que “todos somos iguales”. Porque estos daneses son demasiado extraños. Sí, ¿no?

Le ahorramos el googleo inicial, adelante:

http://www.filmaffinity.com/es/film126714.html

http://www.imdb.com/title/tt0180748/

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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