Isabel Pereira RODRIGO CABEZAS EN EL GRAN CONCIERTO

No sé si las casualidades existen o es como dice Carl Jung: todo son sincronías. Gracias a  la sensibilidad y talento de Alfonso Molina acabo de ver la película del cineasta rumano Radu Mihaileanu El Gran Concierto sobre la vida de un gran maestro en ficción, Andrei  Filipov, el mejor conductor  de orquesta de la Unión Soviética, quien  dirigía la célebre Orquesta del Bolshoi en plena era comunista. Filipov es despedido por negarse a  expulsar a sus músicos judíos de su orquesta. El argumento lo muestra 30 años después en el Bolshoi, haciendo la limpieza. La película es calificada por Thaelman Urguelles como una mezcla perfecta de drama y comedia. Los personajes son músicos que bajo el calificativo de traidores a la patria o de enemigos del pueblo les arrebatan su don más preciado, la música.  Es una historia como abundan en el mundo comunista sobre la destrucción de la vida de las personas, pero también sobre el poder indetenible de redención  del espíritu humano. El gran concierto ocurre cuando estos seres aplastados, cuya alma parecía haber sido destruida renacen ante una invocación trascendental, el recuerdo de su máxima violinista asesinada por la KBG. Debo confesar que durante la proyección  la audiencia en pleno se sumió en una completa conmoción espiritual. El público reía y lloraba casi al unísono, era la historia de seres humanos que viven en carne propia los estragos que ocurren en el corazón del comunismo, era  terrible la sensación de que estábamos amenazados por lo mismo que veíamos en la pantalla. ¡Podía ocurrirnos!

Casual o sincrónicamente me muestran una copia del programa nocturno Buenas Noches, en el cual participa el dirigente revolucionario Rodrigo Cabezas. Ataviado con una elegancia casual, aparece reclamándoles a los conductores del programa la estricta obligación del periodismo de ser fieles a la verdad. En el medio de su argumentación resaltaban sus razones existenciales: “¿Cómo es posible que se mienta  sobre mi persona, yo que toda la vida sólo he luchado por implantar el socialismo (comunismo) en Venezuela? Ese ha sido mi norte, mi motivación, ustedes aunque no crean en mi comandante tienen que respetar la verdad”.  Automáticamente mi mente se trasladó El gran concierto y ubicó al personaje. Cabezas estaba representado por el agente teatral ruso, fervientemente comunista, que por esa condición es capaz de interrumpir un concierto de Tchaikovski dirigido por el maestro, romperle la batuta,  bajo la acusación de enemigo del pueblo y condenar a los músicos al ostracismo y a Siberia por judíos y/o enemigos de la revolución.

Esa ficción como que se acercaba más a la realidad que la versión confusa de Cabezas de la verdad-veraz. Cabezas repetía: “aquí estamos en democracia, de lo contrario ustedes no estarían transmitiendo”, y agregaba, “a ustedes no les va pasar nada, se los aseguro”. En ese momento, la imagen  de Radio Caracas TV sobrevoló el estudio. La situación era realmente embarazosa. Carla Angola en un momento le recordó. “Usted reclama aquí y lo oímos, pero qué piensa de La Hojilla, donde se sienta el Presidente, un  programa donde los adjetivos más suaves que usan frente al oponente es vagabundo, canalla, desquiciado, basura ¿Qué piensa usted Rodrigo Cabezas de ese periodismo, que es suyo?”. Allí Cabezas se convirtió en trapecista, maromero de las palabras,  porque simplemente no se atrevía, le daba miedo confesar su repudio a ese horrendo programa, no era libre para hacerlo. Hasta allí llegué, lo que me quedó fue la impresión de un Cabezas, profesor universitario que cómoda y elegantemente se negaba a aceptar la historia y su realidad inmediata. Muchas preguntas rondaban en mi mente: Cabezas ¿hay democracia si los jueces viven aterrorizados por el caso Afiuni? ¿hay democracia si puede condenarse a la gente sin pruebas como es el caso de los comisarios? ¿Puede juzgarse a un diputado una tercera vez habiendo sido absuelto las dos veces anteriores?  Es apegado a la ley que un Alcalde electo como Ledezma le sea decapitado su presupuesto y adjudicado a un poder nombrado a dedo ¿Es legal negar recursos a gobernadores y Alcaldes porque sean opositores? Es moral socialista que en la nueva AN los diputados del PSUV en lugar de debatir tengan preparada como respuesta una miserable estrategia de ataques y destrucción a las personas.

Quizás unos de los momentos más importantes de la película es aquel cuando se inicia desastrosamente el gran concierto, con músicos que tienen treinta años sin tocar, sin ensayo previo y el agente teatral le ruega a Dios “sí es que existes, haz un milagro, que  la orquesta se afine” y que luego al ocurrir el milagro exclama contra su comunismo: “Dios, sí existe”. Qué milagro tendrá que ocurrir para que personas honestas como Rodrigo Cabezas dejen de amenazarnos con el comunismo y crean un poquito en la persona humana y en su rechazo a estos regímenes que han sido nefastos para la humanidad.

isaper@gmail.com @isapereirap

Acerca de Alfonso Molina

Alfonso Molina. Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores. Ver todo mi perfil
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